CAPÍTULO IX
 
 

En la mirada del Rey Utzabora hacia su hijo había un fondo de tristeza, un hálito subjuntivo de si las cosas hubieran sido de otra manera, una pérdida irreparable de un disfrute o de un camino cálido para este frío que parecía surgir de la piedra, como la presencia de una Entidad gris.
 
Hijo... no sabía el padre cómo eliminar la duda.
 
¿Qué?
 
Sé que tú andabas mucho con Padiota...
 
Tzarcáver lo miró y nada dijo.
 
Y de mí tú sabes que nada tienes que temer...
 
Se dio cuenta de que su propio hijo no le creía.
 
"Mi propio hijo no me cree. Hasta que punto han llegado mis mentiras... El Arte de la Dominación consiste entre otras cosas en eso: hacer creer las mentiras. ¿Debo usar mi arte contra mi propio hijo?"
 
La tristeza de su tono era real y no fingida cuando dijo:
 
Mira, hijo mío, soy como soy, y soy además el Rey de mi tribu, de mi nación y del mundo, y eso me impone a mí mismo obligaciones, pues aunque soy el que gobierna no puedo obrar sin tener en cuenta la realidad que me rodea, aunque muchas veces quisiera hacerlo y con una franqueza total continuó: Por desgracia es cierto que si tú mismo fueras un obstáculo para el buen funcionamiento del Estado Yenín, de la corona, sería capaz, sino hubiera otro camino, de eliminarte con mis propias manos.
 
Entonces, padre, no es raro que tu propio hijo te tema.
 
No, claro que no. Pero me puedes creer si te digo que en este momento no tienes que temerme. Quiero preguntarte algo relacionado con Padiota. Sabes que tomé con todos los astrólogos un decisión que es muy famosa, pero que reconozco no fue llevada a cabo con la calidad requerida por una decisión real y sobrevivieron algunos y con pesar añadió: Padiota es uno de ellos.
 
Tzarcáver por el contrario se alegró:
 
¿Está vivo? ¿Dónde se encuentra?
 
Sí, vive, y lo tienen prisionero los Heremitas.
 
¿Sí? ¿Y para qué?
 
Utzabora meneó la cabeza y dijo con sinceridad:
 
En realidad no sé... De acuerdo a los informes que poseo no están conspirando, reconocen mi acierto o al menos aceptan lo que hice con los Machihuerteños y piensan reconocer a tu hermana como princesa heredera del trono.
 
Tzarcáver pensó decirle a su padre que él sentía La Cuerda, pensó decirle qué le decía a él el Arte Pitoniso, pero no tenía sentido.
 
Pero te quisiera preguntar si tú sabes manejar el Destinium.
 
"Padre, el Destinium no es la única forma de conocer el futuro."
 
No, padre, en realidad no lo sé.
 
Utzabora percibía que su hijo le ocultaba algo. Todos los que trabajaban bajo sus órdenes le escondían algo últimamente y no pudo soportarlo más.
 
¡No me mientas! ¡Tú sabes algo, y te ordeno que me lo digas!
 
¿Qué? ¿También a mí me vas a matar! El hijo mostraba por primera vez la garra de un genio tremendo.
 
¡Sé que algo sabes y me lo vas a decir! ¡Todo el mundo me oculta algo y ya me cansé de soportarlo! ¡Yo soy el Rey y todos, incluso tú, me debes obediencia! Utzabora se transformaba aceleradamente.
 
¡Sí, sé! ¡Sé que la Historia me señalará como el hijo del mayor asesino del Mundo! ¡Sé que morirás como un perro rabioso en este mismo castillo ahogado en mierda Ollera! ¡Qué pretenderás envolverme en una venganza estúpida y fracasarás! ¡Pero también sé que al final destruirás a los que te mataron, a todos sin excepción, porque tus restos no descansarán en paz hasta que eso suceda, si eso te consuela en algo!
 
Nichamendis entró en ese momento y se percató del peligro que corría su hijo. De inmediato se interpuso entre ambos y enfrentó al semibestializado Utzabora.
 
