ARNOLDO ÁGUILA
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El siguiente es el texto completo en español del discurso pronunciado el 23 de Septiembre del 2002 por el presidente de la República Checa, Václav Havel, en la Universidad Internacional de la Florida . El excelentísimo Presidente de la República Checha nació el 5 de octubre de 1936 en Praga. Tuvo fama como autor teatral al escribir obras como "La fiesta" (1963) y "El memorándum" (1965). Denució la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968, por lo que sus obras fueron prohibidas. Siguió defendiendo los derechos humanos a pesar del hostigamiento y encarcelamiento al que fue sometido. Havel fue fundador del movimiento Carta 77, en 1977, y líder del grupo de oposición Foro Cívico en 1989. Fue elegido presidente de la República en diciembre de 1989 tras la caída del régimen comunista. Las elecciones de 1990 le confirmaron en el cargo. En 1992, se iniciaron negociaciones entre checos y eslovacos, para crear dos repúblicas distintas, la República Checa y Eslovaquia. Havel dimitió como presidente de Checoslovaquia el 2 de julio de 1992, y el 1 de enero de 1993 se hizo efectiva la división de la antigua Checoslovaquia. Fue elegido presidente de la nueva República Checa en enero de 1993. Apoyó la pertenencia de la República Checa en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). En abril de 1994, recibió la Medalla de la Libertad y, el 11 de abril de 1997, el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. En la actualidad apoya el otorgamiento del premio Nobel de la Paz a Oswaldo Payá Sardiñas, autor del "Proyecto Varela".


El resplandor de la palabra libre

VÁCLAV HAVEL:

Señor Presidente, distinguidos invitados, señoras y señores, ciudadanos de Cuba que nos escuchan:

Por primera vez en mi vida tengo el privilegio de visitar la Florida, y al mismo tiempo, será éste el último estado de los Estados Unidos y de todo el continente americano que visite en calidad de presidente de mi país. Fue mía la decisión de venir a la Florida, y así lo he hecho, entre otras cosas, porque quería saludar desde aquí a todos los cubanos, tanto a los que viven acá, como a los que residen en la isla.

Toda persona moderna y de pensamiento libre siente o debería sentir solidaridad con todos aquéllos a quienes se les impide vivir en su patria o visitarla libremente, y también con los que se ven obligados a vivir en ella en constante estado de miedo, con los que no pueden salir y luego regresar a ella según su libre criterio.

Sin embargo, hay personas que por principio deberían sentir esa solidaridad con mayor intensidad que otros. Me refiero a los que hemos conocido en carne propia la opresión de un sistema totalitario de corte comunista, o a los que incluso hemos intentado oponerle resistencia, y que al hacerlo hemos podido palpar en toda su medida la importancia de la solidaridad y del apoyo que los ciudadanos de países más libres nos brindaron.

Pienso que uno de los instrumentos más diabólicos para avasallar a unos y embelesar a otros es el singular lenguaje comunista. Es un lenguaje lleno de doblez y subterfugio, de consignas vacías y de figuras retóricas estereotipadas. Se trata de un lenguaje capaz de maravillar enormemente a las personas que no hayan descubierto su falsedad, o a las que no hayan tenido que vivir en un mundo manipulado por él. A la vez, en otras personas, ese mismo lenguaje es capaz de infundir el miedo y el terror, hasta sumirlas en un estado de perpetuo disimulo.

También en mi país hubo generaciones enteras de personas que se dejaron desorientar por ese lenguaje lleno de bonitas palabras sobre la justicia, la paz y la necesidad de luchar contra los que --supuestamente al servicio de maléficas potencias extranjeras-- se oponían al poder que ese lenguaje esgrime. La gran ventaja de ese lenguaje es que todas sus partes se entrelazan firmemente dentro de un sistema cerrado de dogmas que excluye todo lo que no se acomode a él. Cualquier idea un tanto original o independiente, cualquier palabra que no pertenezca al vocabulario oficial, se tilda de diversionismo ideológico, y esto, parecería, casi antes de que nadie pueda expresarla. La red de dogmas que justifican cualquier arbitrariedad del poder suele por ende adoptar la forma de una utopía, es decir, la de un concepto artificial que contiene en sí mismo todo un conjunto de razones para que todo cuanto no se avenga a su estructura tenga que ser suprimido, prohibido o destruido, en aras de un futuro feliz.

