En primer término debemos reafirmar lo que ya hemos dicho sobre las categorías, que dividen y separan cosas que en la realidad no son tan separadas. No existe una división precisa entre los entes vivos y los no vivos, no existe una división absoluta entre el ser vivo y su medio, ni entre las plantas y los animales, y es que las divisiones son un procedimiento mental imprescindible para nombrar y para el consiguiente proceso de rumiación sicológica.
Las características exteriores de los entes vivos son el crecimiento, la reproducción y el metabolismo. Algunos biólogos sostienen que el metabolismo -un conjunto de procesos químicos que comunica el ser vivo con su medio mediante el intercambio organizado de productos químicos-, es el aspecto más importante (añado yo: para un sistema de referencia ubicado en el ente específico), porque tanto el crecimiento y la reproducción pueden ser demorados o hasta eliminados, pero si el metabolismo se suspende el ser deja de vivir.[1] Otros biólogos plantean que el ser vivo se define a partir de su capacidad de reproducirse, de replicarse (añado de nuevo: para un sistema de referencia ubicado en el medio donde se desenvuelven estos entes), pues la vida desaparecería si no se reprodujera.[2]
Digamos que el protoplasma, la materia viviente es por lo general, una mezcla organizada, compleja, de proteínas, grasas y muchas otras sustancias, suspendida en agua, y que en conjunto se encuentra en un estado continuo de actividad química. Estas sustancias sin la organización o estructura que las une, aisladas en el medio o mezcladas arbitrariamente no tienen vida. Lo que vive es el sistema entrelazado de esas sustancias macromoleculares. El ser vivo mínimo es una estructura, una forma de organización química de sustancias macromoleculares.[3]
Una de las dos características fundamentales de los seres vivos, la primera, que define ya a un ente como semi-vivo es que absorbe del medio entes para incorporarlo a su estructura, para mantener o hacer crecer su estructura[4], a sí mismo, y expele de sí mismo entes (desechos) con el fin de mantener su estructura. Sigue en este sentido la tendencia piramidal cúspica de integración en contra de las tendencias disociadoras de base, el Ser Vivo subsiste en cuanto subsiste integrado, y deja de existir en cuanto se desintegra su estructura, aunque subsistieran todos sus materiales integrantes.
En la Vida pues existen dos términos indisolubles: el medio y el ser vivo. El ser vivo incorpora seres del medio y expele entes de sí conservando su estructura mediante la reposición. Aquí existe una cuestión sumamente curiosa: el ser vivo necesita mantener un equilibrio apropiado con el medio, pero él contribuye a transformar el medio.
La otra característica fundamental es que el ser vivo hace réplicas de sí mismo, se reproduce. Observaremos que la reproducción, aunque obedece la misma tendencia, es agresiva, expansionista, tiende a transformar al medio en réplicas de su estructura interna. Llamamos estructura a un conjunto de entes con diversos niveles de relaciones organizados de una manera específica. Un nivel de relaciones esta constituido por entes que mantienen relaciones en equilibrio y son comparables entre sí. Una estructura en nuestra filosofía siempre es una pirámide de relaciones, pero en lo particular es una pirámide en estado estable. Un ente que tienda a conservar su estructura interna mediante intercambios con su medio y a replicarse a costa del medio es un ser vivo. El ser vivo por lo tanto posee información sobre su identidad estructural, una información que busca perpetuar esa estructura.
La tendencia de conservación de la estructura interna conlleva a otra tendencia: ya que la conservación de la estructura interna depende del medio, y este cambia incesantemente por razones externas y por la modificación de los entes vivos, la tendencia a mantener la estructura interna conlleva la necesidad del aumento incesante de las capacidades de exploración y de transformación del medio y la consecuente capacidad de modificar la estructura propia.
Es digno de destacar que los seres vivos son los unos para los otros parte del medio y origen de las fuerzas contrarias mas importantes; es decir, las fuerzas de repulsión que generan los seres vivos entre sí son fuerzas que pueden ser mayores en un momento dado que las fuerzas de medio físico y todas estas fuerzas repulsivas son el reto de lo que se llama "la lucha por la existencia"[5].
Para vencer esas fuerzas contrarias los seres vivos responden en la evolución con lo que se llama en biología el índice de cerebración creciente: en el proceso evolutivo las nuevas especies aumentan sucesivamente la capacidad cerebral.
En la base del Universo el protón y el electrón por sus cargas eléctricas disímiles se atraen[6] y como es sabido las cargas eléctricas del mismo signo se repelen[7]. Aquí tenemos la presencia de las fuerzas electromagnéticas, que adquieren el apellido "magnético", porque siempre que hay movimiento de cargas eléctricas está presente el magnetismo. Entre los protones y neutrones se desarrolla una atracción de muy poco alcance pero de extraordinaria potencia que da manifiesto a la fuerza nuclear. La fuerza de atracción entre las masas de los cuerpos es la fuerza gravitacional. Existe otra fuerza generada en los núcleos inestables y que da lugar al desprendimiento de partículas beta (electrones acelerados) y que se llama fuerza débil. Todas estas fuerzas de distinto origen realizan dos labores: o como fuerzas de atracción o de repulsión.
