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    La verdad es un acuerdo social, sobre un enunciado, de un grupo dado en un momento dado

     a) Creencia y evolución social


    La creencia es el resultado de una oscilación individual que ha sido aceptada, creída por el entorno del creador, por lo que la supervivencia de esa creencia depende de razones sociales y estas razones tienen en cuenta la relación que tenga esta nueva creencia con las anteriores ya aceptadas y que forman parte de la herencia social, es decir, obedeciendo al principio de la coherencia, de la afinidad o atracción. La nueva creencia puede ser virtualmente digerida por las anteriores, puede ser añadida totalmente o en parte o puede entrar en conflicto con alguna otra creencia.

    Pero como la tendencia natural del cerebro es permutar y permutar y volver a permutar las relaciones de su información creando un hambre de novedad, una necesidad de cambiar la creencia, los seres humanos se ven siempre envueltos en una danza social encarnando, acorazados o bajo la máscara de las creencias. En las sociedades rígidas que van camino a la muerte o que están ya muertas en vida, la danza siempre es la misma y no hay máscaras nuevas. Y cuando éstas surgen a pesar del inmovilismo se crean las grandes escisiones. En las sociedades que progresan con mayor rapidez este baile es siempre incesante y cambiante y resulta difícil seguir la continua transformación de los disfraces y se vive en la locura de un carnaval que, en efecto, puede desembocar en la desintegración social.

    Aquí juega también la ley piramidal. El animal con mente que oscila tiende a comunicar su oscilación y la base mística del receptor tiende a convertirla en una creencia social, en una oscilación compartida. Lo que se cree no puede quedar intacto porque todos los que escuchan son osciladores naturales y cada cual trata de agregarle algo, se establece una atracción hacia los elementos compatibles y una repulsión hacia los incompatibles, pero la tendencia piramidal trata de establecer un dueño o centro de la creencia dentro del grupo de los creyentes que tratará de sustituir la relación de todos los creyentes con el exterior, pues es la única manera de que el dueño de la creencia superviva como tal. (El ente constituido existe como tal en tanto suprima o minimiza las relaciones de los constituyentes con el exterior.) Dicho en otros términos la creencia tiende a materializarse, a personalizarse.

    El verdadero motor de la historia, Carlitos Marx, no es la lucha de clases, sino la incesante generación de ruido interno en las cabezas individuales en contra de las creencias establecidas
, que son no sólo la imaginación socializada, sino también la materializada.[1]

     Si las creencias establecidas son exitosas al ejercer su censura social se establece el inmovilismo que sólo puede ser roto desde la cúspide. Si se permite la afluencia creadora de los individuos, la sociedad cambia, evoluciona.

     b) La esencia humana


    ¿Cuál es la característica sicológica que define la humanidad? En una nota ya dijimos que la deformación, la traslación, la generalización, la permutación o intercambio, la comparación, la coherentización o razonamiento, y la modelación o predicción de las relaciones. Es decir, la imaginación.

    Lo que el siglo de las luces llama razonamiento, no es más que el trabajo de la imaginación haciendo coherente la información que maneja bajo la censura social correspondiente. El hambre, la necesidad específicamente humana, que despierta el trabajo del la imaginación es el hambre de la novedad, hambre que genera las modas al vestir, en la música, etc., que al no ser satisfecha genera el hastío, y también ésta es un hambre que debe ser limitada, contenida por la sociedad, so pena de disgregación o locura.

    Las actividades de la imaginación definen todo el espectro humano: la
deformación incesante de las relaciones hace mentiroso involuntario al más objetivo de los observadores; la traslación le asigna cualidades inexistentes a los objetos, fuente perenne de la burla y el arte; la generalización es la fuente de nuestra búsqueda de la igualdad social; la permutación es la fuente de la solidaridad humana (o de la envidia), pues nos permite ponernos en el lugar de otros; la comparación es la fuente mas importante de la rebeldía de los pobres; la coherentización (razonamiento’) es la tendencia que domina a todos los teóricos, religiosos, filosóficos o científicos para hacer compatibles las oscilaciones individuales con determinadas creencias externas; la modelación o predicción la hacemos, por ejemplo, cuando nos imaginamos que estamos viviendo una situación dada y hablamos solos, contestándonos a nosotros mismos, es decir, imaginándonos una situación hipotética y sus posibles resultados.