Lo más cómodo es aceptar ese lenguaje, creer en él, o por lo menos, adaptarse a él. Es muy difícil mantener una óptica propia --por mucho que el sentido común nos dé mil veces la razón-- siempre que eso signifique rebelarse contra el lenguaje del poder o simplemente negarse a usarlo. Todo un sistema de persecuciones, de prohibiciones, de informantes, de elecciones obligatorias, de espiar al vecino, de censura y, en última instancia, de campos de concentración se esconde tras un velo de palabras hermosas que no se avergüenzan, ni en lo más mínimo, de llamar a la esclavitud una ''forma superior de libertad'', ni de tildar al pensamiento independiente de ''lacayo servil del imperialismo'' o denostar al espíritu emprendedor con el mote de ''explotación del hombre por el hombre'', para luego pretender que se les llame, a los derechos humanos, un ``invento de la burguesía''.

La experiencia de mi país fue muy sencilla: cuando la crisis interna del sistema totalitario se hace profunda hasta tal punto que ya para todos es obvia, y cuando un número cada vez mayor de personas aprende a hablar en un lenguaje propio y a rechazar el lenguaje charlatán y mentiroso del poder, la libertad ya está muy cerca, casi al alcance de la mano. De repente salta a la vista que el ''monarca está desnudo'', y el misterioso resplandor de la palabra libre y del comportamiento libre resulta ser más fuerte que el más poderoso ejército, que la policía o que la jerarquía del partido, más decisivo aún que la destrucción sistemática y centralizada de la economía, o que los centralizados y avasallados medios de difusión, principales responsables de la propagación del mentiroso lenguaje de la utopía oficial.

Nuestro mundo, en general, no se encuentra en buen estado, y avanza quizás por un derrotero muy ambiguo. Pero esto no significa que tengamos el derecho de abandonar la libre y culta reflexión, para reemplazarla con un puñado de gastadas consignas utópicas. No lograríamos con ello un mundo mejor, sino un engendro. Por el contrario, lo que esto significa es que debemos hacer más por nuestra propia libertad y por la libertad de los demás.

¡Qué todos los cubanos vivan en libertad y disfruten de la independencia y de la prosperidad!

A todos aquellos que no han perdido la voluntad de oponerse a la arbitrariedad y a la mentira, ¡qué se cumplan vuestros sueños!

¡Ojalá que el Premio Nobel de la Paz le sea concedido a Oswaldo Payá Sardiñas, ese gran defensor de los derechos humanos en Cuba, y ojalá que ese premio refuerce el valor de todo el pueblo cubano para resistir sin violencia a un régimen violento!

Les agradezco su asistencia y su atención.




UE y Cuba: Libertad vs. Apaciguamiento
Václav Havel

(Traducido por Arnoldo Águila)

Posted on Fri, Jan. 28, 2005 The Miami Herald

Recuerdo de modo vívido el algo ridículo, ligeramente discordante y de alguna manera angustioso dilema en el que se encontraban los diplomáticos en Praga durante la Guerra Fría. Con regularidad ellos necesitaban resolver el tema delicado sobre si invitar a las celebraciones de sus embajadas a algunos de los signatarios del Capítulo 77, activistas de los derechos humanos, críticos del régimen comunista, políticos desplazados o incluso escritores, eruditos y periodistas prohibidos -personas con las que, por lo general, tenían amistad.

Algunas veces, nosotros, los disidentes, no éramos invitados, pero recibíamos una disculpa y algunas veces fuimos invitados, pero no aceptamos la invitación para no complicarle la vida a nuestros valientes diplomáticos y amigos. O éramos invitados para que fuéramos a horas más tempranas con la esperanza de que nos fuéramos antes de que los representantes oficiales arribaran, lo que algunas veces funcionaba y otras no; y cuando no, o los representantes se iban en protesta por nuestra presencia, o nos íbamos apresuradamente, o todos pretendíamos no darnos cuenta de nuestra mutua presencia, o -incluso en raras ocasiones- empezábamos a conversar los unos con los otros, lo que frecuentemente era los únicos momentos de diálogo entre el régimen y la oposición (sin contar nuestros encuentros en los juzgados).