¡Es tu hijo, bestia! ¡Y para de cambiar!
 
Algo vio el Rey en los ojos de la Reina, el comienzo de un brillo peligroso, que lo hizo controlar la transformación yenina y poco a poco trató de echarla para atrás. "Tengo que controlarme. ¡Qué rápido avanza y qué lento retrocede!"
 
Nichamendis, cuando creyó que ya había pasado el peligro, tomó a su hijo del brazo y se lo llevó.
 
Utzabora trató de pensar en lo que había ocurrido infructuosamente. ¿Cómo era posible que su hijo se mostrara así, sin una pizca de miedo? ¿Y ese montón de sandeces qué significaba? Por más que se devanó los sesos no avanzó nada hacia la claridad. "Sólo hay un hombre que me pueda aclarar esto." Y lo mandó a llamar.
 
 

*    *    *
 
 

Después de los saludos iniciales el Rey le espetó a Xenón:
 
¿Cuál es tu evaluación sobre Tzarcáver?
 
Muy buena en los planos interiores. Es el mejor del grupo en mis clases.
 
El Rey quedó claramente sorprendido y no dijo nada durante mas de una decena de minutos.
 
¿Y Djazia?
 
No presta atención.
 
A la parálisis del Rey se le sumó el dolor.
 
¡Pero esto es...! no completó la frase.
 
Después de otros minutos inconexos.
 
Y... Cantarbia, ¿qué opina?
 
El mejor en las clases de Cantarbia es Canildo. Está muy por arriba de Cuasicasio que es el que le sigue. Canildo piensa con el cuerpo, Majestad.
 
Sorpresa tras sorpresa.
 
Ese elogio de "pensar con el cuerpo" sólo lo había oído aplicar a la manera de reaccionar de Cantarbia, de Zimón, el Maestro Heremita o del finado Agripín.
 
El Rey decidió sincerarse por primera vez en su vida:
 
Xenón, no sé que pensar de mis hijos, no sé que pensar del futuro del reino en relación con ellos, y te agradecería de corazón que me ayudaras a conocerlos. Dime todo lo que piensas de ellos.
 
Xenón meditó durante unos instantes, pero el Código de los maestros le obligaba a la fidelidad con el Rey.
 
Mi Rey, puedo estar equivocado en mis apreciaciones, pero aquí van: Canildo es el caso mas sorprendente y especial, porque no tiene ascendencia que justifique las cualidades que posee..., habría que saber quién es el padre...
 
No me mires así, que no tengo nada que ver con eso.
 
Bueno, si me guiara tan sólo por los resultados que tiene Canildo conmigo tendría que sacarlo del curso, porque no cree nada de lo que le digo y siempre está buscando una vía distinta, Zabastán sabe cuál, a la que le indico, pero no lee los libros Ocultos, se los bebe, y a estas alturas no creo que nadie en el mundo haya leido de magia teórica mas que él, sin embargo, no da indicios alguno de haber asimilado ni el cinco por ciento de lo que ha leido. Ahora bien, en lo que se refiere al combate parece conocer de toda la vida todas las armas...
 
Concéntrate en mis hijos le interrumpió el Rey.
 
A eso voy, Majestad..., porque la relación con Canildo es básica y miró con toda atención al Rey, y eso es así porque su hija es capaz de eliminar cualquier cosa que se oponga a su Dominio sobre Canildo.
 
Utzabora se contrajo y siguió escuchando con la mayor atención.
 
En el combate Canildo parece y actúa como un hombre. Posee una fuerza inexplicable y anti natural para su edad. Y aprende de Cantarbia con una velocidad tal que dentro de poco el Maestro Cantarbia no tendrá nada que enseñarle. ¿No le extraña, mi Rey, que en mis clases este muchacho no tenga también un aprovechamiento notable?
 
El Rey nada dijo.
 
Descubrí el porqué, y es una cosa muy sencilla: Djazia quiere que Canildo aprenda de Cantarbia, pero no de mí.
 
Ya a Utzabora se le había agotado su capacidad de sorprenderse.
 
