CAPÍTULO VII
 
 

Kresmata y Canildito caminaban por el Bosque Salvaje de Orichuela. Si el Rey Yenín descubría a dónde había traído al prospecto de principito, ella la pasaría muy mal a pesar de aparecer como la madre del muchacho. ¿Qué implicaciones tendría en este momento que el Rey supiera que el escogido por la Princesa Heredera era nada menos que una criatura de una Kacerolera, de una de las míticas Abuelas?
 
El niño se hallaba extrañado por el misterio que rodeaba en este momento las acciones de la autora de sus días. Pero es que Kresmata no le había podido confiar nunca a nadie, ni siquiera a su hijo, tamaño secreto.
 
Mami, ¿qué tú crees de la matanza de los machihuerteños?
 
Kresmata suspiró.
 
Algo terrible, terrible. Hay que acabar con estas cosas en el mundo y lo miro de modo especial. Hay que sanear el mundo.
 
¡Qué curioso! se sorprendió Canildo Así mismo me dijo Tzarcáver.
 
¿Sí? Y ¿qué piensa él?
 
Esta alteradísimo y creo que hasta asqueado del padre.
 
¿Y Djazia?
 
Ella no piensa ni se preocupa por nada.
 
Y ¿tu amigo, Cuasicasio?
 
Bueno, tú sabes como es él, pero no está de acuerdo con eso de matar mujeres y niños. Eso fue una crueldad innecesaria.
 
Kresmata se indignó y lo expresó en voz alta:
 
¡Toda muerte es innecesaria! Las Abuelas no crearon la vida para que nadie la vaya destruyendo a su capricho!
 
La mención de las Abuelas le trajo a la cabeza lo que le preocupaba desde hacía un rato.
 
Mami, ¿no fue en estas tierras dónde se asentaban las Kaceroleras?
 
Donde tenían la morada principal.
 
El niño se estremeció y aferró con fuerza su hacha.
 
Kresmata se rió y le preguntó:
 
¿Qué? ¿Les tienes miedo?
 
El niño le iba a contestar con falso orgullo que no, pero recordó las palabras de Xenón: "No reconocer una verdad es tener miedo de esa verdad. Reconocer que se tiene miedo a algo es el primer paso para perder ese miedo. El miedo no se pierde teniéndole miedo al miedo. El miedo se pierde cuando se acepta la inevitabilidad de la muerte y se aprende a jugar con esa idea."
 
Sí, mucho... Creo que es a lo que más miedo le tengo en el mundo.
 
Kresmata se detuvo de golpe, angustiada.
 
El niño la miró con extrañeza y por primera vez reparó en la fealdad del rostro torcido, en la monstruosa nariz alargada, en la deformidad encorvada de la mujer, como si la viera por primera vez, roto el encantamiento.
 
"¿Será posible?", pensó Kresmata con dolor.
 
Mil riesgos había corrido ella por sus creaciones para alejarlas de la desgracia y por ellas se había escondido en el lugar que menos podrían encontrarla: en el Palacio Imperial. Se había arriesgado con los encantamientos que había hecho, pues hasta el mismo Rey comía de su mano. Había forzado las cosas para que el Rey aceptara este viaje de ella con Canildito, a pesar de la oposición de Djazia, y sabía que no se había anotado tantos positivos con la que sería su yerna y heredera del reino.
 
Pero dadas las cosas no podía seguir adelante en su proyecto si su mismo hijo la rechazaba.
 
Y ¿por qué les tienes tanto miedo? Si se puede saber...
 
Canildito se concentró en el tema, recordando las enseñanzas de Xenón sobre la instropección y las técnicas de Khrisnamurti.
 
Bien... Sí, es porque todos hablan con temor de ellas, hasta el mismo Rey. He visto el temor reflejado en el rostro de gente muy valiente cuando se ha mencionado ese nombre. Temo porque me han enseñado a temer.
 
La mujer se llenó de orgullo a pesar de la angustia.
 
Si quieres te explico las razones reales de ese temor.
 
El niño la miró con asombro: ¡Una cocinera dar explicaciones sobre alta magia! Pero recordó una expresión de Xenón: "Cualquiera puede atesorar un conocimiento. De cualquier lugar se puede extraer una enseñanza."
 
Al notar el cambio de la expresión de su hijo pensó: "¡Por Kanigua! ¡Qué cambiado está!"
 
Explica.
 
Kresmata le señaló unas piedras grandes bajo un árbol alto y frondoso.
 
Vamos a sentarnos allá.
 
La mujer sacó un pañuelo y se secó el sudor del rostro.
 