    La evolución de la humanidad es causada por esta constante dicotomía, por este imaginar e imaginar que el hombre no puede detener. El científico que mas cerca ha estado de este descubrimiento fue sin duda alguna Darwin, aunque el enfoque biológico, su propia doctrina, y el miedo le impidieron darse cuenta de lo fundamental.

    Si bien el motor que hacía evolucionar físicamente a los animales era la supervivencia de los más aptos en la lucha por la existencia, en los homínidos la supervivencia individual se producía en los más aptos para la convivencia social. Las pruebas de esto ya han sido mencionadas, el desplazamiento de la laringe, que permite la mejor fonación pero la peor supervivencia del individuo, la ocultación del celo en la hembra, etc. El hombre es el único animal donde se da la supervivencia de los menos aptos biológicamente hablando, de los viejos y los desvalidos. El individuo puede ser más o menos apto para la supervivencia física, pero tiene que ser bajo pena de muerte, apto para la convivencia social.

    Pero el valor inmenso de Darwin radica cuando manifiesta su duda sobre si las convicciones o creencias del hombre, que han sido desarrolladas desde los animales inferiores, son de algún valor o merecen ser dignas de crédito cuando la mente misma del hombre ha sido un producto de la selección natural. "Siempre me asalta la misma duda terrible acerca de si las convicciones de la mente del hombre, que han sido desarrolladas desde los animales inferiores, son de algún valor o merecen ser dignas de crédito de algún modo." Pues resulta lógico en el determinismo biológico, que si el individuo más apto es el que sobrevive, las creencias de ese individuo mas apto están sujetas también a esa selección natural.

    Darwin acierta cuando duda sobre el valor de las creencias, sean científicas, religiosas o de cualquier tipo, porque ninguna creencia tiene valor absoluto. Toda creencia tiene la misma génesis: la cabeza de un individuo. Toda creencia se comunica al entorno social. Existe un proceso de aceptación o/y rechazo. Si se acepta forma parte de la verdad de un grupo o de la sociedad.

    Darwin falla cuando sitúa a las creencias en el mismo nivel de relaciones biológicas, porque las creencias, aunque sean sustentadas por una emoción biológicamente definida en el cerebro, la emoción mística, están sujetas a una ley de selección social. El ser humano es la única especie animal que ha librado a sus miembros de la ciega selección natural y sólo queda por ver si la evolución de las creencias lo conduce al exterminio propio, o a crecer y multiplicarse.

     b)Creencia o conocimiento, ésa es la cuestión

     El marxismo ignora estas peculiaridades, no responde a las preguntas de por qué enfrentando las mismas situaciones económicas los pueblos responden con tanta variedad, por qué hay pueblos que evolucionan, otros que se estancan, otros que retroceden; en qué se distingue el ser humano de los animales; cuál es la esencia humana. Y no lo hace ni lo puede hacer por el sectarismo de su enfoque: el proletariado crea plusvalía de la que se apropia el capitalista, la lucha de clases es el motor de la historia, el ser humano fue producto del trabajo, y el proletariado encabezará la lucha para poner en consonancia las relaciones de producción con las fuerzas productivas en una sociedad sin clases y ya no ocurrirá más nada.

     La Filosofía Concreta expresa cuál es la verdadera esencia humana, la imaginación, explica todo lo que hace el ser humano, porqué come distinto de los animales y porqué lo hacen diferente los distintos grupos humanos, explica porqué hay tantas creencias, como ellas sirven para nuclearlos, organizarlos, demuestra que el motor de la historia es la oscilación continua de la imaginación individual enfrentada a las creencias del entorno y la reacción de este entorno a dichas innovaciones. Es por ello que el ser humano puede ser definido como un animal tribal que cree.

     Parodiemos a Shakespeare diciendo "Creencia o conocimiento, ésa es la cuestión", porque debemos profundizar en este aspecto, pues si hablamos que el ser humano es un animal que cree, ¿qué es entonces lo que se llama "conocimiento"?

     Comúnmente "creencia" se caracteriza como algo de lo que no se está seguro y puede no ser cierto y "conocimiento" se relaciona con algo que es cierto, seguro, incontrastable, muchas veces producto de "La Razón", que es una actividad mental sin especificidades, sin localización cerebral, una especie de sinónimo pálido del alma, y de esa manera se establece un divorcio rotundo entre los vocablos "creer" y "conocer", divorcio que a mi modo de ver no es tan tajante en el plano psicológico, ni en la evolución del hombre, sino que es un resultado histórico de dicha evolución, cuando aparecieron las sociedades ideológicamente plurales y se comenzó a categorizar de esa manera.

