CAPÍTULO XI
 
 

Cuasicasio, contemplando la levedad del paso de su padre, pensó que ya le faltaba poco para flotar. Ya parecía un bailarín de ballet que estuviera en medio de una dieta suicida.
 
A pesar de que presentía que era cierto, se resistía a creer lo que le había dicho su primo. ¡Qué manera de equivocarse todos con su primo! Si Utzi hubiera sabido bien la clase de hijo que tenía le hubiera dejado el reino a él y no a la hija de puta de su hija. Lo que le pasaba al hijo del Rey era un problema de celos, de un hogar desgraciado a pesar de ser un hogar Real. Djazia siempre se había llevado las palmas. El padre por otro lado siempre había sido un animal, y nunca nada mas cierto que esto. La madre por otro lado era un pájaro extraño sacado de otro mundo. Nadie sabía a derechas cómo siendo de una familia tan desconocida de la región de Xaca había sido ascendida a Reina por el matrimonio con el Rey, sobre todo si se tenía en cuentas la escasez de virtudes anatómicas de Nichamendis. Lo mejor que se podía decir de ella, lo mas notable de la Reina era sin dudas su rostro, en el que en unos ojos grandes como platos nadaban unas nubes cataráticas espléndidas, todo este conjunto bellamente enmarcado por unas ojeras inmensas de un agradable azabache tiznado. Cuasicasito no podía saber que nunca se había cumplido mejor el dicho de que "el amor entra por la cocina"; sobre todo, si se agregaba que había sido por la cocina de Kresmata.
 
Era increíble como la hija de puta de su prima los había dominado a él y a Canildo. ¡Dominarlo a él, a Cuasicasio Exeno, un tipo encojonado! Cuasicasio no se lo podía explicar. ¡Cómo sabe esa chiquilla estúpida! En realidad el Arte de la Dominación era una cosa tremenda. Pero él aprendería a hacerlo mejor que esa presumida arrogante orgullosa. No sabía qué le asombraba más, si la dominación tan perfecta que había realizado su prima, o la manera tan brutal en que los había desintoxicado el hermano de la Princesa. Aunque su primo le había achacado su éxito al estudio adecuado del "Arte de la Rebeldía", él pensaba que lo que había en el fondo era una aplicación de la Dominación en contra de una Dominación. Su primo los había obligado a liberarse de la dominación de Djazia. Luz Bella era una anarquista y la disciplina social era necesaria. La rebeldía por la rebeldía no tenía sentido. Era una cosa propia de Orcas.
 
La autoridad de su primo, enmascarada en su rebeldía, mostraba que era hijo de quien era hijo, pues las malas lenguas aseguraban que desde que habían destetado a Utzabora, éste había sido quien gobernaba al clan Exeno.
 
Esto le trajo a su memoria algo afirmado por el hijo del Rey sobre la relación entre Utzabora y Kichora. ¿Sería cierto que la tan mentada fidelidad de Kichora por su hermano era un efecto de un conjuro de Dominación? ¡Qué triste y ruin era la contaminación del Poder!
 
Y hablando de poder ¿cuál sería el futuro del hijo del Rey cuando Djazia fuera Reina? De pronto tuvo miedo, porque ¿qué sería de él mismo? Se había desinteresado demasiado del mundo político, del mundo real por las nalgas de Mirta. Era hora de mirar por el propio pescuezo, porque su prima no lo tragaba a él.
 
 

*    *    *
 
 
¿

Qué pensaría su madre para acabar de venir de la condenada Xaca? Ya faltaba tan sólo una semana para la presentación. Ya una delegación de los Heremitas acababa de llegar a Urfalia. "Mi padre no me ha dicho nada sobre esa gente." Djazia preocupada por sus propios problemas no se había dado cuenta de que el monstruo de su padre ya no la trataba igual.
 