Pienso que resultaría conveniente hablar también de fuerzas biológicas, que tiene su basamento en las fuerzas electromagnéticas, pero con características propias. No sería nada muy herético si se tiene en cuenta que las fuerzas químicas y mecánicas también se basan -de un modo más desnudo- sobre las fuerzas electromagnéticas. La característica propia de las fuerzas biológicas es que son fuerzas desencadenantes de otras fuerzas, es decir, la fuerza biológica estrictamente hablando es la que desencadena un proceso químico o físico que forma parte de algún proceso vital del ente vivo, en un sentido más amplio pudiera incluir todas las fuerzas que genera el ser vivo. Las fuerzas biológicas pudieran descomponerse en tres tipos: fuerzas de conservación o metabólicas, fuerzas de reproducción o genéticas y fuerzas informativas. Las fuerzas de conservación son aquellas fuerzas que tienen como finalidad mantener o hacer crecer la estructura del ser vivo, por ejemplo, cuando se come o se huye del peligro. Las fuerzas de reproducción o genéticas son las encaminadas a replicar, a reproducir al ser vivo y las fuerzas de información tienen la finalidad de buscar, recibir y procesar la información sobre la estructura del ser y del medio.[8]
El proceso biológico es un proceso teleológico orientado por una estructura (ojo: con información sobre sí misma y sobre el medio[9]) con la finalidad de compensar sus gastos energéticos y multiplicarse. Es posible que la fuerza biológica corresponda a la existencia de un campo biológico. El efecto Kirlian de la fotografía de alto voltaje de los seres vivos, de plantas, pudiera ser una prueba de eso. Por otra parte, la existencia de puntos energéticos y de un mapa invisible de control del cuerpo ha quedado más que demostrado por la acupuntura, técnica de aplicar agujas y rotarlas en determinados puntos, y la derivación técnica de aplicar electricidad a estos mismos puntos[10]. ------------------------------------------------
[1] Con excepción de los casos de movimiento suspendido de ciertos virus, bacterias y esporas bajo determinadas condiciones especiales.
[2] Por otra parte, los virus no poseen un sistema metabólico completo propio y dependen del sistema metabólico de la célula huésped.
[3] Grandes conjuntos de moléculas.
[4] La vida por otra parte, crece por intususcepción, desde adentro, no agregando material al exterior. Los entes no vivientes pueden hincharse por absorción de agua o de otros líquidos o son capaces de crecer por la mera adición de material del mismo tipo que ya está presente como lo hace el granizo.
[5] La lucha es un término que nace en la biología, específicamente en la Teoría Darwinista. El término implica una finalidad, lucha por la existencia con la subsiguiente supervivencia del más apto, pero este aspecto, el teleológico, es dejado a un lado por dicha teoría cuando plantea que el origen de los cambios en esa lucha es el azar. El ser vivo se enfrenta a los obstáculos que le presenta el medio y compite con sus congéneres. La teoría marxista toma este concepto de lucha en la llamada unidad y lucha de contrarios, pero no toma con el mismo interés la competencia interna del mismo bando, las fuerzas de repulsión de los entes iguales. La lucha más importante para la reproducción de los seres vivos es la lucha contra sus congéneres, pero esta competencia, así como en general la lucha que genera las fuerzas de repulsión entre entes iguales (que nace desde la física con el principio de exclusión, con el principio de que dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio, con el hecho de que partículas cargadas con el mismo signo se repelen) es sencillamente ignorada por Marx y cía., obsesionados con la lucha entre dos conceptos abstractos, quizás dos categorías funcionales, pero en realidad no dos entes reales.
[6] Hecho físico elevado al olimpo por la teoría marxista para justificar la lucha de clases.
[7] Hecho físico ignorado por el marxismo, porque plantea otro tipo de fuerzas, las de repulsión, presentes en todos lo entes y que diluye la existencia de la burguesía como ente único, como clase.
[8] Debemos señalar que ya en el mundo físico existen elementos como los cristales capaces de regenerarse si son rayados, por ejemplo. O de cristalizar u ordenar un medio dado al ser introducidos en él. Quizás la diferencia mas significativa con el ser vivo sería la falta en este caso de fuerzas informativas. Pudiera en última instancia decirse que en el universo conocido existen dos tendencias en el acontecer: una tendencia conservativa, inercial o de masa; y una tendencia de transformación, de cambio o de energía.
[9] Según Manfred Eigen la información tiene una capacidad de auto-organizarse y es un principio que controla los sistemas químicos, y a través de la selección natural tiende a avanzar hacia estructuras cada vez mas complejas.
[10] Pienso que en biología se han estudiado muy poco las relaciones magnéticas. No puedo quitarme de la cabeza, quizás por mi formación técnica, el parecido que tiene el ADN con los inductores.