CAPÍTULO VIII
Kresmata fue interceptada por Djazia:
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En la supersecreta reunión participaban los jefes de las diez tribus, un asesor extranjero vestido de incógnito, y el príncipe Darnelio, hijo del Rey Nabuco. Éste último, de rostro panorámico con ojos pequeños aromatizados con un delicada expresión de víbora rabiosa, dio inicio al conciábulo.
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Caretio, ojeras con nombre, trataba de adivinar hasta dónde era cierta la tranquilidad del Rey Yenín. "No creo que sea sincera su postura. Quizá hay algo de resignación, de un hice todo lo que pude."
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Padiota se sentó en sus habitaciones en el Castillo de Nizán y empezó a temblar como una hoja. Acababa de sentar a Darnelio en el sillón del Destinium que recién había terminado de fabricar. Y había visto el nuevo futuro... El Rey Nabuco también lo había visto, pero Padiota había nublado determinadas partes. Tendría que esperar a que fuera mas tarde.
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Caretio, disfrazado, junto con dos miembros del Servicio de Inteligencia. tomaba un delicioso jugo de chinches en las afueras del Palacio Real en Nizán, la capital de Heremia. Ya el mercado comenzaba a tener su movimiento, que poco después se tornaría torbellinesco.
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El muy idiota!
gritó Darnelio ¿En dónde va a estar mejor? Él sabe cómo lo busca el Rey Exeno y qué puede esperar de él.