     El hombre primitivo, que realizaba ceremonias fúnebres y ponía flores en los túmulos donde enterraba a sus muertos, no hacía distingos entre "creer" o "conocer" que los fallecidos habían iniciado un viaje por un valle mítico.

     Somos nosotros los que calificamos su acción como "creer", mientras ellos lo vivían como "conocer". Ellos "sabían" que el viaje al Walhalla, al Paraíso, etc., era cierto y parte de nosotros "sabemos" que eso es una "creencia".

     En la época actual los suicidas que se atan bombas alrededor de su cuerpo "saben", sin la sombra de una duda, que pasarán al paraíso con Alá a disfrutar de no se cuántas huríes. Nadie se mata por simplemente "creer" que "a lo mejor" va a parar al cielo.

     Desde el punto de vista psicológico, la diferencia entre creer y conocer es simplemente el grado de convencimiento que hay en cada uno de los dos términos; yo creo que va a llover dentro de un rato y yo sé, conozco, que me moriré algún día.

     Es por estas razones y otras similares que no comparto el divorcio tajante entre creencia y entendimiento. En el plano psicológico "creencia" es un enunciado que una vez presente en nuestra conciencia, se evalúa que puede ser cierto, veraz. Y "conocimiento" es un enunciado que una vez presente en nuestra conciencia se evalúa, se siente, que es cierto, veraz. En ambos procesos pueden intervenir los mismos elementos mentales, el razonamiento o manipulación imaginativa de la información, la memoria, etc., porque no son procesos que difieran radicalmente.

     En el plano social lo que el grupo califica como "conocimiento" goza de un estatus superior a lo que califica de "creencia", y esa discriminación ha llegado históricamente a niveles horribles, a matanzas de los creyentes, como medio de eliminar las "creencias" y así de esa manera obtener que sobrevivan sólo los "conocimientos" y sus portadores.

     Todas las matanzas y guerras sociales se han realizado en nombre de distintos "conocimientos". Un guerrero sincero mata sin dudar un instante en nombre del conocimiento que lo anima, motivado por lo convencido que está en su conocimiento… y aquí "apareció aquello".

     Nosotros podemos concordar que ningún "conocimiento" real puede empujar a una matanza, y desde nuestro punto de vista, declaramos que todos esos "conocimientos", no eran tales, sino creencias, y que los excesos cometidos se realizaron motivados por una fe fanática, pero obviamente ese juicio depende de nuestra posición ideológica e histórica actual.

     Es decir, que para comprender el suicidio o la matanza en función de una creencia nosotros asumimos que lo hacen imbuidos bajo la emoción de la fe, pero los participantes, tanto los individuos como las sociedades, no juzgan sus motivaciones ideológicas como creencias, sino como conocimientos. La calificación de conocimiento o creencia es siempre una definición a posteriori y es siempre partidaria, es decir, que se califica a partir de posiciones ideológicas de consentimiento o rechazo.

     Al igual que la emoción del amor impulsa a la caricia y la de la ira impulsa a golpear, la emoción de la fe impulsa a creer. Al igual que la emoción de la ira cuando es de baja intensidad se traduce en regañar, y cuando es alta puede llevar a golpear, la emoción de la fe cuando es pequeña lleva a "creer", y cuando es grande lleva a "conocer".

     Resumiendo, en mi criterio "creencia" es el concepto general de un enunciado apoyado por la emoción de la fe y "conocimiento" es una creencia apoyada por el máximo de fe, mirado desde el punto de vista individual. El individuo es menos dado a actuar en base de una creencia que en base de un conocimiento. Si creo que va a llover puedo hacer algo, pero no estoy urgido; si sé que va a llover corro a guarecerme. ¿Cuál es la diferencia entre ambos casos? Es una diferencia entre la intensidad de la emoción involucrada, del mismo modo que se actúa diferente bajo un enojo que bajo la cólera.

