CAPÍTULO II
 
 

Tzarcáver estaba leyendo cuando el tañido del Arpa lo lanzó al piso seminconsciente. Nunca había sentido nada parecido.
 
Temblores.
 
Sudores fríos.
 
Se desmoronaba el castillo al compás de un sonido feísimo y degradante.
 
Un monstruo empalado.
 
Una huída.
 
Una traición.
 
Las huestes de Machihuertia o de otra tribu mancillando las tierras exenas.
 
Un nuevo Ser nacido para sanear el mundo.
 
Una Entidad destronaba a Catania como Rey de las Bestias.
 
Una Nueva Era.
 
Salió casi arrastrándose y vio a Padiota, un joven zambo, discípulo de Asper, el astrólogo de Utzabora.
 
Un Padiota de ojos desorbitados por el Miedo. Y Tzarcáver le dijo como en sueños:
 
La Cuerda ha sonado como nunca. Se acaba de iniciar el Gran Cambio.
 
Padiota pareció no hacerle caso y siguió con su paso zambo hacia las habitaciones de Asper.
 
 

*    *    *
 
 

Utzabora había heredado un reino tranquilo que poco a poco se había ido tornando en un reino ingobernable. Los Astrólogos Yenines, encabezados por el creativo Asper, por cierto, ya amenazado por el yenín a ser descabezado, trabajaban más allá de lo normal a pesar de que la paga seguía siendo la misma. Todo con tal de no aceptar lo que el aprendiz Padiota había asegurado desde el principio: Se avecinaba un Cambio de Era. Pero nadie quería creer tal calamidad, o por lo menos, nadie quería decírselo al Rey Utzabora. El cambio era sencillamente el Apocalipsis del "status quo" y ningún clan dirigente había sobrevivido a un cambio de tal naturaleza, fueran las Abuelas, fueran los catánicos. Muchos pueblos enteros perecían también. El mundo era de una forma antes del Gran Cambio, y después del Gran Cambio resultaba en otra cosa. Ni mejor ni peor, sencillamente distinto.
 
Canildo y Padiota conversaban sobre estos temas de la astrología yenina, muy superior a la vulgar, en el cuarto de este último, que antes había servido de armario empotrado para las herramientas de limpieza. Ambos recordarían, mucho tiempo después, muy lejos de la patria y bajo otros nombres, todo lo ocurrido y conversado en este día memorable.
 
¿Es cierto que los astros gobiernan nuestra vidas?
 
Aunque el zambo Padiota sabía que debía responder con ampulosidad afirmativa, él era tan sólo un muchacho de dieciséis que quería complacer a su amiguito de tan solo diez, amiguito que tenía la complexión y apariencia de catorce.
 
Mira, Canildo, tendría que responderte que sí y decírtelo así y moduló la voz: "Oh, hijo, toda la vida presente pasada y futura está escrita en el Libro Nocturno. Sólo los ojos celestes son capaces de comprender sus designios y explicarlo a aquellos ciegos ante el esplendor de sus secretos."
 
Me encanta esa manera de hablar, pero ¿es real ese gobierno tan estricto?
 
No creo eso. Creo que en la Distensión producida por o que produjo la separación de la Energía original y la subsiguiente formación del Universo en la Gran Explosión, nació la Obligación, como la repetición de lo que fue, pero también nació como compensación el Escape. La Obligación permite Las Leyes, siempre se basa en lo que Fue, establece la permanencia o la repetición y por lo tanto permite hacer afirmaciones sobre lo que será. Ahora bien, la Obligación es tan sólo una fase de la Energía o un tipo de energía. No sólo existen fuerzas de atracción, existen fuerzas de repulsión, y en realidad lo que existe es un desequilibrio equilibrado, un estado incompleto que busca su plenitud y de ahí la existencia de la ruptura, del Escape, un futuro indeterminado, lo que no se puede precisar, la incógnita no sólo porque no se sabe, sino porque resulta incognocible, que es donde se manifiesta la otra forma de la Energía... Padiota, exaltado por el bullir de sus ideas, descendió al minuto y circunstancia efímera en que vivía, pero te estoy aburriendo...
 
