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Posibilidad y necesidad de una ética humana
La ética es una normativa de la conducta humana. Si bien las convicciones generales por sí mismas, por su existencia, ejercen un fuerte influjo sobre la normativa ética, por otro lado, la mayoría de las veces se plantean explícitamente determinar la conducta en toda su extensión. Sin embargo, las realidades intrínsecas humanas, las propias de su evolución y existencia, dictan su juicio contra toda creencia que en algún punto se haga inhumana. Y es que la identidad esencial de todos los seres humanos, independientemente de su nacionalidad, etnia o creencia, brota incontenible desde su ser en sí. Por ello siempre ha habido y siempre habrá personas que escuchen esa voz interior sin importar las presiones externas y las creencias del momento. Esa voz interior resulta de la capacidad de permutar, de colocarse imaginariamente en la posición de otros seres.
El hombre cree porque no puede vivir sin creer, porque ser hombre es creer y, por lo tanto, quitarle o impedirle la creencia a cualquiera es quitarle o impedirle ser humano. Es necesario ser místico, creer en algo, mejorar incesamente lo que se cree, tratar de que los demás lo crean también, pero no creer en exceso lo que creemos, no caer en el fanatismo que es la enfermedad de la mística.
Somos animales parlanchines y no sólo debemos parlotear todo lo que podamos, sino controlar a aquellos que quieren callar a los demás para sólo hablar ellos. Debemos también ser narcisistas sin exageración, cuidarnos a nosotros mismos en todos los aspectos y amar la belleza. También debemos evitar la cobardía, conquistar nuevas metas, espacios, enfrentar nuevos desafíos en función de los supremos ideales de la Vida: la emoción del poder -no del poder ejercido contra la Vida- bien administrada es capaz de servir a las mas nobles metas. Y sintámonos potentes, riámonos hasta de nosotros mismos, que la risa es nuestro privilegio y la flor de nuestra especie.
Debemos pensar sin tregua, desarrollar la imaginación, porque órgano que no se usa se atrofia, porque es la imaginación la que define con justicia la parte humana de la vida.
Nuestro deber primordial es con nosotros mismos, para que todos tengamos una vida mejor, oportunidades y asistencia cuando sea necesaria; después nuestro deber es con la Vida y sus principios. La humanidad no sólo tiene un ancestro común entre sí, por lo que todos somos hermanos, sino que toda la vida tiene un ancestro común y nos debemos a ella. Es imperativo por lo tanto conservar la Estructura de la Vida y expandirla a través del universo.
Las fuerzas genéticas han gobernado hasta ahora el mundo viviente; nosotros, hijos de la Vida y de la información sublimizada somos los mejores representantes de las fuerzas de la información, porque somos la información que ha tomado conciencia de sí misma, pero debemos alcanzar cierta cuota de desarrollo social y mundial antes de que tengamos la potencia necesaria para arrebatarle el trono a las fuerzas genéticas, porque ¿qué sería de este mundo de hoy en día si las transformaciones genéticas -o las explosiones atómicas- se pudieran hacer con un equipo portátil del tamaño de un portafolios y todos tuvieran acceso a él?
Copyright © Arnoldo Águila
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