¡Qué calor! Este lugar siempre fue así y cuando se encienden las cacerolas es mucho peor.
 
Canildo miró a los alrededores, pero no vio ninguna caldera.
 
Bueno más bien me refería a aquella época dorada..., aunque sé dónde tengo escondida algunas y supongo que por ahí deben de andar otras, pues me resisto a creer que yo sea la única sobreviviente.
 
Canildo abrió los ojos pasmado.
 
Sí, hijo mío, soy una kacerolera o como nos llamábamos entre nosotras, Olleras.
 
Se pasó el pañuelo por la cara nuevamente y prosiguió:
 
El temor está bien fundamentado. Nuestro poder es un poder terrible que por su naturaleza asusta a todo el mundo, pues nadie puede asegurar estar libre de él. Analiza lo siguiente: todos comen y beben agua o vino o cerveza. Y nuestro encantamientos son en lo básico recetas de cocina. Nadie puede estar seguro de que lo que come no es portador de un encantamiento Kacerolero. No valen de nada degustadores y ni siquiera la magia yenín puede detectar el encantamiento nuestro. La cocina yenín como cocina es una buena técnica, pero ni siquiera es el abc del arte Kacerolero. ¿Qué sabes tú de la Era Precedente?
 
¿La Era Precedente? ¿La Era de Catán?... Bueno..., que Catán era el jefe de los catánicos, que hubo una guerra..., que los yenines fueron los vencedores...
 
No sabes nada de Historia. En realidad en nuestro mundo nadie sabe de historia y ¿tú sabes por qué?
 
Canildo movió la cabeza negativamente.
 
Porque la historia es escrita y reescrita de nuevo por los vencedores o sobrevivientes de cada ocasión. No te fíes nunca de un libro de historia, siempre tienes que comparar cinco o seis sobre el mismo período o época para a la larga no poder afirmar muchas cosas. Viví aquellos acontecimientos. La Era anterior a la anterior era Nuestra Era: el mundo entero era gobernado por la Kaceroleras y la abuela Cirnelda hizo los primeros hombres de moho y así nacieron los catánicos y el primer Rey de ellos tomó el nombre de Catán y ellos compartieron el nombre. Después hicimos los hombres de barro y les dimos algunas gotas de nuestra sangre. Yo hice a las muñecas bailarinas, con la capacidad de reproducirse por sí solas, digo, como los yenines y demás, eso de hombres y mujeres; luego hicimos los yenines, y de modificaciones de esta receta surgieron todas las demás tribus. Por ejemplo, los magos blancos fue una receta de Kapriola en la que intervino accidentalmente un pedo atravesado de Cirnelda, que por cierto no debes confundir con los que creó Cirnelda a partir de sus propios excrementos, que a mi juicio fue un experimento fallido y lamentablemente irreversible, porque no hay quien los destruya.
 
A Canildo se le había caído la mandíbula al virarse el mundo al revés.
 
No abras la boca así... El inmundo de Catán terminó por rebelarse contra nosotras, robó la receta de creación de los de su especie, porque ellos no podían reproducirse por sí mismos, y la lucha fue terrible y ellos ganaron y establecieron la deplorable Era Catánica. Después nos aliamos con los yenines y les entregamos muchos de nuestros secretos a Exén, y al final Cirnelda les entregó la poción matacatánica y una receta para transformar a los catánicos sobrevivientes, lo que nosotros conocemos como un relleno, mezclar un ser con otra cosa, pero, como siempre nos ocurre con nuestras criaturitas, Exén también traicionó a Cirnelda y la metió en la receta junto con Catán y un búho, tú sabes, un relleno triple, y de ahí nació Catania, y así surgieron las Entidades, afortunadamente sin la capacidad de reproducirse a sí mismas, y de ese modo los yenines, que no tuvieron ni arte ni parte en la guerra quedaron como vencedores y despacharon a los sobrevivientes de ambos bandos. Quizás te preguntes cómo si las Kaceroleras eramos tan poderosas pudimos perecer y la respuesta es la que sigue: todos perecen por la obra propia: el peor enemigo de uno es uno mismo. Date cuenta que nosotras, las Abuelas, somos capaces de crear nuevos seres vivientes, aunque no seamos capaces de tener hijos, y esos seres vivientes fueron capaces de destruirnos. En resumen, nos destruimos nosotras mismas.
 
Pero...tú...entonces...¿no eres mi madre?
 
Soy tu creadora, pero no soy tu madre.
 
Y ante el miedo del muchacho, la Kacerolera se convirtió en una boca gigantesca que lo engulló de un bocado. Kresmata retomó su apariencia y comenzó a hablar sola mientras se introducía en el árbol.
 
