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     Teoría de las Emociones

     a) Definiciones, Premisas y Postulados

     Aunque existen innumerables grupos científicos de diversas denominaciones, psicólogos, psiquiatras, neurólogos, etc., que generan estudios sobre las emociones, no hay acuerdos sustanciales que permitan basarse en ellos. Prueba de esto puede encontrarse en el excelente libro
"The Nature of Emotion", editado por Paul Ekman y Richard J. Davidson, con la intervención de otros 22 investigadores que tienen que responder a las mismas preguntas y nunca coinciden en un mismo tema. Estas lecturas y sobre todo un libro que no ha envejecido a pesar del tiempo "Cuatro gigantes del alma" de Emilio Mira y López, han inspirado mi Teoría de las Emociones.

     En los organismos más sencillos, como en los insectos, las reacciones son programaciones preestablecidas, sencillas, básicas, ante las situaciones que se presentan y están inscritas en su totalidad en la herencia genética. En los animales superiores, en los mamíferos, si bien existe una carga genética, la misma no contempla un mecanismo simple de respuesta, sino que a través de un sistema complejo propicia un repertorio de respuestas muchísimo más amplio, más individual, menos programado, y que se moviliza a través de las emociones, dispositivos químico-sicológicos más complejos.

     Concibo la emoción como un vector subjetivo (una fuerza movilizante interna) con naturaleza de atracción o repulsión sobre el objeto al que se aplica, con intensidad, dirección y sentido. Esta manera de enfocar la emoción es coherente con todo lo que existe, donde se manifiestan fuerzas de atracción y repulsión en prácticamente todos los niveles de relaciones de lo existente.

     Los presupuestos teóricos —por su evidencia similares a los postulados de las geometrías— en los que me baso son:

     a) Las emociones son ocasionados por estímulos externos o internos y propician respuestas hacia el exterior o hacia el interior.

     b) Al igual que los organismos complejos tienen su antecedente evolutivo en los organismos simples, las emociones de los animales superiores tiene su antecedentes en las emociones de los animales inferiores.

     c) Al igual que en la evolución se marchó de lo simple a lo compuesto, también las emociones se diferencian en simples y compuestas. Las emociones que aquí se analizan son tan sólo las simples.

     d) Las variaciones de una emoción a otra en los nombres pueden categorizar distintas intensidades de una misma emoción. Por ejemplo, aversión, enojo, ira, cólera, son distintas intensidades de la emoción genérica que llamamos ira.

     e) El eje principal es un eje bipolar, basado en los principios universales de atracción y repulsión, lo que se basa en la identidad esencial de emociones básicamente iguales que transitan de un polo a otro mediante la intensidad del estímulo, pasando por un punto neutro. Por ejemplo, un roce que ocasiona placer cuando es incrementado ocasiona dolor, por lo que ese eje de excitación viaja de un polo a otro mediante variaciones en las intensidades del estímulo. Por otra parte, la reacción ante el dolor puede ser un repliegue (hacia dentro) o un avance hacia la causa (hacia fuera), por lo que el otro eje es un eje de direccionamiento de la respuesta impulsada por el vector emoción.

     b) Las Proto-Emociones

     Es decir, las proto-emociones pueden representarse en un diagrama cartesiano, no como una expresión matemática, sino tan solo como un medio de ilustrar un pensamiento. Con un eje de excitación (con los polos Placer(Atracción) y Dolor(Repulsión o rechazo)) vs. Dirección (hacia dentro o hacia fuera) así:



     Si el placer y el dolor son los polos opuestos de la excitación, ¿cuáles emociones superiores relacionadas con ellos pueden servir de polos?

     c) Las Emociones animales

     Con el placer, y la atracción en general la emoción directamente relacionada es la alegría (en específico la alegría es un nivel bajo de atracción sin direccionamiento específico o situado en un punto cercano al neutro). Y con el dolor, o rechazo en general, es el temor, pues se teme lo que en definitiva causa dolor. Es decir, que en el caso de los mamíferos podemos representar las emociones (con los polos Temor y Alegría) vs. Dirección, así:




    En la figura anterior se plantean dos ejes, uno existencial de las emociones contra otro direccional, exteriorizador o interiorizador. Este concepto direccionador y el nombre de tres de estas emociones, Miedo, Ira y Amor, fueron inspirados por el referido libro de Mira, pues según él, esas tres emociones son tres de los cuatro gigantes.

     Según
"The Nature of Emotion", las emociones más admitidas y con cierto respaldo de las investigaciones del cerebro son: apetencia, enojo, temor, tristeza, lujuria, alegría y maternalismo.

     Pero apetencia, maternalismo y lujuria son manifestaciones de diversas intensidades del amor, de la exteriorización de la alegría o de la atracción. El enojo corresponde a la ira. Según Mira, el disgusto, la tristeza o decepción son fórmulas leves y disimuladas del miedo motivadas por la carencia de algo, algo que el ser necesita y no puede obtener.