     Y lo que es más importante, todos, absolutamente todos, los "conocimientos" que poseemos los seres humanos históricamente fueron primero creencias de un individuo que tuvo que convencer a los demás, porque si la humanidad no acepta, no concuerda, no está de acuerdo, con el "conocimiento" que brinda un individuo, no es tal "conocimiento".

     Galileo creyó que la tierra se movía alrededor del sol, en contra de las observaciones personales diarias que muestran al sol moviéndose, es decir, en contra del "conocimiento" aceptado de aquella época. La creencia de Galileo terminó por ser aceptada y se convirtió en un "conocimiento" por eso, porque fue aceptada. Cuando se afirma que Galileo "descubrió" una realidad es porque ya ha sido aceptado lo que él creyó. Einstein creyó y propuso una constante universal que no sólo no fue aceptada, sino que él mismo luego renegó de ella. ¿Cuántas creencias de científicos y no científicos, que ellos creían conocimientos, no fueron aceptadas por la humanidad? Millones.

     Otro ejemplo es la geometría de Euclides, cuyas asunciones de postulados evidentes se aceptaron por siglos, hasta que en el siglo XIX dejaron de ser tan evidentes para algunos. Y es que el mismo concepto de postulados evidentes implica que se está pidiendo un consenso y que a partir de ese consenso se genera una geometría. Lobachewsky pidió otro consenso diferente y generó otra geometría distinta, como luego lo hizo Riemann, cuya geometría no reconoció como evidentes los postulados 2 y 5 de Euclides. De paso, aquí se aplica también el teorema de Gödel, pues toda geometría (las ya nombradas y las que aparezcan) tiene que partir de algunos supuesto extra-geométricos (los consensos), pues ningún sistema matemático es autosuficiente (no se puede demostrar completamente por sí mismo) y de ese modo, La verdad de toda geometría reside en un acuerdo social.

     Es que simplemente las diferencias entre creencia y conocimiento son dos:

     1. En el plano individual la intensidad con la que se creen ambos: se tiene una fe inconmovible en lo que se llama "conocimiento"; se tiene fe, pero no tanta, en lo que se asume como creencia.

     2. En el plano social, lo que se define como "conocimiento" por la sociedad dada, goza de un apoyo tremendo; lo que esa sociedad define como "creencia" no tiene ese apoyo.

     Por eso, lo que una sociedad o grupo dado en un momento dado define como "conocimiento", en otro momento lo puede bajar de categoría a "creencia" o simplemente negarlo; y otra sociedad en el mismo momento puede definir como "conocimiento" lo que en otra se puede llamar "creencia". Y no sólo eso, sino que dentro de un mismo grupo un individuo puede sentir como conocimiento, algo que otro individuo cataloga como creencia.

     d) La verdad es siempre un acuerdo social


    Lo anterior coloca sobre el tapete el problema de la verdad. La filosofía concreta establece muchas limitaciones al concepto generalizado de lo que es verdad.

    En primer término, la verdad es un
enunciado, una afirmación o una negación sobre una relación o un conjunto de relaciones desde un punto de referencia y es aceptado como tal verdad por un grupo dado.

    La metodología[2] del grupo científico dice que la verdad científica se basa en la repetibilidad del experimento. Es decir, en determinadas condiciones que se especifican, cualquiera puede repetir el experimento obteniendo los mismos resultados. En última instancia está basado el experimento científico en el consenso de todos aquellos que repiten el experimento y están de acuerdo en que han obtenido exactamente lo mismo. La verdad, incluso la verdad científica, se basa en el consenso del grupo, es una creencia que posee un respaldo social, de grupo, de acuerdo a una metodología (creencia) aceptada por ese grupo.

    Observemos que Euclides desarrolló su geometría a partir de siete postulados evidentes. ¿Qué significa "evidente"? Pues que todo el mundo los acepta como verdaderos a simple vista. Pero, como ya dijimos, hace dos siglos varios matemáticos dejaron de ver todos los postulados como evidentes. Lobachewsky y Riemann pusieron en duda el 5to. postulado, en el que Euclides afirmaba que desde un punto exterior a una recta sólo se podía trazar una paralela. Lobachewsky dijo que se podían trazar varias paralelas y Riemann dijo que no se podía trazar ninguna y, además, negó también el segundo postulado de Euclides.

    Es decir, dentro del grupo de los matemáticos algo que se consideraba verdad hasta ese momento, dejó de serlo para dos de ellos.

