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    Todo es según el color del cristal con que se mira

    a) Filosofía Concreta Relacional Relativista


    Mi concepción es relativista, no tan sólo por influencia del relativismo de Einstein, sino por el referencialismo de la Física[1]. Y es que en la Física siempre existe un punto o laboratorio de referencia, explícito o implícito, en todos los enunciados que se hagan. Si usted dice “El móvil A de mueve hacia X, con una velocidad Y”, ese enunciado sólo es cierto para un punto o laboratorio B, que puede estar en reposo o en movimiento, pues para otro punto C con condiciones diferentes el enunciado no se cumple, no es cierto.

    Es decir, generalizo esa información extraída de la actividad práctica elemental y planteo que todos los enunciados se hacen a partir de un punto de referencia y son válidos para ese punto de referencia. Eso no quita que existan puntos de referencia similares y que en ese caso, los enunciados tengan la misma validez para todo ese conjunto.

    Eso es lo que se busca cuando se está tratando de buscar una solución común para un problema entre diversos grupos sociales: una tierra común desde la cual se puedan generar enunciados aceptables para los diferentes grupos.

    Este relativismo filosófico es parte de la base de sustentación de mi criterio de la verdad como el acuerdo social sobre un enunciado de un grupo dado, pero no es toda la base, pues mi concepto de verdad adquiere su dimensión completa cuando mi filosofía adquiere la dimensión antropológica al preguntarme cuál era la esencia humana, cuál es la cualidad que nos separa irremediablemente de los animales.



    En Física para definir el movimiento de un objeto hay que especificar el punto de referencia. Si en el cosmos estamos tú y yo solos (tú en "A" y yo en "B", y tú me ves acercándote a ti (la distancia "I" va disminuyendo), en realidad tú no puedes determinar si el que se está moviendo soy yo, o lo eres tú, porque si tú te acercas a mí en vez de yo a ti, tú ves exactamente lo mismo.

    Si aparece otra persona en la escena ("C"), a la que llamaremos “observador”, se descubre toda la complejidad de la situación, pues ya no hay sólo dos puntos de vistas y dos enunciados contrarios, sino que aparece un punto de referencia que puede permitirnos ponernos de acuerdo. Por ejemplo, el observador y yo nos mantenemos sin cambio de posición el uno con respecto al otro (distancia "III" sin cambio) y entonces tú puedes decir que te estás acercando a mí si asumes que el observador se encuentra inmóvil, y la misma afirmación podemos hacer tanto el observador como yo. Es decir, podemos ponernos de acuerdo para realizar un enunciado sobre tu movimiento si aceptamos un mismo punto de referencia.

    Sin embargo, el punto de referencia es absolutamente arbitrario, es el resultado de “un ponernos de acuerdo acerca de quién o qué es el punto de referencia”, pues muy bien se podría haber definido que tú eras el punto de referencia y entonces los que estarían en movimiento serían el observador y yo.

    Es decir, los enunciados siempre tienen un punto de referencia y son validos tan sólo para ese punto de referencia.

     b) Todo enunciado necesita un sujeto; toda verdad es un enunciado aplaudido

    Este relativismo que valora los enunciados o afirmaciones en dependencia del punto de referencia se enlaza en nuestra filosofía muy estrechamente con el problema de la verdad y nuestra afirmación de que la verdad es un acuerdo social de un grupo dado, pues el grupo valora los enunciados obviamente desde su punto de referencia.

    ¿Por qué esto es así?

    Un enunciado es una aseveración positiva o negativa, una afirmación o negación del tipo El enunciado "A" es cierto o falso aplicado a "B", donde "B" es una parte o el todo de la realidad.

    El relativismo añade que ese enunciado "A" sobre "B" se enuncia y se valora desde la posición "X".

    Pero lo interesante del caso es que para que haya un enunciado hay un sujeto que enuncia y hay sujetos que escuchan y que aprueban o no.

    Un grupo científico específico aplica una lógica o sistema de rechazos y aceptaciones para valorar un enunciado o afirmación y después de un procedimiento establecido llega a un acuerdo sobre su valor y puede ser aceptado ese enunciado como verdad. El relativismo se enriquece y se amplía, pues no sólo es un problema de punto de referencia, sino de las reglas que aplica un grupo dado para medir sus enunciados y establecer sus verdades. Es decir, el relativismo establece una dependencia social de las verdades.

    Pero hay más, porque las verdades no son eternas e incambiables. El grupo científico, como demuestra la historia, de cuando en cuando revisa sus afirmaciones y las cambia en función de las nuevas informaciones adquiridas, porque éstas pueden contradecir, ser incoherentes, con la verdad establecida.

     c) La coherencia es una necesidad de nuestra mente, no de la realidad

     El ser humano se caracteriza como tal por ser un creador y manipulador de información, que trata de hacer coherente al conjunto de la mismas, como cuando se arma un rompecabezas. Y como continuamente se generan piezas nuevas el rompecabezas nunca se termina de armar.