Sí, mi Rey. La única cosa que le llama la atención a su hija es el Arte de la Dominación. Creo que en ese sentido ha llegado tan lejos como para que me atreva a afirmar que sólo es segunda de otra persona en todo el Reino Yenín y lo miró con dureza inexpresiva y de mas está decir que esa persona es usted.
 
El Rey lamentaba que eso no se lo hubiera dicho otra persona, porque a Xenón era el único al que le podía creer una cosa así. Le hizo a Xenón un gesto para que continuara.
 
Todo esto lo descubrí de modo casual, porque vi una escena que me lo dijo todo. Usted sabe que el arte de la Hipocresía y la tecnología de la Mentira forman parte substancial del Arte de la Dominación y... tengo que reconocer que yo mismo había caído en esas redes y no me había dado cuenta de nada. Un día apliqué las técnicas de la invisibilidad, ya sabe, el nivel cuatro, y me acerqué a los muchachos de la familia real y fui testigo de una escena increíble. Djazia increpaba a Cuasicasio acusándolo de meterse con ella, de que él quería separarla de Canildito porque la quería para sí, desde luego, una soberana mentira dicha para obtener que Canildo se enemistara con su amigo. Canildo le preguntó a Cuasicasio si eso era verdad y Cuasicasio le contestó que no, pero usó expresiones duras contra su prima, expresiones que fueron Susurradas por la propia Djazia, con una técnica francamente indetectable para cualquiera, menos para mí Xenón no agregó que se debía al hecho de la técnica de invisibilidad que él se hallaba aplicando. Canildo recibió esas frases con enojo e impulsado por la princesa iba a acometer a su amigo que lo esperaba preparado para el caso, y en ese momento, Tzarcáver, con dominio pleno del Arte de la Rebeldía, les gritó que eran unos imbéciles que se dejaban dominar por su hermana, que ella los estaba dominando para que pelearan entre sí. Djazia perdió la compostura, a pesar de todo, es una jovencita de apenas once años, y utilizó la Voz de la Autoridad. Usted sabe que he sido testigo mas de una vez del uso de la Técnica Imperativa, pero déjeme decirle que a nadie le he escuchado una voz como esa. Le afirmo que si ella hubiera estado consciente de que yo estaba en el lugar y me hubiera dirigido esa voz yo hubiera obedecido, y, sin embargo, el hermano no se dio por enterado. Djazia se lanzó entonces contra él, pero de pronto se dobló y comenzó a temblar. Ella le ordenó a Canildo y a Cuasicasio que lo atacaran y también a los dos muchachos les dio por temblar incontroladamente y me di cuenta de que Tzarcáver los había dejado fuera de combate por medio del Chi yong. Y no sólo eso: los desintoxicó a los dos del Dominio ya establecido por la princesa. Canildo y Cuasicasio se apartaron de ella con miedo, pero firmemente, y no creo que vuelva a dominarlos, aunque no sé..., Djazia, mi señor, es mas que una Maestra en el Arte del Dominio.
 
El Rey nada dijo durante largo rato, y luego:
 
Gracias, Maestro, puedes retirarte.
 
Y el Rey se quedó muy solo preguntándose si su hija sería otra Georgia, la Reina Yenina que había matado a su madre, a sus hermanas, a sus tíos y a mas de cincuenta cortesanos en su camino hacia el trono... Y a todo ello se sumaba lo que él, aquel día aciago, había visto en el Plato.
 
Se llevó las manos a la cabeza. "Mira que la quiero, mi hija, mira que la quiero." Todos los recuerdos de la hija cariñosa le vinieron a la mente. Era como si la hubiera perdido para siempre. Y una soledad terrible le desnudó la vida mostrándole la fealdad de las rosas y de las cataratas, lo feo del mar y de las estrellas en un cielo nocturno despejado. Lloró y al conjuro del recuerdo de las técnicas de Exén del Hijo Mimado, las lágrimas se le fueron tornando en lágrimas de cocodrilo.
 
 

*    *    *
 
 

Canildo le preguntó a Kresmata:
 
¿El Arte Yenín del Dominio tiene alguna respuesta?
 