No estás perfeccionado y tenemos que preparar un buen caldo para añadirte un par de cositas.
 
Y después de entrar en la espaciosa caverna que había debajo del árbol empezó a animar los fuegos, debajo de las gigantescas Calderas, Kantaya, el verdadero nombre de Kresmata, la creadora de las despreciadas Orcas.
 
 

*    *    *
 
 

Djazia intranquila, paseaba de un lado a otro de la habitación.
 
¿Dónde está Canildo? ¿Qué ocurre que no acaba de llegar?
 
Nichamendis la observaba con expresión amorosa.
 
No te preocupes. Está con su madre. Quería visitar a unos parientes en Grandia.
 
Eso no me tranquiliza en lo absoluto. Su madre es una vieja detestable. Más parece una Kacerolera que una cocinera Yenín.
 
La madre tuvo un escalofrío.
 
No digas eso ni jugando.
 
Djazia caminaba intranquila de un lado a otro.
 
No sé, madre, nada parece marchar bien... Mi tío enfermo de Zabastán sabe qué... Las villas no parecen muy dispuestas a celebrar la ceremonia de mi presentación como heredera... Y en el extranjero los príncipes merlos se hacen de rogar aduciendo no se sabe qué celebraciones... y el rostro se le arreboló en una furia siniestra y horrible, que hacía prever un espléndido reinado magníficamente malévolo y sangriento: Djazia sería sin dudas una ocupante digna del trono yenín de horror y miedo.
 
Voy a ver como sigue Kichora. Es capaz de morirse y echarme a perder mi ceremonia.
 
¡Niña!
 
Nichamendis no pudo detener a su hija. De seguro la Princesa haría una escena de las suyas, de esas que serían la comidilla de la corte. Desalojó un gas que le venía mortificando el vientre de hacía rato y que hizo un ruido trompetero al salir al exterior.
 
Vaya dijo el Rey que llegaba en ese momento, parece que llegué al final del concierto.
 
Un gesto de fastidio le resbaló de la frente a la quijada a Nichamendis.
 
A lo mejor te embullas con la música.
 
Utzabora no había podido recobrar del todo el ánimo después de las Visiones en el Plato y siempre lucía mas blanco de lo que era, no sólo por el maquillaje, sino por la ausencia de calor interno, y en estos momentos dejó expresar en su rostro el cansancio, desencanto y amargura de sesenta años de francachelas, aberraciones, traiciones, matanzas, y de todas esas cosas que como buen Rey había realizado para lustre de la corona.
 
Por primera vez Nichamendis tuvo un instante de compasión por el que una vez había querido, pero un reproche interno le impidió manifestarlo.
 
Tu hija fue a recriminar a tu hermano por su enfermedad.
 
La soledad le crispó un poco mas el rostro a Utzabora.
 
Tiene razón. El muy marica a lo mejor se nos muere y nos echa a perder la ceremonia.
 
Ya ni la familia se respeta en esta casa y la Reina se fue meneando la cintura.
 
El Rey la miró con desdén pensando siempre lo mismo que pensaba cuando su esposa le mostraba la peor parte de sí: "¿Qué le vi a esta harpía ilustre cuando la hice Reina?"
 
Utzabora se sentó en un reclinable y apoyó la cabeza en ambas manos. "Lo mejor sería casar a Djazia con alguien del clan Heremita... ¡Con el Príncipe Darnelio!... No es mala idea, pero..."
 
Había muchos peros y el fundamental era que él sospechaba que en la conspiración en su contra habían participado con los desaparecidos Machihuerta y eso sería colocar a los enemigos muy cerca del poder. "Mi vida no valdría un comino." Utzabora se rió: "Mi vida no vale un comino."
 
El jefe de la escolta apareció desde el nivel cuatro con ojos turbios.
 
Caretio quiere verlo.
 
Que pase.
 
Caretio, unas ojeras de rata dinosaúrica con algo de hombre, le habló sin preámbulos:
 
Tengo la información sobre la reunión.
 
¿Y?
 
Asistieron miembros de las otras diez tribus, no de los dirigentes, pero sí personalidades.
 
Utzabora se asombró de que la conspiración fuera tan abierta. Pero qué carajo, no podía eliminar a todas las demás tribus.
 
Sigue.
 