No, nada de eso. Lo que quieres decir es que hay una parte de nuestras vidas que ya está escrita, pero incompleta, nuestra voluntad y hacer puede completar lo que se escribe o cambiarlo en algo y en eso se manifiesta la tensión y búsqueda del equilibrio que caracteriza al universo.
 
Padiota miró con admiración al muchacho, que ahora extraía un libro de entre sus vestiduras y se lo extendía.
 
¿Me lo devuelves?
 
Sí, ya lo leí. ¿Me prestas otro?
 
Padiota se escandalizó.
 
¿Otro? ¡Tú estás loco? ¡Cada libro es un tesoro que hay que disfrutar por meses, que digo por meses, por años y tú me devuelves este libro en dos semanas. Seguro que ni lo has leido.
 
¡Sí lo leí! El primer día lo leí todo y luego le dedicaba como dos horas a aprendérmelo completo.
 
Padiota tenía los ojos abiertos como platos. ¿Tendría delante de sí a un genio? ¿A un excelso de los aparecidos en otros pueblos? ¡Qué va! Aquí en este pueblo no se daban genios. Éste sin dudas sería un comemierda o un alardoso. Le empezó a hacer preguntas sobre el libro que él había tardado cinco años en comprender y no del todo y verificó con una mezcla de envidia y alegría que Canildito se había "comido" el libro.
 
En un arranque incomprensible de su parte, quizás porque estuviera envidioso o por ser un muchacho al fin o porque estuviera escrito en el Gran Libro Nocturno, habiendo recordado que el laboratorio donde se encontraba el Destinium a estas horas diurnas mañaneras se encontraba desierto, porque todos los oficiantes astrológicos preferían la complicidad o el teatro de la noche, condujo de la mano al sorprendido Canildito hacia el salón donde se encontraba el último equipo diseñado por Asper para investigar el futuro en base al destino de una persona. Por desgracia, los resultados que hasta el momento había dado el instrumento eran sencillamente incomprensibles.
 
Como era de suponer, los primeros en sentarse para probar el equipo habían sido los astrólogos, pero el Plato, una enorme vasija de porcelana, similar a un plato gigantesco puesto sobre una mesa, no había indicado nada. Un simple vacío. Y cuando mas, imágenes descoloridas de lo que parecía un animal comiendo.
 
¿Ves? le mostró el sillón rodeado de grandes espirales, arcos metálicos y extraños artefactos He aquí los secretos del Devenir revelados y le señaló el Plato, y luego agregó con voz temblorosa y baja: Aquí el Vidente se asoma a otra vida, a los misterios... Siéntate ahí.
 
El niño se sentó en el sillón sin saber el enorme papel que desempeñaría no tan solo en la desgracia de Padiota, sino en los destinos del mundo.
 
El joven puso a punto todo el sistema y cuando todo estuvo listo se asomó al Plato.
 
Padiota era la esperanza de Asper. El viejo científico soñaba que su sucesor trabajaría por los senderos que él había abierto con su indudable genio al inventar el Destinium. Padiota, a juicio de su maestro, tenía madera suficiente para ser el mejor Astrólogo Vidente de todos los tiempos.
 
Y en verdad era tan bueno que cuando se asomó al Plato lo vio todo. Puede decirse que vio demasiado de golpe. Vio la caída del clan, la destrucción de la sede imperial, los ríos de sangre, el nuevo reinado, los tres nudos de la venganza al lado del pozo del juramento, el semicadáver semiviviente del mentor sosteniendo la soga, la captura de Cuasicasito al frente de la rebelión, la guerra de los reinos, la lucha por el trono arrebatado, la traición familiar, el pase hacia los Blancos, la Nueva Magia, el sufrimiento del amor imposible, la Nueva Era, lo vio todo y enloqueció. Enloqueció porque de pronto comprendió que el Destinium había trabajado bien desde el principio. Las imágenes eran mas claras mientras mas lejanas en el tiempo, mientras más en el futuro fueran. Las imágenes eran mas débiles mientras mas cercanas y sólo se mostraban las imágenes relacionadas de una forma u otra con el personaje sometido al Destinium.
 
¿Qué demonio tú eres? ¡Vete, vete monstruo!
 
Canildito lo miró sorprendido.
 