¿Por qué me preguntas a mí? Pregúntales a tus maestros. ¿Qué sabe una simple cocinera de eso?
 
Tú no eres una simple cocinera, mi creadora.
 
Kresmata se asombró y se asustó.
 
¿Te acuerdas? ¿Cómo es posible que te acuerdes?
 
Ay, mami, por la Grasa.
 
Kresmata se sonrió ante todo por la inteligencia de su criatura que la había engañado a ella misma, aunque, bueno, ése parecía ser el karma de las Kaceroleras, siempre las criaturas terminaban engañando a las creadoras. Kresmata suspiró.
 
Siempre ustedes nos engañan. Los yenines han sido los mejores, aunque no, los Reyes del Engaño son los Hiptas. Los yenines si son los Reyes de la Dominación. Los Hiptas engañan por deporte, porque respiran engaño, los yenines engañan para dominar. El yenín es capaz de decir la verdad si la verdad establece su dominio. El hipta engaña aunque le cueste la vida hacerlo.
 
Pero no me has contestado... Ah, ¿y podré tener hijos?
 
¿Hijos? ¡Claro que sí! Tú eres un yenín último modelo...¡Qué impaciente! ¿De qué te sirven las enseñanzas de Xenón?... Tú sabes qué es el Arte de la Rebeldía.
 
Pero es que ese arte es tan pobre en recursos, tan poca cosa.
 
Ese arte sólo se aprende bien en el pueblo Orca.
 
Pero Tzarito es un bestia en eso.
 
¿Qué maneras de hablar son esas, tú que hablas de maneras de hablar?... Y es natural que él saque algo de su madre.
 
¿De su madre? ¿De Nichamendis?
 
Canildo, ¿qué tiene de extraño que el varón saque algo de la madre?... y pensando en Djazita Por otra parte, también se aprende mirando y siguiendo los ejemplos...
 
Pero Nichamendis...
 
Tú no sabes nada de nada, Canildo.
 
El rostro de Canildito era la estampa viva de la desolación, porque no comprendía nada de nada.
 
Mira, Canildo, ¿tú sabes por qué los orcas son el pueblo mas odiado por todo el planeta?
 
Creo que sí, es por motivos religiosos. Nosotros, digo, los yenines enterramos, entierran los muertos en el Lago Negro, cuna y epitafio de la magia negra. Los blancos los entierran alrededor del Lago Blanco. Los Hiptas los entierran en el Pantano Ácido, hasta los orcas mismos realizan ceremonias de entrega de las cenizas a los árboles vivos o a los volcanes. Es decir, todos los pueblos del mundo le conceden una gran importancia en una religión u otra, a las honras fúnebres, pero los volatizados por la Mirada Orca, no dejan ni cenizas y no se puede hacer ceremonia alguna con los restos porque sencillamente no los hay.
 
Ingeniosa explicación, pero completamente insuficiente. La verdadera razón es que los Orcas son los amos del Arte de la Rebeldía. Empezó su historia cuando... Kantaya, ya tú sabes quien, las creó, me refiero a las orcas, de una muñeca de tizones que tenía el truco de caminar. Los hiptas, que no recuerdo bien quién los hizo, las dominaron al principio y durante mucho tiempo las muñecas Orcas fueron las delicias esclavas de todos los demás pueblos. Luz Bella, la Reina de la tribu esclavizada por los hiptas fue la primera en rebelarse y como si fuera una epidemia los orcas regados por todo el mundo hicieron lo mismo. La matanza de Orcas fue tremenda y Kantaya les entregó el secreto de la Mirada, aprovechando la constitución de tizones que les era propia a sus criaturas, aunque tenían que cargarse y recargarse en algún volcán. No cabe la menor duda que la desaparición total de los cuerpos devorados por la vista orca no contribuyó a hacerlas más simpáticas, pero lo que los demás pueblos no les perdonaron fue su independencia y rebeldía, el que dejaran de ser muñequitas bailarinas.
 
Canildo se asombraba una vez más.
 
¿Por qué no se encuentran libros de historia que valgan la pena?
 
