Este concepto de alienación (enajenación) es sencillamente mística de una nueva religión, la Religión Comunista, pues se plantea que la alienación es esta separación que existe entre el trabajador y el trabajo, pues el trabajo es su mismo ser, el producto tiene rostro humano, y si no se suprime o acorta esa distancia entre el productor y su producto, si no hay reencuentro, el trabajador queda alienado, separado de sí mismo, porque el producto del trabajo es él mismo, el mismo hombre trabajador convertido en producto de trabajo, convertido en una mercancía que se vende en el mercado.[1]
Esto es un razonamiento abstracto, más bien metafórico, aplicable a todo lo que produce el hombre. Por ejemplo, el ser humano es también todo lo que habla y produce palabras, frases, giros, que puede ser por ejemplo una nueva palabra o expresión que inventa, y que comunica al medio. El medio, el grupo que lo rodea, se adueña del giro lingüístico, lo modifica, lo incorpora al léxico común y el creador, el individuo que creó la frase, queda alienado del producto que ya no es suyo, sino que pertenece a la comunidad donde vive, que ni se acuerda luego de quien inventó esa palabra o frase tan oportuna que enriqueció el lenguaje colectivo. El creador de la frase quedó alienado de la misma. Si analizamos en concreto el concepto de alienación se notará claramente lo vacuo, lo metafórico e inexacto del mismo.
Supongamos que un trabajador dado en una fábrica de automóviles produce el timón. El trabajador no se convierte en timón, ni es la suma de todos los timones que produce. El trabajador sencillamente empleó energía, realizó un gasto de energía para fabricar esos timones y empleó un tiempo dado. Cuando se va de la fábrica ha empleado tiempo y energía en fabricar los timones, pero él se va completo de la fábrica y lo menos que desea es reencontrarse con los timones y lo menos que le importa es estar alienado de sus productos. Su centro de atención reside en emplear el mínimo de energía y tiempo en el proceso para obtener el máximo posible de poder social concentrado en el dinero.
La verdadera alienación se produce en la sociedad cuando el individuo, el verdadero iniciador de todas las transformaciones sociales y materiales, no puede ejercitar su imaginación o no puede comunicarla al entorno o no puede materializarla. En las sociedades altamente jerarquizadas, como la Inca, la de los faraones, o las socialistas, por ejemplo, sólo muy pocos individuos pueden comunicar y materializar su imaginación y como consecuencia, el desarrollo o evolución social es muy lento.
b) La evolución social
Las sociedades animales que son en realidad hiperorganismos, como en el caso de las hormigas, se someten en conjunto a la ley de la selección natural, pero internamente la cuestión de la supervivencia individual no juega ningún rol de importancia, pues el individuo no es mas que una pieza dentro de un programa colectivo de acción. En esas sociedades la supremacía de las fuerzas cúspicas son tales que es más propio hablar del hiperorganismo social como un todo, que hablar de un colectivo de individualidades. Las hormigas y entes similarmente organizados son muy resistentes a la evolución genética por mutación, porque la reproducción no se realiza individualmente, no hay un proceso de selección natural individual. Y por otra parte, tampoco hay evolución social.
Las sociedades humanas, sin embargo, evolucionan, porque aunque el marxismo considere la aparición de la propiedad privada una corrupción, eso ha sido un cambio social y la pregunta a hacerse es en dónde se originan los cambios sociales.
La fuente de toda la evolución social han sido los individuos cuando han inventado algo, un procedimiento nuevo, un mecanismo nuevo, la rueda, las lanzas, los cuchillos, las hondas, el arco y la flecha, la máquina de vapor, el dinero, la producción en serie y un larguísimo etcétera.
Es decir, lo que se observa en la historia es que el motor de la misma ha sido siempre la iniciativa individual y así se explica la disparidad en el avance de las diferentes sociedades: se desarrollan más las que más favorecen la iniciativa individual.
Por último, si los seres humanos estaban alienados bajo el capitalismo por la propiedad privada sobre los medios de producción y "libres" como propietarios comunales bajo el socialismo, entonces los "proletarios redentores" de la URSS tendrían que haber producido avances tecnológicos deslumbrantes en los casi 80 años de existencia de la nación Madre del Socialismo. Es cierto que hubo avances, pero estos se realizaron en pocos sectores, como en el campo militar, el fusil AK, los cohetes intercontinentales, los satélites artificiales o "sputniks", etc. En la inmensa mayoría de los campos la URSS siempre estuvo detrás de los países capitalistas.
Lo enajenante no es la propiedad privada, lo enajenante es el marxismo como doctrina contraria a la individualidad humana, que ha sido y es la fuente de todo desarrollo. El socialismo lo que hizo fue convertir las sociedades humanas en hormigueros renuentes a toda evolución posterior.
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[1] Esta metáfora de la alienación también se puede aplicar al socialismo, porque en esencia el producto se sigue alienando del trabajador una vez que emprende su ruta en el mercado bajo las reglas de la Nueva Jerarquía.