CAPÍTULO X
 
 

Tzarcáver se despertó ante el hálito helado: un frío de tumbas esculpido en piedras rugosas de ruinas contrahechas. Una ráfaga que estremecía La Cuerda haciéndola vibrar en un sonido de lamentaciones y terrores. Sudaba frío. El peligro se podía sentir en la yema de los dedos que ardían como si estuvieran metidos entre hielo ártico. Había una Presencia. Se levantó para ir a la habitación de su madre, y se sintió desorientado: no estaba en el Palacio Real, estaba en la Gobernación de Xaca. Ya faltaban veinticinco días para la ceremonia de Presentación. No se podía imaginar qué cosa esperaba su madre que ya había recibido la orden del Rey de marchar hacia la corte.
 
La puerta de la habitación de Nichamendis estaba cerrada. Sin tener que recordarlo usó las instrucciones de Xenón referente a la Magia Cerrajera y venció el conjuro. Cuando entró notó el vacío del misterio: ni su madre, ni su eterna acompañante, Vacinia, se encontraban ahí.
 
Empezó a registrar el edificio de la Gobernación y sintió un vibrar en las mazmorras. Aplicó el Don de la Salamandra y la mezcló con un cambio de nivel, algo que no estaba en ningún libro, pero que a él se le había ocurrido practicar y cuyos resultados habían sido estremecedores, pues en cierta ocasión que jamás se le podría olvidar, ni el mismo Rey Utzabora había podido detectar su presencia. Tzarcáver sabía que se había jugado la vida en aquellos momentos al espiar a su padre sin que éste lo notara y presentía que se la estaba jugando también en este momento. Se acercó a la fuente del cambio y empezó a oír voces que escuchaba deformadas por el cambio de nivel.
 
¡Llama de inmediato al Gobernador!
 
¿A estas horas? contestó el adormilado Jefe de la Guardia.
 
El encapuchado salió de la pequeña celda. El muchacho presintió mas que verlo el bulto sobre el piso de la celda entre dos figuras que al parecer lo habían transportado. "¡Padiota!", adivinó el muchacho: Dones de los Servidores de La Cuerda.
 
El encapuchado lo miró y se decidió:
 
Dile que Caretio está aquí.
 
¿Caretio? ¿Qué Caretio?
 
Imbécil, el Jefe de la Seguridad del reino. ¡Corre a avisarle antes de que...! se interrumpió por la llegada de Sindulfo, el Gobernador de Xaca.
 
¡Coño! exclamó Sindulfo La Cuerda está que se oye en todo el Reino, Caretio.
 
Caretio se sintió extrañado:
 
¿Quién te avisó? Llevo una hora tratando de que el imbécil de tu guardia me deje entrar con... lo que traigo para Utzabora y que te avise y ni sabe quién soy yo.
 
Sindulfo, un hombre extraordinariamente alto, miró a todos los lados como si olfateara algo, pero no dejó de hablar mientras lo hacía:
 
Amigo, no llegaste hace un hora, sino hace tan sólo diez minutos y coincidió con el toque de la Cuerda...
 
¿Pero tú crees en esa vainada?
 
Sindulfo lo miró con burla:
 
A ti te pueden tocar un campanario en el oído que no te darías cuenta de nada volvió a mirar a todos los lados Sindulfo. ¡Coño! Aquí hay algo anormal. ¿Vienes con algún Maestro?
 
Tzarcáver se alejó un poco mas en el nivel. La visión normal se le hizo mas extraña aún si cabe, pero notó que Sindulfo se tranquilizaba. Este personaje poseía un aura que sólo se podía captar desde esta región paranormal. La potencia que se desprendía de él no correspondía en absoluto con la de un gobernador Yenín. De entrada era un creyente y percibía La Cuerda. Pero había más... Tzarcáver se llenó de asombro: ¡estaba apadrinado! ¡Vigodo! ¡El Padrino de Machihuerta! ¡Este hombre había sido un traidor al servicio del finado Terencio! ¡Este hombre seguía siendo un traidor! Vio detrás de Sindulfo las sombras de un Rey, de un príncipe, ¡heremitas! Pero no solamente estaban esas sombras, todos los demás reyes yenines, ¡hasta un mago blanco! Era la Conspiración del Mundo en contra de su padre. Su padre había condenado al clan Exeno a la destrucción.
 
¡Llévame al Puerto Paralelo! le ordenó Caretio al Gobernador.
 
¿A quién traes ahí? preguntó simulando indiferencia Sindulfo.
 
El pobre Caretio, qué se iba imaginar él.
 
Sindulfo sabía quién era esa figura inconsciente y sabía la importancia que tenía que no cayera en manos del Tirano.
 
Una Presencia comenzó a surgir de las piedras, una Presencia asquerosa, rojiza.
 
Sindulfo había llamado a Vigodo.
 
¿Qué diablos está ocurriendo aquí? se extrañó Caretio, quien sabía que una Entidad se estaba haciendo presente, pero no reconocía las características propias de Catania.
 