    Los científicos tratan de disfrazar esto diciendo que son "ampliaciones", que cada una de esas geometrías son válidas bajo determinadas condiciones, pero el hecho cierto es que lo que era una verdad evidente como acuerdo social de un grupo dado, dejó de serlo y fueron acordadas también otras "verdades".

    Se me ha argumentado en más de una ocasión que los hechos son incontestables; es decir, que no se puede rebatir lo que es un hecho, pero los hechos también están sujetos a la misma maldición de la verdad, pues los hechos no hablan solos, por sí mismos, sino a través de los ojos de los testigos.

    Y paso a un ejemplo claro de lo que digo, que en el foro de Ágora titulé la casaca de Dalton.

    Acordamos que nos vamos a reunir en un salón académico el defensor de la verdad indiscutible y yo, un escéptico convicto y reincidente, y, además, un grupo heterogéneo de personas para presenciar y discutir sobre un hecho, un experimento que realizará con nosotros el distinguido científico John Dalton. Por lo académico del lugar se nos advierte que debemos ir con casacas oscuras y para aquellos que no disponemos de las mismas nos indican dónde podemos alquilarlas.

     Llegan cuatro personas más y como siempre, la figura estelar, Dalton, llega tarde y lo que es más sorprendente para nosotros, viene luciendo una casaca escarlata que es un sueño para un toro en un ruedo.

     El señor Dalton trae una caja y de inmediato nos dice que va a empezar el experimento.

     —Voy a ir sacando unas bolas y ustedes apretarán el botón que corresponde al color de la misma.

     La primera bola numerada que saca es roja y tanto mi acompañante como yo apretamos el botón correspondiente, pero vemos que dos de los asistentes no dan la respuesta que nosotros dimos. Es decir, de seis, cuatro concuerdan.

     La segunda bola numerada que saca es azul y tanto él como yo apretamos el botón correspondiente, pero vemos que dos de los presentes no dan la respuesta que nosotros dimos. Uno de los que difieren ahora también discrepó la vez anterior.

     La tercera bola numerada que saca es verde y tanto él como yo apretamos el botón correspondiente, pero vemos que dos de los presentes no dan la respuesta que nosotros dimos. Y aquí se repite el mismo individuo de las dos veces anteriores.

     Pero lo que resulta interesante es que estamos hablando de hechos sencillos, el color de una bola, que la vista es el más importante y preciso de nuestros sentidos, y que ante tres simples enunciados, decir que es rojo, azul o verde, solo dos personas hemos concordado todo el tiempo.

     —Aquí hay trampa —exclama mi acompañante—, pues no puede ser que ante elementos tan sencillos no nos pongamos de acuerdo y además, las bolas tienen los colores que tú y yo decimos: esto es un hecho, una verdad empírica.

     —En efecto —interviene Dalton—, yo cité a cuatro personas que tienen distintas incapacidades, uno que tiene protanopia, incapacidad de ver el rojo, otro que tiene deuteranopia, incapacidad de ver el verde, otro que tiene tritanopia, incapacidad de ver el azul y uno que tiene acromatopsia, que en este caso no ve colores. Ustedes son tricromatas, capaces de ver los tres colores básicos.

     —¿Ves? —exclama mi acompañante con euforia— Nosotros tenemos la verdad.

     —Porque allá afuera —le repliqué— la mayoría es como nosotros, porque si la humanidad tuviera acromatopsia nosotros seríamos la anormalidad (lo que de paso certifica la importancia del peso de los melones, como explicaremos más tarde) y creo que no podríamos demostrar "nuestra verdad". Y además, por mucho que toda la humanidad nos apoye, para estas personas que "fallaron" sigue siendo una "verdad empírica" lo que ven con sus ojos, no con los nuestros.

     —Pero eso no es todo —me apoyó Dalton (qué remedio no le queda, si soy yo el que está escribiendo esta historia)-. El hecho esencial es que los objetos no tienen colores, que estos son una sensación nuestra para interpretar determinados rechazos de ciertas bandas del espectro de las radiaciones. Cuando usted dice que algo es verde resulta que el objeto en cuestión NO ES VERDE, sino que rechaza del espectro luminoso una cierta banda que afecta de un modo dado los receptores visuales correspondientes. Y no sólo eso, sino que el ojo se adapta y "ve" colores y tonalidades distintas en función de la intensidad de la iluminación, de los colores circundantes, de la temperatura del color (el tipo de iluminación), etc. Y para finalizar, las pruebas han sido muy sencillas, tan sólo para demostrar que sobre hechos tan elementales, distintas personas lo ven de manera muy diferente. Por otra parte, hay decenas de experimentos que demuestran las imperfecciones crónicas de la visión y como la misma es influenciable para provocar equivocaciones. Gran parte de la visión es obra del cerebro, no del órgano visual, pues el cerebro completa, elabora lo que se ve, como se demuestra en muchos experimentos realizados.