¡Vete! ¿Qué has hecho? Lo van a virar todo al revés. ¡Ay, Zabastán! ¡No hay nada relacionado con nosotros! ¡Los astrólogos yenines no contamos para nada en el futuro! ¡No nos vimos! ¡No existimos! lanzó un grito desgarrador ¡No me vi, no me vi!
 
Ya Canildo se retiraba por las escaleras y le dio un último vistazo al aprendiz de astrólogo.
 
Al poco rato, con la mirada perdida, enloquecido, con su paso zambo de samba, Padiota fue a despertar al Maestro Astrólogo del Rey Yenín, Asper, diciéndole:
 
¡Maestro! ¡Maestro!
 
¡Qué diablos haces aquí!
 
Los ojos enormes, heridos por la visión total, sanguinolientos. El rostro de muerto. La voz penetrante y angustiadora.
 
Lo vi todo maestro. Todo. El Destinium siempre trabajó bien. No mostró nada con nosotros porque no tenemos futuro. Las imágenes mas fuertes son las mas lejanas en el tiempo y como lo que nos queda es poco tiempo no muestra nada con nosotros Padiota se rió Y, maestro, usted sabe que también se hizo una prueba con el exsimio Utzabora...
 
¡Padiota! ¡No te expreses así, que vas a perder el pescuezo!
 
Ay, Maestro. ¿No ha entendido lo que dije? No hay futuro asociado con nosotros. Yo fui el primero que se sentó. Y pensamos que algo no estaba funcionando bien y probamos con otros, y hasta con el Rey que llegó en esos momentos. Y sin embargo, ponemos a alguien que sí tiene futuro y aparece todo clarito y veo tantos cambios y tantas cosas raras se sonrió con tristeza Nada, la bobería de un Cambio de Era: la tribu Exena diezmada, y desde luego, ni sombra del Rey Utzabora. Pero eso es lo de menos, el poder yenín se esfuma, la muerte entra por toneladas, mi amigo Cuasicasio... ¡Pobre amigo, mío! Y los hijos del Rey... ¡Sangre! ¡Mucha, pero mucha, mucha sangre!... Pero, Maestro, me di cuenta que me importaba un bledo, porque, vaya, será un hecho histórico despreciable, vaya, ni siquiera será un hecho histórico, ¿qué se va a ocupar la historia? La intríngulis, vaya, lo que a mí realmente me importa es que no aparezco. No me veo. No existo.
 
Asper trató de tranquilizar al discípulo.
 
Tranquilízate: tú sabes cuál es la teoría con la que trabajamos...
 
La Paradoja del Tiempo, sí y recitó sin fuerza: "El conocimiento de un futuro dado, de por sí, introduce un cambio en ese futuro que ya no será el mismo que hubiera ocurrido sin ese conocimiento". Pero mire, Maestro, no estamos en el campo de la teoría abstracta, estamos en el campo de la supervivencia personal. Me voy, me largo, salgo corriendo, me esfumo, si te conozco no me acuerdo. Vine aquí a decirle que si quiere su vida venga conmigo...
 
¡Padiota! se enojó Asper ¡Tú no vas a ningún lugar! Vamos a analizar con calma los acontecimientos.
 
Pero el discípulo se dirigió a la salida del cuarto y desde ahí le dijo:
 
Por cierto, me encontré un Sensitivo, un Creyente de la Cuerda, y me dijo que el estremecimiento que había ocurrido en el Arpa Universal había sido inmenso el sensitivo no era otro que Tzarcáver que se le había aparecido en su camino hacia las habitaciones de Asper con los ojos perdidos hablando de un estremecimiento de La Cuerda y eso significa que lo ocurrido en el Destinium forma parte de la historia.
 
Nunca había estado tan despierto Asper, que ahora le pregunta con cariño, queriendo domesticarlo, tranquilizarlo.
 
Vamos a ver todo lo que dices? ¿A quién llevaste al Destinium? ¿A Cuasicasio?
 
Padiota iba a decir algo, pero no lo dijo y cerró la puerta.
 
