CAPÍTULO XI
Cuasicasio, contemplando la levedad del paso de su padre, pensó que ya le faltaba poco para flotar. Ya parecía un bailarín de ballet que estuviera en medio de una dieta suicida.
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Qué pensaría su madre para acabar de venir de la condenada Xaca? Ya faltaba tan sólo una semana para la presentación. Ya una delegación de los Heremitas acababa de llegar a Urfalia. "Mi padre no me ha dicho nada sobre esa gente." Djazia preocupada por sus propios problemas no se había dado cuenta de que el monstruo de su padre ya no la trataba igual.
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Xenón se inclinó ante la Bestia:
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El Rey mandó a llamar a Naykón, el segundo de Kichora en el Ejército, y a Tzutno, el que había sustituido al finado Caretio.
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La comitiva real salió de madrugada para el Lago Negro. Nichamendis no se ofreció en ningún momento a la vista pública, ni tampoco Kresmata y sólo Djazia asomaba su cabeza de vez en cuando para observar los jinetes. El hijo del Rey iba en la carroza de Kichora con Cuasicasio y Xenón. Cantarbia iba de jinete con todos sus arreos y detrás le seguía Canildo sobre otra montura menos soberbia, con el gudelio a la cintura, que le había sido regalado por Cantarbia, lo que resultaba increíble pero cierto, aunque el gudelio presentaba una apariencia inocente de hacha común.