     Hasta aquí el cuento, aunque lo de la casaca le pasó a Dalton, de quien proviene el nombre "daltonismo" cuando fue a ver al Rey y creyó que se estaba poniendo una casaca gris.

     En el ejemplo anterior se muestra que cuando se habla de hechos, incluso de algo tan sencillo como los colores de unas bolas, se está hablando en realidad de una "interpretación de los hechos" —pues los hechos siempre pasan por el tamiz de los testigos—, y obviamente de un acuerdo social sobre esa interpretación. Mi acompañante y yo fuimos los únicos que concordamos en todas las pruebas, una prueba extremadamente simple, sin tonalidades; el resto del grupo no vio lo que nosotros vimos. ¿Qué se podrá decir entonces de hechos complejos como los de Roswell o el asesinato de JFK?

    d) El peso de los melones y el principio de autoridad.

    Voy a explicar por qué yo dije "lo que de paso certifica la importancia del peso de los melones...", y es que en el mismo foro citado, Santo me había expresado "Si he leido bien, usted fija un concepto de 'verdad social' que se cifra al peso, como los melones, de manera que el principal elemento de evaluación sería el número de personas que en un momento dado dan por bueno un enunciado determinado. Su filosofía ciertamente es el sueño de las empresas demoscópicas".

     Y en efecto, el peso de los melones puede llegar a ser demoledor, porque en el mismo ejemplo que di el hecho de que mi acompañante y yo tuviéramos la "razón", se debe a que teníamos la misma cualidad tricromata del resto de la humanidad, porque si la humanidad tuviera otra cualidad distinta, nosotros hubiéramos sidos los "equivocados".

    La verdad es absolutamente democrática: si tan solo una persona del grupo con autoridad para calificar
deja de creer en ella comienza un poco a dejar de ser verdad.[3]

    ¿Por qué hablo de "autoridad para calificar"? Porque si bien el peso de los melones puede llegar a ser aplastante, no todos los melones pesan igual.

    No es lo mismo la discrepancia de Lobachewsky y Riemann, ambos geómetras, matemáticos, científicos, con Euclides, que si la discrepancia la tengo yo, que no formo parte del grupo con autoridad específica socialmente reconocida (he aquí las palabras mágicas).

    Ese reconocimiento social es una presunción de posible verdad que siempre se realiza al valorar lo que alguien expresa y es lo que justifica las citas en todos los ensayos. Nadie pone en un artículo serio una cita de este tipo "Mi primo Manolo afirma que…". Otra cosa es "Einstein dijo que…".

     Por otra parte, la autoridad debiera ser específica. Si el Papa publica un ensayo sobre la actitud que deben tomar los católicos con respecto al aborto, nadie puede poner en duda la autoridad correspondiente del autor. Pero si escribe un ensayo donde analiza, sin ser un físico reconocido, la teoría de cuerdas de la Física Moderna, podrá la curiosidad llevarme a leerlo, pero no a citarlo en detrimento de, por ejemplo, Penrose. Es decir, que aún siendo una autoridad en cierto campo, eso no garantiza la misma autoridad en otro distinto.

    En nuestra época, la visibilidad pública se usa para convertir en autoridades generales a personas que a veces lo único que poseen es la ubicación en un medio público y ninguna autoridad específica, y de ahí usted observa a cantantes, artistas, locutores, etc., emitiendo juicios políticos o sociales sin tener una preparación adecuada.

    Siguiendo esa línea, se pretende a veces hacer una separación tajante entre el mensajero y el mensaje, planteando que lo que debe hacerse es analizar el mensaje sin importar quién lo expresa, pero eso sólo es cierto si el individuo en realidad es un mensajero, un robot sin imaginación ni sentimientos. La realidad humana es totalmente diferente.