Otro astrólogo hubiera echado en saco roto esta escena, pero no Asper. Él mismo ya había visto demasiadas cosas negativas en las Cartas Astrales Yeninas, muy diferentes a la Astrología vulgar que reinaba en el resto del mundo. Se vistió adecuadamente, sin grandes apuros, y se encaminó hacia el Destinium. "Si el Plato estuvo lleno a lo mejor todavía queda algo." Realizó los procedimientos adecuados y se asomó al Plato. Caía, caía, pero que es esto, es un vórtice de la historia, dos ojos orcas lo miraban rajados, vidriosos, fulgurantes lo consumían merlos hiptas el poder yenín la venganza los tres nudos Orzai Kino sangre destrucción la Nueva Era la Magia de La Luna la destrucción de los brujos muerte lucha lucha muerte sangre ojos de fuego...
 
Se apartó del Plato mareado, tambaleante.
 
Cuando se repuso salió a buscar personalmente a Padiota.
 
No lo encontró.
 
Llamó a varios de los astrólogos a sus órdenes para que realizaran una búsqueda discreta, pero fue en vano.
 
Entonces, pretendiendo no darle demasiada importancia, habló con el oficial que estaba en la jefatura de la guardia y se dirigió al observatorio, situado en una de las torres.
 
A la noche lo sorprendió el Rey Utzabora ensimismado en los libros apócrifos.
 
¿Qué haces? le preguntó el Rey como al descuido.
 
Todavía no estaba preparado para enfrentarse con Utzabora, pero no tenía opción.
 
Un aprendiz me despertó esta tarde diciendo una serie de cosas extrañas y me he puesto a consultar historias y a rememorar anécdotas de mis maestros.
 
Sí, creo que se te ha perdido uno de tus ayudantes, Padiota ¿no?
 
En efecto, mi señor Asper no se sorprendió.
 
¿Y qué historia te trajo ese ayudante?
 
Al parecer colocó a alguien, sin autorización por supuesto, en el Sillón del Destino y parece que por primera vez se pudo ver algo y se puso muy alterado. Vino aquí en ese estado y eso fue todo.
 
Un chispazo de furia cruzó como un relámpago el rostro arrugado y verrugoso de Utzabora. Asper había conservado la cabeza sobre los hombros no tan solo por saber descifrar con acierto aceptable los designios celestes, sino sobre todo por saber pronosticar para sí el estado emocional del poder, por lo que agregó:
 
Creo, Mi Rey, que debes permitirme anunciarte algunas posibilidades no muy halagüeñas que he visto hoy.
 
Creo que es hora de que abandones la miel que te ata la lengua desde hace algún rato, y que te impidió avisarme de inmediato de lo ocurrido. He ordenado la búsqueda organizada de tu discípulo, pero con el tiempo que ha transcurrido quién sabe a dónde habrá llegado, a pesar de sus piernas. Sabes que no costeo tus experimentos para darte gusto, sino porque la Corona necesita saber. Parte importante del poder yenín ha consistido siempre en la Astrología Yenina, pues conociendo el futuro podemos introducir respuestas anticipadas, y eso es Poder, y todo lo que se refiere al Poder me atañe a mí. Yo soy el dueño de ese conocimiento y no tú. El sólo tener que recordártelo ya es de por sí un peligroso anatema. ¿Está claro?
 
Clarísimo, alteza. El problema es que éste es un dispositivo nuevo y estoy tratando de interpretar...
 
Interpretaremos los dos juntos y agregó con sorna, si no es mucha molestia.
 
El tono ominoso lo obligó a explayarse a su pesar.
 
Perdóneme no haber obrado a su gusto... Parece que el muchacho vio en alguien una verdadera debacle, pude revivir las sobras y lo que vi en el Plato es algo semejante a un Cambio de Era.
 
El Rey se puso pálido y preguntó con rabia contenida:
 
Y ¿por qué tú y los demás papagayos decían que no se veía nada cuando me colocaron en ese sillón de barbero?
 
Palo por bogar, palo por no bogar, de todas formas habría palos.
 
Al parecer las imágenes fuertes son las mas lejanas...
 
O sea, déjame entender... ¿Ustedes le hicieron algún arreglo al equipo?
 
No, no sabíamos qué arreglar. Padiota puso a alguien en el Destinium y entonces trabajó excelen..., bien. No había nada mal puesto.
 