     El planteamiento es que básicamente existen dos emociones, con dos tendencias actuantes. El miedo es repliegue, una huida hacia dentro, y la exteriorización del miedo es la llamada ira, que es una huida (de lo que se siente interiormente) hacia el peligro (para alejarlo o destruirlo). Dice Mira "Que no se puede sentir la ira sin antes haber sentido miedo es obvio para todo observador perspicaz. Es solamente cuado surge un obstáculo, cuando algo vulnera nuestro Yo y en algún modo lo limita o menosprecia, es decir, al vernos de algún modo limitados, entorpecidos o fracasados en nuestro propósito vigente, que sentimos encenderse la chispa de la iracundia." Él ofrece un ejemplo magnífico cuando dice "Cuando estamos desprevenidos y alguien —sin querer o queriendo— nos asusta con ánimo de bromear, no nos enfadamos si nuestro susto ha sido leve, pero nos encolerizamos si realmente ha sido fuerte".

     Todas estas emociones reciben distintos nombres de acuerdo a su intensidad y hacia el objeto al que se dirigen.

     Por ejemplo, bajo el miedo colocamos la timidez, el pesimismo, el miedo a estar solo o aburrimiento, la prudencia, la cautela,la alarma, la angustia, el miedo propiamente dicho, el pánico y el terror. Bajo la ira (que siempre puede arrastrar un componente de temor) podemos agrupar el justicierismo, el criticismo, la ironía, la decisión (listo para la acción), la molestia, el enojo, la ira propiamente dicha, la rabia y la furia. Bajo el amor (desligado este enfoque del de Mira y López), colocamos la alegría como un vector de dirección alternante (de uno a otro objeto), el afecto, la gula, la atracción sexual, y el amor maternal.

     Estas tres emociones son comunes a los animales superiores (mamíferos) y al hombre. La diferencia entre el hombre y los animales superiores se halla en el cuadrante donde se produce la
interiorización de la alegría, que en los demás animales puede ser tan sólo complacencia propia. Esta interiorización de la alegría expresa que el hombre es capaz de obtener placer de sus actividades internas, actividades internas posibles porque existe un espacio interno, espacio interno creado por la alteración incesante de las relaciones en el interior del cerebro, realizado por la imaginación y esa alegría mezclada con la imaginación es ya una nueva emoción, una fe que le brinda soporte a lo imaginado, una emoción dirigida hacia un conjunto subjetivo que, desde luego, puede tener su relación exterior y de esa manera esa fe puede redirigirse hacia el exterior.

     d) El deber es una emoción compleja

     Emilio Mira y López define cuatro gigantes, el miedo, la ira, el amor y el deber. Si bien coincidimos con la inmensa mayoría de sus apreciaciones con respecto al miedo y la ira, sobre todo cuando demuestra la íntima relación que existe entre ambas y que si bien el miedo es puro, la ira arrastra siempre un componente del miedo, de lo que puede deducirse que la ira es una reacción hacia afuera, mientras que el miedo es una reacción hacia dentro (que puede llegar hasta la parálisis), su análisis del amor resulta demasiado sicologista al separarlo del concepto de atracción, concepto mucho más general y por lo tanto, mas coherente. Y cuando habla del deber como la cuarta emoción gigante del alma ya yerra lamentablemente, porque el deber no es una emoción simple, básica, sino algo compuesto tanto en el plano individual como en el social.

     En el plano individual antes que el deber tiene que existir fe, fe en una creencia interna que es la que define para el individuo en cuestión exactamente cuál es el deber. En el plano social tiene que existir una creencia aceptada —apoyada por una fe colectiva— para que entonces se imponga y se juzgue el deber. Es decir, el deber no es una emoción simple como lo es el miedo, la ira o el amor, sino que es una decisión impulsada por una fe en un enunciado dado, por ejemplo, "Me dicen que mate, pero no debo matar".

     Aunque mas tarde volveremos a este punto, dibujemos el proceso.

     El ser humano permuta en las relaciones AB, AC, AD y AE, la relación AB y crea la relación BE. Si esta permutación fuera dolorosa, no hubiera permutado. La alegría o placer interior (o fe primigenia) es lo que induce a continuar permutando, y la permutación tiene que ser imaginada y esa imaginación tiene que ser creída para continuar su vida en el interior de la mente. Durante la existencia de esa representación en el cerebro, la representación tiene la misma estructura que una representación de algo real. Si esta representación es coherente con las almacenadas en el interior puede ser incorporada al conjunto y no muere. Ya cuando este conjunto adquiere cierto volumen es una creencia y puede dar lugar a una emoción comparable en intensidad con la ira, el miedo y el amor. Esa emoción va dirigida hacia dentro, hacia un contenido abstracto, aunque refleje de cualquier manera cualquier aspecto exterior al individuo, y por lo tanto, estamos en presencia de la
emoción mística o fe.

     e) Fe y ser humano son sinónimos

     Como hay algunos fanáticos cientifiquistas o antirreligiosos que se horrorizan ante las palabras "fe" y "mística", es necesario dar un elemento de prueba de la existencia de esa emoción, no necesariamente dirigida hacia creencias religiosas.