Porque los queman o los destruyen y los que hay son historias oficiales.
 
Yo leí el libro de Luz Bella, pero ahí no se dice lo que tú me cuentas.
 
Todo lo referente a la historia en este mundo es una soberana charranada y además, ¿de qué te sirve a ti el libro de Luz Bella si eres un huelepeos de Djazia?
 
Canildo mostró tristeza en su rostro.
 
Es verdad, mamá, Tzarito nos lo hizo ver. ¿Por qué ella tiene que ser así?
 
Ay, mi nenecito, el ansia inconmensurable de poder de los yenines posee este extraño sortilegio: Ejercen el arte de la dominación porque así obtienen el Poder, se hacen libres esclavizando a otros, pero como costo, se hacen a su vez esclavos del poder.
 
Canildo frunció el seño y le espetó a su creadora una contesta que ella jamás hubiera esperado de él:
 
¡Qué frase mas ridícula! El que tiene el Poder es el que disfruta y lo que ocurre es que eso es inmoral, porque se hace a costillas de los demás.
 
La palabra inmoral no tenía ningún sentido para Kresmata.
 
De pronto, ella metió la mano en uno de sus interminables bolsillos y después de manosear docenas de frascos, sobrecitos con hierbas, un piano y mil chucherías más, logró extraer después de unos minutos una pulsera de cordones entrelazados. En cierta ocasión memorable se había demorado una semana en encontrar lo que buscaba.
 
Mira, quiero que uses esto para siempre en la muñeca.
 
Uf, qué feo.
 
Feo, pero es la mejor recomendación para las Orcas que te puedo dar y además nadie las nota. Ya sabes que ellas me deben..., lo que me deben y si alguna vez te hace falta ayuda ellas te la darán.
 
¿Para qué me creaste?
 
Kresmata se encogió de hombros.
 
Por curiosidad, se me ocurrió una receta buena, una de las Grandes y me dije "déjame ver qué sale de esto", y saliste tú Kresmata se acarició la barbilla Creo que tú estás entre las  mejores cosas que hemos creado nosotras.
 
Mamá la costumbre es el mejor dictador, quiero a Djazia.
 
¿Y tú estás seguro de que ella no ha inducido en ti ese sentimiento?
 
Canildo se percató de que no tenía seguridad alguna.
 
Mira, aquí si tienes el pago de lo que hacen: nadie confía en los que manipulan a los demás.
 
 

*    *    *
 
 

Utzabora estaba completamente arrepentido de haber cesanteado a los astrólogos, de haber puesto en su sitio a los Machihuerta, de haber previsto y preparado una venganza, de haber entrenado tan eficazmente a sus hijos y acompañantes, estaba arrepentido hasta de haber nacido.
 
Comprendía que Djazia era un verdadero peligro para su poder y había sido una tontería no haber intentado alterar también el destino personal propio de él. Iniciaría conversaciones con el Rey Nabuco, quizás una alianza con los heremitas era lo indicado, y quizás todo se estabilizara si el príncipe Darnelio se casaba con su hija. La estabilidad el Reino garantizaba su propia seguridad. Y el peligro potencial de Djazia quedaría conjurado, quizás tendría que repetir el conjuro que le había hecho a Kichora hacía ya una eternidad.
 
¿Pero hacer a Darnelio su sucesor no era meter la cabeza en la picota?
 
La Reina entró en las habitaciones y llegó hasta él, que le preguntó:
 
¿Qué deseas?
 
Informarte que voy a Xaca... Quiero ver a mi prima Menoya.
 
El Rey la miró sin prestarle atención y al notar que ella esperaba algo le dijo:
 
Está bien, pero acuérdate de los preparativos.
 
Utzi, si faltan tres meses. Quiero llevar a Tzarito conmigo.
 
El Rey meditó un momento y luego le dijo:
 
Está bien.
 
Nichamendis perseguía un objetivo secreto al ir a Xaca: el volcán Fragor. El motivo obvio era para preservar a Tzarito tanto del Rey como de Djazia. Ambos motivos en el final terminaban en lo mismo.