La tendencia coherentizadora de la mente humana trata de coherentizar el determinismo de la física clásica (no de la cuántica, porque esta última no es estrictamente determinista) extendiéndola a la mente humana.
Cuando se afirma que la mente humana es tan sólo una expresión genética, se está poniendo a un lado el hecho mas importante que es la capacidad de una sociedad de modelar a sus constituyentes. Los chinos que nacen en china bajo la influencia de la cultura china, hablan chino, poseen la cultura china y son chinos. Un niño chino adoptado por padres americanos y criado bajo la influencia americana, hablará inglés y su cultura será la americana. Si los padres adoptivos son protestantes, lo más probable es que resulte ser también un protestante.
Un ejemplo de la tendencia determinista se expresa en "The 'God’ Part of the Brain" de Matthew Alper en el que se sustenta la tesis de que la creencia en Dios está "alambrada" en el cerebro como una respuesta de supervivencia a la ansiedad que produce la muerte[1].
Como ya hemos dicho esto corresponde a una duda que el mismo Darwin expresó sobre si las convicciones o creencias del hombre, que han sido desarrolladas desde los animales inferiores, son de algún valor o merecen ser dignas de crédito cuando la mente misma del hombre ha sido un producto de la selección natural. "Siempre me asalta la misma duda terrible acerca de si las convicciones de la mente del hombre, que han sido desarrolladas desde los animales inferiores, son de algún valor o merecen ser dignas de crédito de algún modo."[2] ...
Si la creencia en Dios está alambrada, ¿por qué no están alambradas otras creencias, por qué no está alambrado el lenguaje? ¿No es acaso el lenguaje un elemento superior de supervivencia?
Creo que lo que está alambrado en el cerebro es la capacidad mística, de sentimiento místico, como cemento necesario para la unidad social, tal como está alambrada la capacidad para el lenguaje. Y del mismo modo que la capacidad para el lenguaje le permite a las distintas sociedades crear diferentes idiomas y lenguajes, la emoción mística sostiene diferentes creencias.
El ser humano se desenvuelve en esa dicotomía entre su ser biológico y la sociedad que lo contiene, produciendo su individualidad, y la sociedad tendrá chance a desarrollarse si canaliza adecuadamente la fuente del cambio individual.
La misma naturaleza del lenguaje como creencia específica nos muestra el proceso de toda creencia, la relación individuo-sociedad: la base de la libertad de evolución del lenguaje, siguiendo a Saussure, es la falta de correspondencia absoluta entre el significante (sonidos) y el significado, y, agrego yo, porque el significado puede ser alterado, disminuido o aumentado. El individuo, bajo la presión de la imaginación, de su oscilación informativa, cambia, transforma algo, o crea una nueva manera de usar el vocablo. Es en el ámbito individual donde se crea, se transforman las creencias y es la sociedad, con el peso material de los libros, de la cultura imperante, la que se encarga de frenar, entorpecer o facilitar la entronización de la nueva creencia.
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[1] Por otra parte, el autor del libro salta muy a la ligera cuando infiere que el cerebro está alambrado para creer en Dios, como un subterfugio producido por el miedo a la muerte. Una cosa es el sentimiento místico que puede ser canalizado por el individuo incluso hacia un ateísmo militante, y otra cosa es la creencia a la que sustenta. Los científicos poseen sentimiento místico. En realidad cada palabra sólo puede subsistir en función de la fe que se tenga en ella. Dios no es el único objeto de fe.