O sea, que con ustedes y conmigo no trabajó y... ¿a quién puso?
 
A derechas no sé. Esa es una de las razones por las que quiero localizar a Padiota para poder repetir con exactitud el experimento. En la conversación él mencionó a Cuasicasio, pero...
 
El Rey estaba indignado con Asper. Un Cambio de Era a las puertas, con la destrucción que conllevaba y el comebasura éste hablando de experimentos.
 
¡Al grano! ¿Qué fue en concreto lo que tú viste?
 
La expresión del rostro del Rey no invitaba a circunloquios.
 
Vi traiciones internas dentro de los reinos yenines. Vi destrucción del pueblo exeno, preponderancia de los Machihuerta, nuevas luchas intestinas, guerra con los Blancos, destrucción del poder yenín, una venganza exena, una restauración, una nueva magia... Mi señor, debo decir que la mitad de las cosas no las entiendo.
 
Utzabora paseó de un lado a otro.
 
¡Deseo ver el Plato yo mismo!
 
No debe quedar mucho en él, acuérdese que me alimenté también ahí.
 
¡No vacío! ¡Con la misma persona que analizó el idiota de Padiota! ¡Tu crees que ya no sé porqué no sirve el que me siente yo frente al Plato? No sirve de nada porque lo mas probable es que yo desaparezca en el Cambio, porque muero y mi proyección astral en el futuro no existe... ¿Fue Cuasicasito? Vamos a probar con él. ¡Guardia!
 
Un miembro de la escolta se materializó de la nada.
 
Con los miramientos a un miembro de la familia real conduce hasta aquí a mi sobrino Cuasicasio.
 
El guardia se fue caminando vacilante, mareado, lo que era un efecto secundario de la invisibilidad que otorgaban los niveles. Los yenines rehuían en lo posible el uso de los niveles precisamente por los dañinos efectos secundarios. La escolta de Utzabora era renovada de continuo tanto en las guardias que se hacían lo mas cortas posibles, como en la permanencia en el cuerpo.
 
Cuando el guardia presentó a Cuasicasio, Utzabora se asombró una vez más de la cualidad del rostro del muchacho: era impenetrable.
 
Creo que hoy anduviste con Padiota.
 
Sí.
 
¿Sabes dónde él se encuentra?
 
No.
 
¿No te lo imaginas?
 
No tengo idea.
 
¿Te sentó en el Destinium?
 
Sí.
 
¿Y qué ocurrió?
 
Se exaltó y dijo una serie de cosas que no comprendí muy bien. Luego me pidió que me fuera.
 
Utzabora pensó por un momento en someter a prueba lo dicho por el muchacho, pero, caramba, era su sobrino. Entonces se dirigió a Asper.
 
Somételo de nuevo al Destinium.
 
Cuasicasio no mostró nada, tan sólo los ojos le brillaron.
 