La otra situación grave era la de su hermano. ¡Hacerle eso a ella! Ella lo quería de verdad, pero... las Leyes del Poder eran inexorables, y la ecuación de Maquiavelo daba un resultado claro: ella sería el nuevo Poder y su hermano era un peligro enorme porque ya se le había opuesto. "Nadie puede ya asegurar que no habrá una segunda vez. Qué lástima."
 
El caso no era nuevo. En lo que se conocía de la historia política del mundo, sobre todo entre los merlos, la eterna e inevitable lucha por el poder había enfrentado miembros de una misma familia real y no sólo se había producido la destrucción de esa familia, sino también del mismo reino.
 
Ella quería a su hermanito y le daría mucha pena tomar la previsiones del caso, pero algunos pudieran haber tomado a mal el castigo de los Machihuerta y desear la revancha, a los que sin falta se les ocurriría utilizar al imbécil de un hermano rebelde.
 
Ella quería mucho, mucho a su hermano del alma y llegado el momento lo extrañaría una enormidad, pero él debía de haber seguido en la misma línea política comprensiva que había tomado referente a la herencia del Reino. Él y sólo él era el responsable de haber colocado en una posición tan incómoda a los que lo querían de verdad.
 
El otro a considerar era su primo Cuasicasio, pero... cada cosa a su tiempo. Quizás después que él observara, y ella cuidaría muy mucho de eso, la lenta y minuciosa medida de anulación que tomaría con el de los dos amado, con el sorprendente hermanito, quizás estuviera dispuesto a arrastrarse a sus pies y desde luego, no metafóricamente.
 
Por supuesto, Canildo sería de ella. Ya ella había tomado su previsiones al respecto y le había implantado hacía mucho tiempo una feromona compartida, un antiguo pero muy efectivo truco de dominación amorosa. Canildo era suyo. Y en eso no podía haber la mas mínima duda. En última instancia se haría una experta en el Encantamiento de la Papaya.
 
Quedaba desde luego el asunto de su padre. Estaba sencillamente imposible con esa apariencia de escorpión cocodrilizado que ya no podía abandonar. Ella tenía, primero, que ser anunciada como la Heredera, bueno, primero tendría que ir mañana a es absurda ceremonia del Lago Negro. "Un baño en el Lago de los Muertos. No sé qué poder dará eso." Y esa cantaleta de la preparación, porque el baño era peligroso. "Cosas de hombres. Siempre están viendo peligro en todo." Lo básico era ser apadrinado. "El que no tiene padrino no corta el pastel. Quisiera que Catania me apadrinara. Arihmánn me dijo que Vigodo pudiera apadrinarme, pero quién le dice a la Bestia eso, si esa Entidad era la de Terencio."
 
 

*    *    *
 
 

Xenón se inclinó ante la Bestia:
 
Aquí estoy, mi señor.
 
De inmediato el Maestro se dio cuenta de que ya el Rey no volvería a recuperar su aspecto normal. Utzabora debía de hallarse bajo una fuerte tensión.
 
Xenón el sentido de lo que bramaba el Rey tenía que ser prácticamente adivinado, ¿los muchachos están preparados para el Lago?
 
No estoy muy seguro acerca de Djazia. Quizás fuera oportuno
que ella no se iniciara como bruja mañana.
 
¿Por qué?
 
No ha tomado en serio la ceremonia, piensa que es una simple tradición sin sentido.
 
¿Y no lo es? y el monstruo hizo un sonido que pudiera ser una risa.
 
Mi señor sabe que puede convertirse en una cosa muy peligrosa.
 
Por regla general los brujos se iniciaban con facilidad, quizás tenían que apartar un muerto que se encaprichaba en molestarlos un poco, o quizás había una deuda de sangre familiar y había que sobrevivir a algunos combates cuando más, pero había habido casos en que el asunto había tomado proporciones alarmantes. Al mismo Utzabora lo habían tenido que rescatar entre cinco familiares.
 
¿Y tú crees que ella puede correr peligro?
 