     Una prueba de la existencia de la fe como una emoción consustancialmente humana y su importancia, se realiza en una parte esencial de la medicina moderna, pues para comprobar la eficacia de un medicamento es imprescindible realizar una prueba en dos grupos. En dicho experimento se le suministra a un grupo el medicamento real, mientras que al otro se le suministra algo que se parece el medicamento, pero que en realidad no lo es, y que recibe el nombre de placebo. Los de este grupo
creen que están recibiendo el medicamento y algunos de ellos experimentan mejoría o se curan, como si estuvieran bajo los efectos del medicamento real. Esta curación recibe el nombre de "efecto placebo". Lo que los cura o mejora en este caso es la creencia de que están recibiendo la medicina real y la fe de que se van a curar.

     Otra prueba más indirecta radica en el hecho de que las personas que tienen afectadas las emociones, pero no el intelecto; son capaces de analizar problemas que se les presentan, pero tienen dificultad para decidirse por la solución correcta, y a mi juicio es porque no llegan a
creer en la que encuentran, porque falta la emoción de la fe que impulsa a la decisión, a creer en la respuesta que la imaginación señala.

     Es un hecho que cuando el individuo enfrenta tareas dificultosas, cruzar un abismo, un combate, una enfermedad, etc., sus posibilidades de éxito se ven mejoradas si tiene fe en el éxito. Gran parte de las arengas ante de los combates va dirigida a levantar la fe en la causa. La misma esperanza es una fe en un futuro mejor.


     Los seres humanos no sólo son capaces de dar su vida por causas religiosas, sino por causas sociales, la patria, la clase, el grupo, bajo una fe inconmovible en lo que defienden, que indudablemente es equivalente al rapto místico de los profetas. Los comunistas soviéticos en la segunda guerra mundial, sin creer en la otra vida después de la muerte, eran capaces de taponear con sus cuerpos las arpilleras de las ametralladoras, muriendo con el grito de "¡Viva Stalin!"

     Es un elemento imprescindible del individuo para todas sus empresas personales sentir un mínimo de fe en sí mismo.

     En español existe una confusión casi indiscernible entre fe y creer, entre la emoción y la acción asociada. Cuando se habla de la emoción uno se refiere a la parte subjetiva de la acción asociada y cuando se habla de la acción se refiere al objetivo al que se encuentra dirigida la emoción. Amor es la emoción y amar es la acción que enlaza a la emoción con el objeto amado. El odio es la emoción (compuesta) y odiar es la acción que enlaza la emoción interna con el objeto odiado. La fe es la emoción y creer es la acción que enlaza la emoción con el objeto creído.

     Desde luego que se debe tener en cuenta que el objeto de la emoción puede encontrarse en el interior de uno mismo: es posible amarse, odiarse a sí mismo, y también creerse a sí mismo o a una creencia no exteriorizada, interna.


     La labor de la emoción de la fe en el conocimiento será tratada cuando analicemos la creencia, pero adelantemos lo que Charles Townes, coinventor del laser y Premio Nobel de Física, expresó: "Mucha gente no comprende que las suposiciones y la fe son esenciales a la ciencia. Nada puede considerarse absolutamente probado", dijo, "Cosas maravillosas tanto en la ciencia como en la religión surgen de nuestros esfuerzos basados en observaciones, suposiciones bien fundadas, fe y lógica". [1]

     También Stepehn J. Gould, paleontólogo de la Universidad de Harvard dijo: "Nuestra manera de conocer al mundo sufre el poderoso influjo de los prejuicios sociales y los conceptos parciales que los científicos deben aplicar a cada problema. El estereotipo de un 'método científico' totalmente racional y objetivo, y de científicos que son perfectamente lógicos (como robots), es mitología puesta a nuestro servicio." [2]

     f) Las Emociones Humanas




     Creo que la imaginación primero trabajó en lo concreto y luego marchó hacia lo abstracto, por lo que es lógico que la emoción narcisista fuera la primera en manifestarse y comenzara a adornarse con flores y ramitas, a pintarse, a deformarse sus facciones y con sólo hacer eso, sin fabricar un sólo instrumento, ya es un ser humano. Como la fe narcisista es alegría interiorizada, si la alegría aumenta su intensidad puede llegar hasta el amor a sí mismo.