El viejo astrólogo se estremeció, pues al Rey se le estaban cocodrilizando las facciones adquiriendo no sólo el poder típico yenín, sino también la temida ferocidad desagradable e imponente. Se encaminaron al salón donde Padiota había perdido la tranquilidad de su juicio y después de hacer sentar al muchacho en el sillón, hizo los preparativos adecuados. De pronto vio la garra extendida del Yenín y un frío interior le congeló las entrañas al sentir la Presencia que respondía al llamado. Las paredes destilaron un húmedo moho que pusieron al desnudo la lobreguez de las rocas, las luces perdieron su capacidad de penetrar el aire, el aire se hizo tan denso que se podía apartar con las manos. Asper habló y apenas se oyó el mismo. Y el Plato se hizo brillante, brillante. El viejo astrólogo fue casi empujado por el gesto ominoso del Yenín. Y no sólo ambos se asomaron al precipicio del tiempo, pues desde un doblez el Búho deforme también se asomaba, y vieron la Tragedia de Sangre, vieron a ¿Tzarcáver? y a Cuasicasio emprender el largo viaje arrastrando los tres nudos de la venganza, vieron a Djazia ascender a un trono manchado y luego su enfrentamiento con un terrible orca que llegaba a dominar al mundo e iniciaba la destrucción del mundo conocido montado en una bestia terrible de dos cabezas, vieron a la Dama Cristal, horrible monstruo de cuerpo de mujer hecho de agua pensamiento y... no se vieron en el Plato: no había proyección astral de ellos. Ni Asper ni Utzabora contaban en la marcha futura. El Rey buceó entre las imágenes débiles, las del futuro mas inmediato. La traición de los Machihuerta, la traición de la carne de su carne, de su idolatrada hija... ¡No podía ser que Djazia se casase para reinar con el asesino de su propio padre, Terencio. No quiso ver más. Era demasiado. Nadie podía conocer lo que iba a hacer la sangre de su sangre. Tenía que cambiar el destino. ¡Él iba a cambiar ese futuro! Ya el yenín había adoptado su figura monstruosa y con su mandíbula dinosaúrica arrancó de cuajo la cabeza de Asper, por lo general una cabeza muy sólida, y se la comió con craquidos algo impresionantes. El monstruo miró desde el fondo del infierno a Cuasicasio mientras masticaba y deglutía el soporte material de las ideas del que había sido astrólogo real del imperio Yenín. A pesar de que no pudo evitar empalidecer y tragar en seco el muchacho pudo mantener su falta de expresión, como si todos los días antes de acostarse hubiera presenciado durante quinientos años episodios semejantes, que en realidad sólo conocía de modo teórico como "la capacidad autotransformativa de los magos yenines". Le zumbaba la pisicosa que a esto le llamaran "capacidad autotransformativa".
 
El Lagarto Cocodrilo Mandíbula Tiranosaúrica con cola de Escorpión, que una vez había sido Utzabora, graznó y su escolta, como si lo hubiera entendido, se desparramó buscando a cada uno de los astrólogos, que una vez llevados ante la presencia de la Pesadilla sufrían parecida suerte, si a eso se le podía llamar así. El muchacho, ya al final de los veinticuatro, hacía apuestas consigo mismo, sobre las posibles variantes en el nuevo proceder alimenticio del Rey del Río, pero en esta materia el animal de Utzabora fue muy meticuloso, dicho esto sin segunda.
 
Cuando ya no quedaron astrólogos yenines a mano o a mandíbula en el Castillo, el monstruo se quedó mirando fijamente a Cuasicasio, quizás pensando en la posibilidad de alterar la historia o tratando de recordar si este había sido alguna vez su sobrino. Al final, quizás porque Cuasicasio no había visto nada de lo presentado en el Plato, graznó de nuevo y un escolta condujo al imperturbable muchacho, que tan sólo estaba petrificado y frío como un muerto, de regreso al aposento paterno. A pesar del interrogatorio de Kichora, su padre, nada dijo y ni siquiera mencionó las nuevas preferencias culinarias de su tío. Pronto las crónicas sociales del Servicio de la Bemba sólo hablarían de la cesantía masiva y desaparición oficial del cargo de astrólogo yenín y hasta los astrólogos vulgares no se sintieron ese día inclinados al eterno acto del vaticinio, por aquello de las barbas del vecino. Tampoco Cuasicasio se sintió inclinado a hacer comentarios con Canildo, al que quizás le había salvado la cabeza, literalmente hablando, asumiendo una responsabilidad que no tenía, pues había aprovechado tanto de que el hijo de la cocinera le había contado todo como de la ausencia de Padiota para mentirle nada menos que al mismo Rey. Rogó que Padiota pudiera realizar lo que había expresado acerca de que iba a desaparecer. Pero no se arrepentía de su mentira, porque los hechos le habían confirmado que quizás Canildo no hubiera rebasado la prueba, pues, después de todo, él era el hijo del hermano del Rey, mientras que su amigo era tan solo el hijo de la cocinera. En este momento callaba además por la misma razón de la del cuento en el que se pregunta por qué los moscones se están poniendo en esta época preservativos para el acto sexual. Y la razón de Cuasicasio era la misma: por si las moscas.
 
Cuando todavía el Rey no se había dejado ver en público, Cuasicasio fue asaltado en un pasillo por un joven de la servidumbre de muy buen ver, recién ascendido para la atención personal del Rey.
 