Señor, no le ha dado la gana de prepararse por si surge algún inconveniente, y por eso creo que no debe iniciarse. Debe prepararse e iniciarse después.
 
Ya no hay tiempo, Xenón. Mañana debe entrar al Lago, si no sale ya sé que no es culpa tuya. Es una lástima que mi hijo no haya venido todavía.
 
Xenón se extrañó:
 
¿No vino con la Reina?
 
¿Pero ya vino Nichamendis?
 
Xenón se encontraba incómodo, pero él no tenía la culpa de la desinformación del Rey.
 
Ella me fue a ver para pedirme que quería estar presente en la ceremonia de iniciación de sus hijos, junto con otros cortesanos y familiares que se han brindado también.
 
El Rey se rió y preguntó:
 
¿Iba con velo?
 
Sí, mi señor se sorprendió Xenón.
 
El Rey se regodeó con la idea de que la Orca ya se había cargado de energía en el volcán.
 
Crees que mi hijo esté bien preparado?
 
Salvo Djazia todos los demás están muy preparados.
 
Cuando termine la ceremonia los llevas al Pabellón de Caza.
 
Comprendido.
 
 

*    *    *
 
 

El Rey mandó a llamar a Naykón, el segundo de Kichora en el Ejército, y a Tzutno, el que había sustituido al finado Caretio.
 
Escúchenme bien graznó berreando, para el día de la Presentación tú, Naykón, debes tener preparado el Plan de Defensa Casa por Casa de todo el Reino, sobre todo en Urfalia, y tú, mi estimado Tzutno, espero que me puedas informar de algo substancial y no de una lista de todos los que vienen en las delegaciones que, casualmente, coincide en su totalidad con la que me había entregado el Canciller Kezel, que a su vez la ha recibido de las embajadas. No pretendo que adquieras la décima parte de la habilidad de Caretio, sino que de vez en cuando me informes de algo realmente nuevo. ¿Me entiendes?
 
El aludido, subyugado por las mandíbulas reales, asintió con movimientos espasmódicos.
 
"Si el tipo supiera cómo me excita ese terror que tiene corría a que Xenón le diera clases de estoicismo."
 
Retírense antes que me los coma.
 
Los dos no pudieron evitar un cierto apurillo superior a las normas cortesanas.
 
 

*    *    *
 
 

La comitiva real salió de madrugada para el Lago Negro. Nichamendis no se ofreció en ningún momento a la vista pública, ni tampoco Kresmata y sólo Djazia asomaba su cabeza de vez en cuando para observar los jinetes. El hijo del Rey iba en la carroza de Kichora con Cuasicasio y Xenón. Cantarbia iba de jinete con todos sus arreos y detrás le seguía Canildo sobre otra montura menos soberbia, con el gudelio a la cintura, que le había sido regalado por Cantarbia, lo que resultaba increíble pero cierto, aunque el gudelio presentaba una apariencia inocente de hacha común.
 
Cuando llegaron a la aldea Mordor, ya atardeciendo, todos tuvieron que abandonar las carrozas y marchar a pie por un sendero agreste, pero afortunadamente de poca extensión. Aunque se le llamaba el Lago Negro las aguas eran cristalinas a mas no poder, a pesar de que era el cementerio de todos los brujos y estaba repleto de cuerpos corruptos. Kichora caminaba de modo extraño, porque ya necesitaba llevar peso adicional en las botas para evitar el peligro de que una brisa fuerte se lo llevara a bolina.
 
Bueno muchachos dijo el hermano del Rey, les deseo suerte.
 
Xenón esperó que Kichora le hiciera una indicación y después dijo:
 
Bien, ya puede comenzar la ceremonia. Djazia, serás la primera a entrar.
 
La joven en cuanto oyó lo dicho por Xenón, con una naturalidad totalmente natural, se quitó toda la ropa, sin asomo de ninguna afectación caminó hacia el agua, se metió en ella, apartó algunos restos, nadó un poco y le gritó a Xenón que no se había movido:
 
¿Cuánto tiempo tengo que estar aquí?
 