Hubo quien propuso la destrucción de nuestra tribu, un tal Kachiduro de los Buag, pero... Abrajason de los Heremita planteó que había que detener los hechos sangrientos de escala tan grande, porque todo Cambio de Era siempre había sido precedido de esas matanzas y que si se producía otro Cambio posiblemente los yenines ya no fueran la fuerza fundamental. Muchos discutieron el punto hasta que Abrajanson gritó que en la anterior era regían los catánicos, que antes de ellos, las Kaceroleras, que la guerra entre ambos era quien le había dado la oportunidad a los yenines para destruirlos e iniciar esta Era. Aquí estalló un pandemonium, usted se lo imagina, un tema histórico, pero Abrajanson los calló a todos cuando dijo que su tribu sabía esto porque le habían salvado la vida a un astrólogo yenín y contaban con sus servicios.
 
¿Un astrólogo? ¡Buag! le salió al Rey un pequeño vómito.
 
No, no un astrólogo Buag, un astrólogo exeno. Usted verá: Abrajanson entonces les dijo que el astrólogo había afirmado que usted con su acción enérgica había retrasado o quizás impedido por esta época el Cambio de Era, que si las tribus yeninas mantenían la unidad el Cambio de Era no se produciría.
 
¡Vaya, un astrólogo con la cabeza bien puesta sobre los hombros! ¿No supiste su nombre?
 
Sí, mi Rey. Abrajanson dijo que se llamaba Padiota.
 
Los ojos de Utzabora brillaron intensamente. Había que recuperar ese lazo perdido, pero tenía que obrar como si nada de lo que había oído lo hubiera oído.
 
¿Y qué mas?
 
Se acordó que la ceremonia de anunciación de la Princesa Djazia se convertiría también en la reafirmación de la unidad del pueblo yenín y que deberían de asistir los principales jefes de cada tribu para jurar lealtad al trono.
 
Un fuego interno le brotó por los ojos a Utzabora. ¡Había tenido razón al hacer lo que había hecho! ¡La jugada desesperada había surtido efecto! ¡Tenía que recuperar a ese Padiota! Sin una pitonisa se obraba a ciegas en un reino. Había que reconocer que había "cesanteado" a los astrólogos yenines muy precipitadamente. Tendría que reconsiderar su decisión. Pero no podía hacerle ver a Caretio la alegría que sentía. Caretio era su perro de seguridad.
 
¿Y qué mas?
 
De importancia mas nada, pero puedo entregarle una transcripción total.
 
Está bien, déjala sobre mi escritorio.
 
El jefe de la Inteligencia hizo por irse quedándose.
 
¿Sí?
 
Mi señor..., creo necesario advertirle que todo esto pudiera ser una añagaza para que bajáramos la guardia.
 
El Rey fingió caer en cuenta de lo que le decía Caretio:
 
En efecto..., sería una trampa perfecta... Invita a ese Abrajanson para que venga antes de la fecha de la ceremonia. Trata de que alguien espíe de cerca a Padiota... y toma cualquier otra disposición que estimes pertinente. ¿Bien?
 
Muy bien, mi señor.
 
Caretio antes de retirarse de los aposentos reales, dejó un manuscrito donde al parecer se recogía la reunión secreta en todos sus detalles. Posteriormente se dirigió hacia las habitaciones de Kichora, en las que se encontraban además la princesa Djazia y el Maestro Xenón.
 
Caretio logró escuchar la voz demasiado tranquila del hermano del Rey:
 
No te preocupes, sobrinita, por nada del mundo me perderé la fiesta de tu presentación, ni mucho menos la desluciría muriéndome.
 
Ya sabía que tú eras muy considerado para hacerme esa porquería.
 
La joven le dio un beso en la mejilla y se retiró.
 
Ey, mira Xenón quién viene aquí, tu primo. ¿Qué haces por mis lares? ¿Quieres asegurarte que no sabotearé la ceremonia?
 
Caretio se sonrió y nada dijo, porque esas bromas sólo las podían hacer las bocas reales.
 
Deseaba saludarte, pero no pensé que estuvieras ocupado con Xenón.
 
Nada que no puedas saber... Aquí nuestro distinguido profesor del orden interior me examinó los meridianos de la energía Chi, pero mi sobrina impidió con su oportuna presencia que me expusiera los resultados... No tengas pelos en la lengua, amigo, tu pinquisitivo primo lo averiguará de todas formas.
 
Xenón recurrió al espléndido dominio de sí que poseía y contestó:
 
Bien, quisiera equivocarme en mi apreciación y considero oportuno que otro especialista en energía Chi lo examine, pero he encontrado tres meridianos alterados y desplazados de lugar, lo que parece ser irreversible y conducente a una deterioración progresiva. La baja de peso que ya se observa se irá haciendo cada vez mas pronunciada y el interior irá perdiendo masa para gasificarse.
 