     Una vez consciente de sí mismo, su condición social lo lleva a exteriorizar lo imaginado, a conquistar su entorno social y físico, y si bien esa tendencia a la conquista es privativa de todo lo vivo, en el ser humano la
emoción de poder o conquistadora rodea con una aureola imaginada lo que en los animales es una tarea rutinaria, apadrinada tan sólo por la ira (que también puede estar presente en los humanos), pero, ojo, la misma presencia de la imaginación deformadora puede anular ese expansionismo propio de los animales.

     A medida que la imaginación abstracta se desarrolla, comienzan a perfilarse las creencias y la emoción mística se establece como el cemento del grupo. Y también se manifiesta la emoción de potencia, fuente de la risa y la sonrisa, emoción que no trata de demostrar (quizás por la presencia simultánea del miedo) la superioridad como lo tiende que hacer la emoción de poder (quizás por la presencia simultánea de la ira), sino que tan sólo la imagina,
rehuyendo la lucha para probar la superioridad, lo que sin dudas facilita la convivencia social.

     El primer objeto de creencia fue la palabra. Ésta no sólo es un producto de la imaginación, sino que está respaldada por la emoción mística y por la de potencia, pues el humano se siente potente cuando le da nombre a algo.

     Las palabras y la fe correspondiente en ellas fueron aumentando la carga social de aprendizaje, lo que fue individualizando las tribus, mediante creencias, mitos, y arte dirigido a evitar los peligros reales e imaginarios con el uso de recursos mágicos, neutros, ineficaces y muy pocos en realidad utilitarios. Que la humanidad sobreviviera a pesar de la poca utilidad práctica del cerebro oscilador en esos momentos iniciales de la Edad de Hielo se debe tan sólo a tres efectos residuales de las oscilaciones individuales: la unidad social inquebrantable de la organización social humana que le permitía actuar como una sola persona, un grado superior de comunicación o lenguaje que le permitía una comunicación superior, y por tanto,
la transmisión de una mayor herencia social.

     Junto al lenguaje rudimentario, la muestra exterior material debe haber sido el arte del arreglo personal, de embadurnarse, de pintarse, del peinado y corte del cabello sin herramientas, luego el arte del adorno personal no trabajado, el arte del dibujo y el escultórico sobre materiales blandos con intenciones místicas para facilitar las actividades tribales. El desarrollo de costumbres de convivencia con la profundización del instinto maternal transformado en amor místico. Y la fe sosteniendo las creencias, convirtiendo al hombre en un ser que cree las mentiras que fabrica y necesitado de creer bajo la presión incesante del miedo. Las emociones de conquista y de potencia, muy cercanas entre sí, terminan la caracterización de los motores específicos que transforman al homínido. La emoción de conquista con la satisfacción interna que trae apareada lo mueve a la aventura riesgosa, a acumular piedras y palos para poder derrotar a los enemigos, a declararle la guerra a los demás animales y a sus congéneres. Terminada la aventura se siente potente, interioriza ese poder y se ríe por vez primera: ya es un
ser humano.

     Resulta imprescindible volver a tocar aquí la tesis de la "Cognición caliente", de la que se habló en "Ni para el lector desprevenido, ni para el prejuiciado; para el lector fénix", que pone al descubierto nuestra manera prejuiciada de ver y analizar la información que recibimos.

     Ahi dijimos que los psicólogos Milton Lodge y Charles S. Taber establecieron que "Los individuos parecen incapaces de escapar de sus sentimientos cuando evalúan argumentos sobre temas políticos, incluso cuando son motivados para que sean imparciales. Ellos son capaces de ver los argumentos que concuerdan con su punto de vista original como intrínsecamente más fuertes, que los que se oponen; ellos emplean tiempo y recursos cognitivos contradiciendo los puntos que retan sus convicciones anteriores; ellos buscan aislarse ellos mismos de la información que los reta mediante la búsqueda de información amiga. Como consecuencia de su búsqueda y razonamiento motivados, sus actitudes tienden a polarizarse frente a un conjunto de pros y contras, y todos estos efectos son más intensos en los ciudadanos sofisticados con las actitudes políticas más definidas". [3]

     Nosotros extendemos el resultado anterior no sólo "sobre temas políticos", porque las personas no tienen una parte del cerebro especializada para dichos temas, y otras para los asuntos religiosos, filosóficos, científicos, etc. La tesis de que las emociones se almacenan en la memoria y devienen ellas mismas en información se aplica a todos los campos.

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[1] “Associated Press” Mar. 10, 2005 “El Nuevo Herald”.

[3] http://www.sunysb.edu/polsci/mlodge/hotcog.doc Abril del 2005 www.archive.org

[2] Natural History, Febrero de 1994, pag. 14



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