Xenón observó que al parecer todos los muertos estaban bien muertos y realmente todo había salido perfecto.
 
Ya puedes salir.
 
La joven salió como si tal cosa, sin pudor alguno se mostró toda, se secó y se vistió como si hiciera todos los días lo mismo. Se sentó sobre una roca y fue entonces cuando miró a Canildo y se sonrió.
 
Xenón se alegró por lo ocurrido, pero dijo:
 
Esto que ustedes vieron no acostumbra a pasar así. Como ya les he dicho el Lago responde de una manera distinta a cada persona y deben estar preparados para cualquier eventualidad.
 
Xenón se detuvo tratando de recordar el nombre de quién iba a mandar al Lago, pero no le venía a la mente y tuvo que señalarlo con la mano.
 
Maestro le preguntó el señalado, ¿no siente la Cuerda?
 
En efecto, se estaba produciendo un movimiento armónico.
 
Concéntrate en lo que vas a hacer y olvídate de la Cuerda y de todo.
 
Así lo hizo el hijo del Rey y en plena serenidad, con la ropa puesta, entró en el Lago, pero con él los muertos cobraron vida. Movimientos dispersos, algunos halones y tirones, una cierta danza para aquí y para allá, pero también salió sin mayores incidencias.
 
Cuasicasio era el que iba en turno, y se quitó la ropa, aunque se quedó con una ligera pieza, y ya el Lago presentaba los movimientos de un despertar.
 
Xenón lo detuvo con una mano y se quedó tratando de sentir si la Cuerda se afectaba por su decisión, pero la alteración seguía igual.
 
Procede.
 
El movimiento de la Cuerda parecía no tener que ver con esta iniciación.
 
Cuasicasio entró con lentitud, un muerto, mejor dicho, una muerta se encaprichó con él, pero sólo lo seguía a todos lados y no quería dejarlo salir. Él le habló firme y después de quince minutos pudo abandonar las aguas del Lago sin mas tropiezos.
 
Canildo se quitó las ropas y también se quedó con una pieza íntima. Pero apenas entró en el Lago varias manos lo agarraron con fuerza queriendo arrastrarlo hacia lo hondo.
 
Xenón observaba tanto el movimiento desusado del Lago que indicaba que a lo mejor Canildo no lograría salir del Lago de los Muertos, como la tensión de La Cuerda, que no había sufrido cambio alguno. Luego el hecho importante no era lo que ocurría en estos instantes.
 
Kresmata daba saltos y gritaba:
 
Sal Canildo, sal.
 
Pero aún cuando quisiera hacerlo no parecía una orden fácil de cumplir. En todo lo que abarcaba la vista el Lago parecía un hervidero. Djazia se había parado, pero realmente no asimilaba que Canildo estuviera en peligro. El mismo Canildo no daba la sensación de que estuviera en peligro. Esquivaba a algunos, golpeaba a otros, como si estuviera en medio de un combate de entrenamiento.
 
Cantarbia sin embargo con un arma en cada mano se adentró en el Lago para rescatarlo. Y hacia él se lanzaron con mas furia si cabe los muertos que salían despedazados en todos lo sentidos, mas muertos aún, si cabe esa expresión. Kichora, con un gesto de furia en su rostro, ante todo por su inutilidad, ordenó:
 
Xenón, ayúdalo.
 
No es que Xenón no quisiera ayudarlo, sino que estaba concentrado en La Cuerda, porque quería conocer si lo que la hacía vibrar era lo que ocurría aquí o era algo que estaba ocurriendo en otro lado. Sin haberlo determinado todavía se adentró en el Lago coordinando sus esfuerzos con los de Cantarbia.
 
Acércate a ellos, muchacho, a ellos gritaba Kichora.
 