Ay chico, ¿qué tu sabes del Rey? Sé que tú has sido uno de los últimos en verlo antes de esta crisis ministerial y tienes que saber algo... ¿Él estaba bien de salud?
 
¿Crisis ministerial?
 
En modo alguno él le llamaría a lo ocurrido "crisis ministerial", más bien diría que los astrólogos habían perdido la cabeza después de haber perdido el poco seso que tenían.
 
Ay, sí, este muchacho. Eso me tiene de los más preocupado. He intentado ver a mi señor, pero los desalmados de la escolta no me dejan pasar y sólo se ríen de mí.
 
Te aconsejo muy mucho que no intentes verlo por el momento. Él te llamará cuando te necesite.
 
Pero ¿por qué no he de verlo ahora? Me asustas.
 
Él estaba un poco molesto cuando lo dejé y mira tú que arremetió contra los astrólogos y no dejó títere con cabeza.
 
Ay sí. Me dijeron que los desterró a todos.
 
Los desterró a todos no: los enterró.
 
¿Los...?
 
Así como lo oyes. Se los echó al pico, mejor dicho, a las fauces. Se los comió.
 
Tú estás bromeando...
 
Bromeo mierda. Aléjate de él lo que puedas hasta que se pueda mostrar en público.
 
Pero el idiota jovencito idiota no le hizo caso, aunque en cierto sentido fue tratado con mayor benevolencia, pues se podía afirmar que había mantenido la cabeza a pesar de graduarse de cadáver ajetreado.
 
 

*    *    *
 
 

Tzarcáver le preguntó a Zimón:
 
¿Y las transformaciones yeninas?
 
El Maestro sonrió torcidamente.
 
La capacidad autotransformativa yenina... Parece una burla... y agregó con cierta tristeza. Eso no es un invento de Exén o de la época dorada. Se dice que lo inventó un tal Boronilla..., un aspirante a Maestro fracasado que dio con el conjuro por pura casualidad y creó cierto furor entre los reyes y se ha mantenido como un secreto de reyes..., aunque alguna que otra familia no real también lo "disfruta".
 
Tzarcáver no dijo nada y sólo miraba con intensidad al Maestro.
 
Llegado el momento tu padre te enseñará ese secreto y tú serás Rey, aunque te veo mejores cualidades para Maestro. Recuerda estas palabras: no hay nada como el desarrollo de la mejor naturaleza que todos tenemos dentro. Exén estableció el Poder Yenín, la unidad de las doce tribus y la conquista del mundo y no necesitó de la dichosa autotransformación. ¿Quién puede decir que usó el Arte de la Dominación mejor que él? Primero logró con el Arte del Hijo Mimado engatusar a las Abuelas y que le dieran el látigo matacatánicos con la poción correspondiente. Luego consiguió que una de ellas, algunos dicen que la misma Cirnelda, le hiciera la receta de las Entidades el Maestro subrayó con su expresión lo siguiente: Hijo mío, no me explico cómo consiguió que una Abuela hiciera una Receta dónde uno de los ingredientes es una Abuela. ¿Hasta dónde llegaba el Arte de la Dominación del creador del Imperio? Hay quien dice que Exén modificó la receta. ¿Modificar una receta como esa? Eso sólo lo podía hacer una Abuela.
 
Tzarcáver, mas que oir las palabras del Maestro, las bebía.
 
Doce abuelas, doce monstruos. ¿Qué es una Entidad? No es una Abuela encerrada con un catánico, es un nuevo Ser vivo, y todo Ser Vivo es imperialista. La mayoría de los Maestros concordamos en que el peligro de la Entidad radica en estos factores: primero, están construidos a partir de los seres mas poderosos que han existido jamás, con excepción de Zabastán, naturalmente. Es decir, fueron construidos a partir de las Abuelas, creadoras de todos, y de los Catánicos, capaces de luchar con éxito contra todo tipo de monstruo creado por las Abuelas en su contra; en segundo lugar, en las Entidades no predominó el sentimiento creativo de las Abuelas, sino el odio Catánico: son seres de odio terrible con aspiraciones de dominio. Si los catánicos acabaron con pueblos enteros y hasta con especies completas por el sólo gusto de destruir ¿qué son capaces de hacer ahora si cuentan con el poder de conjuro de las Abuelas?
 