    Pero por desgracia no sólo es que aparecen piezas nuevas, sino que hay piezas que no cuadran en ningún lugar, aunque el ser humano trata de forzarlas de todas maneras. Y eso es así por un tendencia interna de la mente humana que trata de hacer coherente todo, pero es que al parecer la realidad no es del todo coherente.[2]

    Por ejemplo, la visión absoluta del tiempo como transcurriendo de modo igual para todo el mundo, fue derrumbada por la teoría de la relatividad de Einstein, pues el tiempo transcurre distinto para los que se mueven a distinta velocidad. Es decir, que "verdades" tan firmes como el espacio y el tiempo no tienen nada de firmes y dependen, son relativas, de dónde se encuentra el punto de referencia y de la velocidad de todos los objetos.

    El relativismo de nuestra filosofía conlleva obviamente un contenido de agnosticismo; es decir, de una imposibilidad relativa, parcial, de conocer, de interpretar la realidad como una realidad coherente y enteramente predecible. La Física moderna, cuántica, fue como un Frank-Einstein que se rebeló contra su creador, pues nació cuando Einstein señaló que la luz no sólo era una onda, sino que también estaba compuesta de partículas que luego fueron llamadas fotones. Esto se llamó la dualidad partícula-onda (ente-relación), dualidad que sencillamente es contradictoria y absurda, porque una onda es el movimiento de un medio, como las ondas en el agua, como el sonido en el aire, mientras que una partícula es un ente con masa que se mueve, que se desplaza.

    Antes de la aparición de la mecánica cuántica, se consideraba que la Física, la madre verdadera de todas las ciencias, pues las Matemáticas es tan sólo su herramienta principal, podía hacer predicciones exactas del desplazamiento de los cuerpos si contaba con todos los datos iniciales. Pero con la mecánica cuántica desapareció esa exactitud engañosa, pues los pronósticos pasaron a ser probabilísticos, y las partículas podían o no podían cumplir los pronóticos.

    Lo que engañaba a los Físicos no-cuánticos era que en nuestro nivel de relaciones las probabilidades de pronóstico exacto son muy altas y aparentan ser imbatibles.

    Einstein después de haber creado al monstruo lo rechazó infructuosamente e incluso exclamó: "Dios no juega dados con el Universo".[3] A Einstein le fue imposible aceptar la afirmación de la mecánica cuántica de que no se podía contestar cuál era la trayectoria seguida por una partícula de un lugar a otro, que en la realidad, cuando no se observaba, había una niebla de posibilidades que se desarrollaban todas al mismo tiempo y que cuando se producía la medición se forzaba a que se produjera una de ellas. Tampoco podía aceptar que partículas a millas de distancia estuvieran relacionadas de tal manera que cuando se afectaba a una con una medición, la otra tomara una medición opuesta como si estuvieran en comunicación instántanea.

    El relativismo de nuestra filosofía nos plantea que los enunciados dependen desde dónde los emitimos, que la verdad es aquello que nuestra mente humana, un mero producto de la evolución orgánica sujeta a la selección natural y demás leyes, entiende como verdad. Y lo que conocemos de la existencia viene dado por la mente humana. Como consecuencia la verdad es un problema relacionado con el acuerdo social, acuerdo entre las gentes, entre los grupos sean científicos o no.

    Y la mecánica cuántica nos reafirma lo que ya dijimos cuando hablamos de nuestro agnosticismo relativo, del relativismo espacio-temporal de nuestros enunciados, de la incoherencia de la realidad que rechaza incluso el deseo de la mente de un Einstein de hacerla coherente. Un relativismo que se reafirma cuando la mecánica cuántica nos dice que el observador, nosotros, altera la realidad cuando la investiga.

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[1] Mi primera influencia relativista en realidad provino de un genial verso de Campoamor cuando dijo: "Todo es verdad/todo es mentira/todo es según el color/del cristal con que se mira".

[2] La Mecánica Cuántica cuenta con cierto grupo de incoherencias, como el experimento recomendado por Einstein de afectar una partícula de un par, y sin embargo, la segunda partícula resultaba afectada inexplicablemente, sin estar sometida a la fuerza incidente. La Filosofía concreta admite la posibilidad de la incoherencia. Es nuestra mente la que pretende obtener la coherencia absoluta, aunque no sea correspondiente con la información.

[3] Los datos sobre Einstein fueron tomados del artículo de Brian Green "One Hundred Years of Uncertainty", aparecido en "The New York Times", Viernes 8 de Abril del 2005. Green es profesor de física y matemáticas y autor de "The Elegant Uiverse", y de "The Fabric of the Cosmos".

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