Vamos por él le dijo Cuasicasio a su primo.
 
Y los dos muchachos en formación india rotativa partieron en flecha hacia el amigo común y lograron romper el muro que se iba interponiendo entre los maestros y Canildo, y ponerse a su lado.
 
Vamos hacia la orilla le dijo Cuasicasio a Canildo.
 
En eso estoy, pero la resaca está fuerte.
 
De pronto se alzó otro muro de muertos entre Cuasicasio y sus dos amigos y otra ola de cuerpos descompuestos se llevó a Canildo Lago adentro.
 
Kresmata exhaló un grito y sacó un frasco con una receta que ella había preparado para congelar el Lago en un caso así.
 
Djazia de pronto comprendió que esto no era un juego, ni una ceremonia sin sentido y con un gesto soberano se lanzó al agua. La Cuerda en estos momentos reventaba gimiendo. Xenón trataba de comprender qué era lo que estaba ocurriendo. Parecía que en efecto el movimiento tenía su foco aquí, pero ¿en qué o en quién?
 
Cuando vio a Djazia se volvió a asombrar de que los muertos no se le interponían y ella pareció comprender de pronto lo que estaba ocurriendo y dio una orden. Y la ola que se había llevado a Canildo lo devolvió a la superficie y lo llevaba hacia ella. Y los muertos le entregaron a Canildo y ella lo agarró de la mano y se viró hacia la muralla de muertos que los separaban de los muchachos y ella dio otra orden y todos se fueron aquietando y los mas reacios se dejaban apartar sin mucha lucha y todo el grupo de los que se habían entrado al Lago fueron saliendo. Ya en la orilla, Canildo llevaba todavía una cabeza suelta que le mordía la pantorrilla. Djazia haló la cabeza por los pelos, le habló y la desprendió de la pierna de Canildo y la lanzó al Lago. Ambos se miraron y ella le puso una mano en cada hombro y le dijo:
 
Tú eres mío.
 
Y en un acto de liberación de la libido su vientre se le estremeció con violencia.
 
Xenón se estremeció, porque comprendió el porqué de la Vibración: Djazia tenía el Don de mandar hasta los Muertos, don que sólo había disfrutado Exén, el primer Rey yenín.
 
Kichora actuó de inmediato:
 
Todos a mi lado. Servidores, todos, tú Kresmata.
 
Cuando todos estaban apiñados, Kichora dijo:
 
Vamos a hacer un juramento, un juramento sobre el Lago Negro, bajo la invocación exénica. Los que violen este juramento serán castigados por el poder del conjuro. ¿Lo han entendido?
 
Algunos dijeron que sí y otros asintieron.
 
Kichora con la levedad de su paso mortal se dirigió a la orilla y enfrentó al Lago.
 
Invoco al cimiento del Lago, al contrato de Exén Se hizo un silencio profundo de todos los seres vivientes y no vivientes, un silencio de millas. Una brisa zarandeó a Kichora.
 
Es un juramento libre que consiste tan sólo en la prohibición de mencionar lo ocurrido aquí con la iniciación de Canildo. Canildo tuvo una iniciación tranquila. Es así como fue. ¡No pasó nada! ¡Nadie tuvo que intervenir!
 
Y se viró hacia los demás, pero indicó a Xenón.
 
Sin dudarlo, Xenón fue al frente y dijo:
 
Todo fue normal. Aquí no ocurrió nada. Lo juro.
 
Después fue Cantarbia y uno a uno todos fueron pasando, Xenón verificaba que todos dijeran los puntos esenciales, sobre todo el juramento. Al final Kichora comenzó a retirarse y Xenón se quedó mirándolo con fijeza y la mirada de respuesta de Kichora fue dura e imperiosa. Xenón también comenzó a retirarse, pero muy consciente de que Kichora no había hecho el juramento que le hubiera sellado los labios. Esto era secreto pero no para él y por lo tanto, tampoco para el Rey.