Tzarcáver, horrorizado por las palabras de Zimón, le dijo tembloroso:
 
Pero ¿y el Santuario no las contiene?
 
Ese es el peligro del adormecimiento. Desde el momento en que fueron encerradas han luchado por liberarse. Exén se lo advirtió a su sucesor y lo dejó escrito: "He aquí el Centro del poder yenín, pero no se les puede dar ni un ápice de libertad, porque destruirían al mundo en segundos."
 
Y los Maestros, ¿no pueden hacer nada?
 
Zimón valoró el hecho de que estaba hablando con el hijo de Utzabora y atemperó sus palabras a ese hecho.
 
Los Maestros no constituimos una unidad política. Somos yenines que buscamos nuestro perfeccionamiento en el ataque y en la defensa acrecentando nuestro arsenal espiritual. Nos perpetuamos a través de nuestros discípulos y tenemos una cierta conducta gremial y una carta de conducta aceptada por consenso. Los reyes consultan con nosotros, requieren nuestro servicios, pero ellos son los que generan y aplican las políticas. Los Maestros estamos capacitados para combatir a los Catánicos y sabemos bastante del Arte de la Pócima de las Abuelas para neutralizarlas, pero he aquí la fuente de nuestra preocupación: no podemos enfrentar con éxito la magia de las Entidades, que, me duele aceptarlo, está muy por arriba de nuestra capacidad actual. Hay quien dice que una orca puede destruirlas con su mirada, pero eso sólo es una teoría.
 
Tzarcáver captó el problema de inmediato y con su franqueza brutal lo expuso:
 
Claro, los Reyes no facilitan el trabajo de los Maestros en este sentido, porque la superioridad de las Entidades para tenerlos bajo control.
 
Zimón se sonrió.
 
En efecto, pero con esa política las Entidades terminarán por gobernarnos a todos, a los Maestros y a los reyes.
 
 

*    *    *
 
 

Caretio, que trataba de disfrazar el rostro de rata dinosaúrica que le iba quedando de sus transformaciones yeninas, fue llamado a la presencia del Rey, el que lo recibió algo maquillado o disfrazado en una especie de mezcla entre cocodrilo, escorpión baboso y algo de ser humano y le entregó una lista de cuatrocientas páginas escritas con letra menuda.
 
Tú serás mi nuevo jefe de Inteligencia, aunque por el momento nadie lo sabrá, ni siquiera Fineso, que seguirá pensando que él es el jefe. Está de más decirte que Fineso es un traidor. Kichora te dará los recursos y hombres que necesites, pues es obvio que tenemos que reconstruir, o mejor dicho, construir un nuevo cuerpo de espionaje. Junto con él prepararás unos comandos para, cuando te lo indique, ejecutar a todos los que ahí aparecen. Observarás que ahí se encuentra íntegro el Clan Machihuerta. La desaparición de ese Clan se realizará en dos partes. En la primera, que es la vital, se debe garantizar la eliminación total del grupo dirigente. Esa es tu responsabilidad principal. En la segunda, realizada a continuación inmediata de la anterior, se anulará el resto del clan, pero eso será responsabilidad del ejército.
 
Caretio se había quedado de una pieza. Una matanza de tales proporciones no se conocía en la historia Yenín. Entre las doce tribus nunca se había dado el caso de que la reinante dispusiera de una tribu completa. La paz interna se había conservado durante siglos, porque todas las conspiraciones se contentaban con eliminar a los jefes de clanes, y después de algunos reajustes había un cambio de poderes o una transacción aceptable de influencias, pero las matanzas sólo se habían producido en los Cambios de Era y siempre habían sido consideradas como sumamente desastrosas para el Mundo. Caretio por otra parte estaba perfectamente convencido de que no podía titubear en nada, porque en ello le iba la vida.
 
Sé que no resulta necesario, pero para tu consuelo te diré que los Machihuerteños planean hacer lo mismo con nosotros.
 
Como si su sueño dorado de toda la vida fuera eliminar la humanidad conocida, con una actividad febril que sólo produce la sensación de que el cuello propio presenta una fuerte debilidad, comenzó Caretio "Cara de Rata" a detallar el plan "Profilaxis".