    Es clásico el experimento sicológico sobre la naturaleza del rumor en la que se le da a leer a un miembro de un grupo de personas normales una información dada y de ahí en adelante se transmite la misma por medio de la voz de modo confidencial de un miembro del grupo a otro, y cuando se le comunica al último se le dice que escriba el mensaje que recibió. Cuando se compara la nota inicial con la última se observa la enorme diferencia entra ambas producto... ¿de qué? En sistemas de comunicación este problema se califica como "ruido en el canal". Pero la prueba se realiza con personas que no tienen defectos auditivos por lo que el "ruido" sólo puede provenir del proceso de interpretación de cada persona, léase la imaginación de cada individuo.

    Es por ello que siempre es conveniente analizar no sólo el mensaje que transmite una persona, sino la persona que trasnmite el mensaje, porque esa persona vicia el mensaje con su ruido propio, ruido producto de su imaginación y de las emociones que lo gobiernan. No existe enunciado, ni verdad, sin sujeto que la proclame y grupo que la aplaude. Todas las "verdades" tienen dueño social.

    La verdad es un acuerdo social, sobre un enunciado, de un grupo dado en un momento dado.


-------------------------
[1] Un automóvil es una materialización de la imaginación y alrededor de este ente material hay un millón de acuerdos sociales y de creencias establecidas, acuerdos y creencias que varían de lugar a lugar y en el tiempo.

[2] En realidad, los que se dedican a la física cuántica dicen que el método científico se basa en la posibilidad de producir pronósticos que se cumplen, aunque por otra parte, los pronósticos pasan a ser probabilísticos, reconociendo la imposibilidad de pronosticar la reacción precisa de una partícula dada.

[3] En un foro filosófico una persona se refirió a mi definición de verdad como el acuerdo social de un grupo dado en un tiempo dado sobre un aspecto específico como que no era contingente, que no subyugaba con razones, y que él, ni ningún otro tenían que aceptarla y mi contesta fue la que sigue:

"Aunque expusiera mil razones subyugantes, macizas, aplastantes, tu imaginación por sí misma, o por tu ego, o porque te diera la gana, te brindaría mil y una razones para no aceptarla, porque en eso radica nuestra esencia humana, en imaginar e imaginar e imaginar.
'Las razones que te puedo aducir en apoyo de lo que sostengo se basa nada menos que en toda la historia humana. ¿En cuántos Dioses se cree? ¿Cuántos ateísmos hay? ¿Cuántas gamas entre ateísmo y religión? ¿Cuántas religiones, filosofías, creencias de todo tipo?
'Y las preguntas demoledoras son éstas: ¿Todos los creyentes no sostienen que sus creencias son las verdaderas? ¿Quién decide quién tiene la verdad entre ellas? ¿Tú? ¿Yo?
'Para demostrar tú y yo nuestras verdades tendríamos que CONVENCER a los demás.
'Si tú o yo convenciéramos a todos de nuestra verdad, y no tuviéramos ni siquiera un oponente porque tu me hubieras convencido o viceversa, habríamos llegado a la verdad "absoluta".
'La mente nos juzga la mala pasada de hacernos creer que el punto anterior no es cierto. Es decir, que todos pudiéramos llegar a una conclusión equivocada. Lo que equivale a decir que existiría una verdad absoluta aparte de nuestro acuerdo, y esto último no es más que un truco de la imaginación que nos "ubica" fuera de nosotros mismos. Es decir, nos ubicamos "fuera" del conjunto humano y decimos que ahí hay algo que pudiera concordar o no con nuestra verdad absoluta acordada, pero ¿qué parte de nosotros se ubica de verdad fuera de nosotros? ¿Nuestro cuerpo o nuestra imaginación?
'La humanidad no tiene medios reales de separarse de sí misma y la historia y la sociedad actual que nos rodea nos demuestra la inmensa variedad de "verdades" distintas que existen sobre cualquier punto, de modo que se sostiene mi aserción de que la verdad siempre es un acuerdo social de un grupo dado en una época dada.
'¿Qué pasaría si llegáramos a un acuerdo unánime sobre algo, a una verdad absoluta?
'Al día siguiente alguien empezaría a disentir en algo, porque la esencia humana radica en imaginar y lo que apoya esto es otra pregunta: ¿Cuál creencia humana se ha mantenido sin cambios desde que fue formulada?"


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