¿Y me convertiré en un globo antes de la ceremonia o podré contribuir a adornarla?
 
Podemos hacer el intento de que no flote para esa fecha... Digamos..., faltan tres meses... Sí, creo que sí. De todas formas quizás se pudiera cargar sus vestiduras con algún peso.
 
Caretio estaba consternado ante las eventualidades que aquellos hombres desmenuzaban ante su presencia con la mayor desenvoltura. Tentado estuvo de pensar que le estaban corriendo una broma, pero él sabía que la enfermedad era verdadera: Terencio extendía sus huesos ya descarnados para llevarse a la tumba a su matador.
 
 

*    *    *
 
 

Xenón y Caretio conversaban en la habitación de este último, después de haber salido de las del Rey.
 
¿Es cierto que el hermano del Rey está tan mal?
 
Sí. Está condenado a muerte. No se puede hacer nada. Por lo menos yo no sé que se pueda hacer nada.
 
Caretio suspiró, porque Kichora era simpático y buena gente.
 
Primo continuó Caretio, he notado que tanto tú como Cantarbia, y diría que él mas que tú, evitan sistemáticamente venir al Castillo Imperial.
 
Xenón tomó un sorbo del té de guarana que le había traído un sirviente y luego contestó inmutable:
 
No hay nada de extraño en ello. La misión que nos ha encomendado el Rey es muy delicada y aquí en el castillo todo es muy público. Es mas fácil mantener en penumbras nuestra actividad si la hacemos fuera del centro del Mundo.
 
¿Qué te parece Canildo?
 
Muy buen alumno... de Cantarbia, y tiene al parecer muy buena suerte.
 
¿Y Kresmata?
 
Xenón lo miró con cierta extrañeza.
 
Caretio le respondió al gesto:
 
Te diré ahora porqué. ¿Kresmata o él pudieran despistar a dos soldados nuestros que los seguían?
 
Xenón tomó otro sorbo del té y le contestó:
 
De Kresmata no te puedo decir nada, aparte de que es una persona alocada y que como cocinera no es tan buena como dice la fama Caretio dejó escapar la insinuación de una sonrisa. Pero contéstame a mí primero: Esos soldados... ¿eran Maestros?
 
No, claro que no. Son simples soldados del Castillo.
 
¿Con experiencia guerrera?
 
No, simples soldados.
 
Entonces, Caretio, esos soldados se pueden despistar por sí mismos sin de que los despisten y sí, Canildo los puede engañar sin casi esfuerzo. Es uno de los alumnos mas aventajados de Cantarbia. Así que prepara una buena excusa para el Rey.
 
Caretio negó con la cabeza.
 
No, primo, fue una iniciativa de mi parte, pero enseguida les dieron el esquinazo.
 
 

*    *    *
 
 

Mas tarde Cuasicasio y su padre tuvieron una conversación seria, como nunca antes la habían tenido.
 
Hijo mío, estoy enfermo como ya sabes, y no le encontramos la cura a lo que tengo desde mi combate con Terencio, Xenón opina que tiene relación con la indigestión. Tú ya sabes que las carnes son fuentes de muchas enfermedades y no viene en este momento al caso que nos pongamos a hacer suposiciones al respecto, ni voy a aspirar a convertirme en vegetariano, como si fuera un vulgar mago blanco. El hecho es que me muero y tú tienes que darle apoyo a la familia. Afortunadamente tu mamá falleció hace mucho y no tendrá que pasar por el proceso de mi depauperación, pero siempre hay alguien a quien apoyar, y en este caso tú tendrás que apoyar a tu tío. Nosotros siempre hemos sido muy unidos y el veneno del Poder no ha podido separarnos.
 
El rostro del muchacho continuó impasible mientras expresaba:
 
No te preocupes, papá, ayudaré a mi tío en todo lo que pueda.
 
Hablaron algunas banalidades y el muchacho se retiró a su cuarto. "El viejo se va a bolina y lo que le preocupa es su hermano. Esa devoción se pasa de la raya. La vida es una reverenda mierda. Primero fue la vieja, y ahora le toca a él. Se me muere."
 
Se miró en el espejo y se sorprendió de que no lloraba. Su rostro no decía nada. Tuvo una tos ahogada, extraña. Y tuvo otra, y otra más. Y eso fue todo. "Tres toses de réquiem y para el hoyo." Al llegarle esta imagen se le asoció con el del "y el vivo al pollo", por lo que se encaminó al cuarto de Mirta. Hacía ya como dos horas que descansaba la muchacha y él estaba convencido de que el ocio no ayudaba a mantener las buenas costumbres.