Un ciego no vería la potencia que asumía momento tras momento Sindulfo.
 
¿Qué...tú...?
 
Caretio en un acto reflejo rompió un cilantro de los varios que poseía en distintas partes de su vestidura.
 
Tzarcáver "vio" a su padre despertarse de pronto en el Palacio y sintió como invocaba a Catania.
 
Caretio fue un valiente hasta el final.
 
Supo que estaba muerto antes de estarlo, pero reaccionó con vigor. Sacó un cuchillo y se lo clavó al jefe de la guardia y gritó:
 
¡Traición! y se puso junto con los otros dos acompañantes para defender la presa.
 
Una garra rojiza de sapo gigantesca surgió del Santuario y agarró a Caretio y a sus dos escoltas haciéndolos desaparecer entre gritos de horror. Pero una fetidez amarilla empezó a invadirlo todo. Catania venía, surgía y gritos infrahumanos retorcían los espacios intraespacios.
 
Sindulfo pretendió acercarse a donde se encontraba Padiota, pero ya Catania se hacía fuerte en el lugar. Otra Presencia comenzó a surgir y fue como si estuviera todo en el fondo del Mar. ¡El Dragón Shalaputro y detrás la figura de Arihmánn, el Guardián de las Entidades que había sido impuesto por el Consejo del Reino a Utzabora a cambio del apoyo a la Corona yenina!
 
Catania gritó la posesión del territorio.
 
Vigodo exudó el robo y el secuestro.
 
Shalaputro determinó que Padiota, después de muerto, le correspondía al Búho.
 
"¡Lo quiero vivo!", gritaba inútilmente Utzabora.
 
Catania asentía que no era posible dejar vivo a Padiota, pero debían marcharse de inmediato de su territorio.
 
"¡Quiero a Padiota vivo!", vociferaba inútilmente el Tirano.
 
Debo hacer notar que en el terreno sólo me encuentro yo, expresó Sindulfo, el Buen Traidor.
 
La muñeca izquierda de Tzarcáver comenzó a arderle por el brazalete invisible venido del Santuario.
 
¡Yo lo apadrino!, gritó Catania.
 
Shalaputro lo aceptó con su voz silbante: Yo daba por supuesto la paridad sobre el terreno, mi querido Búho, no era necesario hacerlo.
 
En efecto, consintió Vigodo, yo también aceptaba la paridad de representantes en la Realidad Baja.
 
Por si acaso, insistió el Pájaro, pero además reclamo los cuerpos de los enviados del Rey. Nosotros no somos puercas Orcas, y tembló de espanto, no tan sólo porque la Mirada Orca era una de las pocas cosas capaz de aniquilar una Entidad, sino porque tanto a Cirnelda como a Catán les había sido augurado desaparecer así por un célebre pitoniso de la Primera Edad.
 
Bueno, aceptó Vigodo y vomitó los restos que cayeron sobre la Realidad Baja.
 
El traidor me pertenece, exigió Catania, ¿qué hace esta Luna tan grande aquí?
 
Creo que hemos abierto mucho espacio aquí.
 
Sí, opinó Shalaputro, no podemos seguir mucho tiempo reunidos, porque la curvatura se va a ampliar.
 
Cuando Tzarcáver vio la Luna tuvo una idea para tratar de salvar a su amigo. La mezcla de las dos realidades le había hecho comprender el intríngulis de la relación Padrinoapadrinado. Ni Utzabora, ni Sindulfo, ni Arihmánn tenían una visión real de lo que se discutía entre las Entidades. Movió el Reflejo lunar y se dio cuenta de que Catania sutilmente lo apoyaba, cuando logró la imagen virtual, hizo la sustitución y "envió", en realidad lo hizo Catania, para su habitación el cuerpo verdadero, a Padiota.
 
Catania le dijo al Tirano que le iba a permitir materializarse ante Padiota, pero que él mismo tenía que ajusticiarlo. Hazle un par de preguntas.
 
¡No estoy de acuerdo!, bramó Vigodo.
 
Shalaputro: ¡Cómo jode la Luna!
 
Ya me tienen cansados estos tipos, ¡Hasta se creen que ellos son los que realmente mandan!
 
Utzabora, totalmente animalizado, se materializó cerca de la copia del cuerpo inmóvil de Padiota.
 
¡Qué peste a mierda! bramó el tiranococodrilosaurio.
 
Sindulfo se dio cuenta de este detalle una vez que lo mencionó el Rey.
 
Pero la peste no surgía del cuerpo de Padiota, sino del cuerpo del Jefe de la Guardia. que yacía cerca.
 
¡Padiota, hijo de puta, despierta!
 
Padiota se despertó y se aterrorizó por completo al ver las mandíbulas del Rey.
 
¿Qué has visto de nuevo, mariconsón? ¿Logré mis objetivos?
 
Sí..., mi señor. No se producirá por el momento un Cambio de Era.
 