Disidentes o comercio

Todo esto sucedió cuando la Cortina de Hierro dividía Europa -y el mundo- en campos opuestos. Los diplomáticos occidentales tenían que considerar los intereses económicos de sus países, pero, a diferencia del lado soviético, ellos tomaron en serio la idea de disidentes o comercio. Yo no recuerdo ninguna ocasión en esa época en la que el Occidente o cualquiera de sus organizaciones (OTAN, la Comunidad Europea, etc.) emitiera algún llamamiento público, recomendación o edicto estableciendo que un grupo específico de personas de mentalidad independiente -sin embargo definidas- no fuera invitado a fiestas diplomáticas, celebraciones o recepciones.

Sin embargo, hoy esto está ocurriendo. Una de las más fuertes y poderosas instituciones democráticas en el mundo -la Unión Europea- no tiene reparos en hacer pública una promesa a la dictadura cubana de restablecer el Apartheid diplomático. Las embajadas en la Habana ahora confeccionarán sus listas de invitados de acuerdo a los deseos del gobierno cubano. La miopía política del Primer Ministro socialista de España, José Zapatero, ha prevalecido.

Traten de imaginar lo que ocurrirá: En cada embajada europea, alguien será designado para revisar la lista, nombre por nombre, y evaluará si las personas en cuestión se han comportado sin seguir la línea oficial o ha hablado libremente en público y hasta qué punto lo ha hecho, cuánto ha criticado al régimen o incluso si ha sido un prisionero político. Las listas serán acortadas y se borrarán nombres y esto frecuentemente conllevará la eliminación inclusive de buenos amigos de los diplomáticos a cargo del escrutinio, personas a las que ellos han asistido de forma intelectual, política o material. Sería incluso peor que los países de la UE trataran de enmascarar sus actividades de investigación invitando tan sólo a diplomáticos para sus celebraciones en las embajadas en Cuba.

No puedo imaginar para la UE una mejor manera de deshonrar los nobles ideales de libertad, igualdad y derechos humanos que la Unión abraza -en efecto, principios que reitera en su acuerdo constitucional. Para proteger las ganancias de las corporaciones europeas de sus hoteles en La Habana, la Unión cesará de invitar a personas de mente abierta a las Embajadas de UE y deberemos deducir quiénes son por la expresión del rostro del dictador y sus asociados. Es difícil imaginar un acuerdo más vergonzoso.

Los disidentes en Cuba, desde luego, afortunadamente continuarán existiendo sin las bebidas y las conversaciones educadas en las recepciones Occidentales. Esta persecución verdaderamente agravará su difícil lucha, pero ellos naturalmente la sobrevivirán. El asunto es si la UE la sobrevivirá.

Hoy, la UE está bailando con la música de Fidel. Eso significa que mañana pudiera competir por contratos para construir bases de misiles en las costas de la República Popular China. Al día siguiente pudiera permitir que sus decisiones sobre Chechenia sean dictadas por los consejeros del presidente ruso Vladimir Putin. Luego, por alguna razón desconocida, pudiera hacer su asistencia a Africa condicional a lazos fraternales con los peores dictadores africanos.

¿Dónde terminará esto? ¿Con la liberación de Milosevic? ¿Negándole la visa al ruso Sergev Kovalyov, activista de derechos humanos? ¿Una disculpa a Saddam Hussein? ¿Abrir conversaciones de paz con Al Qaida?

Coexistencia con dictadores

Es suicida para la UE utilizar las peores tradiciones políticas europeas, cuyo común denominador es la idea de que el mal debe ser apaciguado y que el mejor camino para alcanzar la paz es a través de la indiferencia hacia la libertad de otros.

Justamente lo opuesto es la verdad: Tales políticas demuestran indiferencia hacia la libertad propia y pavimentan el camino de la guerra. Después de todo, Europa se está uniendo para defender su libertad y sus valores, no para sacrificarlos al ideal de la coexistencia armoniosa con dictadores y de ese modo arriesgar una infiltración gradual de su alma por la mentalidad antidemocrática.

Creo firmemente que los nuevos miembros de la UE no olvidarán su experiencia del totalitarismo y la oposición no violenta al mal, y que esa experiencia será reflejada en como ellos se comportan en los organismos de la UE. En verdad, esta pudiera ser la mejor contribución que ellos pudieran hacer a los cimientos comunes espirituales, morales y políticos de una Europa unida.

(Václav Havel fue presidente de la República Checa.)

©2005 Project Syndicate

Discurso de Havel "El resplandor de la palabra libre"


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