CAPÍTULO VI
El conductor de la carroza era un maestro en su oficio y la conducía por dónde parecía que no se podía y extraía de las bestias lo que parecía que no podían dar. Pero, bestias al fin, necesitaban descanso, y en uno de ellos el viejo soldado matrero se dedicó a hablar con el conductor.
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El Rey estaba reunido nuevamente con los Maestros. A pesar de la victoria obtenida contra los Machihuerteños y de que la amenaza de guerra de los Magos Blancos preparada por él mismo había mantenido el Reino unido, la tristeza era dueña del rostro de Utzabora.
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Señor, ahí tenemos la frontera con Cuaquia, pero debemos abandonar el carruaje.
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Xenón y Cantarbia se retiraron y el Rey mandó a llamar a Djazia. La niña corrió para abrazarlo y besarlo y en contra de su voluntad el rostro del Rey se permeó con una sonrisa.
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El Rey pidió que avisaran a Nichamendis.