¿No desaparecerá mi tribu?
 
No..., los Exenos sobrevivirán, los yenines sobrevivirán, no habrá grandes cambios todavía.
 
Y...¿yo? ¿Qué será de mí?
 
¿De usted, mi señor?...
 
Por la manera de temblar que tienes ya sé lo que me espera y lo devoró en un santiamén.
 
Se volvió hacia Sindulfo.
 
Degenerado traidor. Desde los Machihuerta, eh, cabrón.
 
Eres tan sólo un despreciable tirano.
 
Acuérdate de que el traidor no es menester siendo la traición pasada.
 
Nada de eso, criminal, soy un Buen Traidor, un traidor noble y puro en función de las causas mas elevadas.
 
¿A causas elevadas te refieres cuando hablas de esas Entidades de porquería que nos usan como piezas de su tablero de ajedrez?
 
Te tengo que imponer la censura, intervino Catania, te voy a llevar de vuelta.
 
Utzabora "buscó" a su mujer con la mente y la encontró cerca del volcán Fragor y nada dijo. "Ten cuidado, Catania, no te lleves una desagradable sorpresa", pensó ladinamente.
 
De Tzarcáver no había ni rastros.
 
Desapareció la figura del Rey y las Entidades se fueron desvaneciendo, no antes de que Catania le dijera a Tzarcáver: Me llevo tu nombre. Y una ráfaga lóbrega le traspasó el cuerpo al hijo del Rey. Había que poner en su lugar a un jovencito que se atrevía a engañar a las Entidades.
 
Sindulfo notó de inmediato la falta de un cuerpo y vio a su Jefe de Guardia abandonando el recinto.
 
¿Te vas? sólo atinó a decir.
 
Me voy, no: Me fui. Qué va, jefe, usted está metido en líos demasiado gordos.
 
¿Pero no estabas muerto?
 
¿No me ve, que me voy, que me marcho, que me esfumo, que me voy con mi música a otra parte?
 
Pero ¿no sólo a altas horas de la noche dejas entrar a quien no conoces en mi casa, te dejas acuchillar como si fueras un criado de servicio, te haces el muerto cuando me juego el pellejo, sino que además te largas sin preocuparte por mí, por tu señor, por quien tú disfrutas lo que tienes?
 
Mire, mi muy señor mío, ponga pies en polvorosa, que en estos momentos las huestes leales a Utzabora le deben estar buscando como cosa buena y no para desearle los buenos días.
 
¡Pero qué mierda eres! En las buenas te comiste mi comida y en las malas si te vi no me acuerdo.
 
El susodicho personaje empalideció y salió corriendo.
 
¡Y la peste que te mandas!... ¡Zabastán!, debes ser un excremento de Cirnelda.
 
Pero cayó en cuenta de que algo de sentido común había en lo dicho por el hijo de Cirnelda y se marchó presuroso.
 
El hijo del Rey Utzabora volvió a la Realidad Baja sin ningún interés. Ya no le apremiaba nada. Fue a su cuarto y en su cama estaba Padiota todavía sudando frío.
 
¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo estoy vivo todavía si el Rey me comió?
 
El Rey se comió tu holograma mas algunos restos de los que Vigodo devolvió.
 
¿Un qué...? ¿Un truco? ¿Fue la Luna?
 
Sí, fue un truco de la Luna.
 
Me salvó el Mago de la Luna. Me salvó el Mago de la Luna, er..., este, no me sale tu nombre, tú serás el Orlun entonces.
 
Deja de decir estupideces, yo me llamo..., humm...
 
¿Qué vamos a hacer?
 
El hijo del Rey Utzabora sin expresión, sin angustia, dijo algo sin sentido:
 
Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.
 
¿Qué?
 
Vanidad de vanidades.
 
No te entiendo.
 
Tenemos que desaparecer.
 
Me tienes que seguir salvando. Eres mi única salvación.
 
Ya no puedo seguir salvándote. Catania me robó mi nombre. Me robó mi espíritu. Aunque me ayudó no perdonó que fuera capaz de engañar a una Entidad. Me tuvo miedo.
 
Tenía que esperar a su madre. Sabía que Utzabora había sabido que su madre había ido al volcán Fragor, pero también sabía que su padre no quería que las entidades lo supieran. Y descubrió qué era su madre. La Realidad Baja era un juego de la Alta y quizás la Alta fuera un juego de la Baja. ¿Quién era el que gobernaba? ¿Qué era la vida? Vanidad de vanidades.
 
La Cuerda era la Armonía.
 
El Ideal era el Equilibrio entre las Tensiones de la Cuerda.
 
Todo lo real eran vibraciones entre tensores.
 
Lo Real no era más que la Suma de Irrealidades que vibraban entre un Tono y Otro.
 
Y lo verdaderamente importante era lo que le había robado Catania.
 
Estaba muerto como Kichora, aunque como Kichora parecía que todavía vivía.