ARNOLDO ÁGUILA
Portada | Escribirnos | Selectos | Novedades | Biografía | Libros | Filosofía | Correo | Cuba | Comentarios | Foros | Amigos | Estadística | Esperanto |

BÚSQUEDA



HEREJES Y CONSERVADORES


Arnoldo Águila




El conservadurismo y la herejía son componentes esenciales del ser humano como tal.

Las herejías que han dejado de serlo por la aceptación mayoritaria, poco a poco se añejan y constituyen la base ideológica de un grupo, cuya conservación representa la misma conservación del grupo sustentador. El conservadurismo, pues, es una defensa del estado del grupo y del grupo mismo, a pesar de que la historia demuestre que lo que se conserva hoy, quizás haya sido considerado una herejía en el pasado.

Verbigracia, el cristianismo con respecto al judaísmo; el protestantismo con respecto al catolicismo; etc.

La herejía es el desafío de un individuo en contra del grupo, manifestada en un artículo de fe, en una tesis dada por cierta a la que el rebelde le opone otra antagónica. La herejía, sino es reprimida o asimilada con éxito, puede generar un cisma destructivo o divisor, que desintegre al grupo o que lo divida en dos antagónicos: los conservadores y los herejes. Aunque por naturaleza, los herejes de hoy serán los conservadores de mañana.

En la lucha que se produce siempre los herejes están en desventaja, porque la herejía, el cambio, siempre nace en la cabeza de un individuo, mientras que el conservadurismo es siempre una verdad que sustenta y une al grupo.

La herejía es peligrosa no tan sólo por la inferioridad numérica que implica, sino porque el grupo se siente atacado, siente en peligro su existencia misma, y es que todo grupo humano es tal porque se cohesiona alrededor de un conjunto de creencias.

En esa lucha, tanto por parte del hereje como de los conservadores, se han usado todas las tácticas y recursos bajo el inhumano principio del "fin justifica los medios".

Hogueras para purificar a los Brunos, cruces para amedrentar a los Cristos, cicuta para los Sócrates, ostracismo para los Zolás, hachas para los Trotsky, etc., de parte de algunos conservadores. Y de parte de algunos herejes, mesianismo, maximalismo, conspiración, mentiras, demagogia, etc.

Siempre he sentido admiración por los herejes y he sido en muchas cosas uno de ellos, porque tengo mucha imaginación.

Pero en la actualidad comprendo la importancia del conservadurismo como defensa en contra de la desintegración social que se observa en las sociedades altamente desarrolladas, que dan quizás demasiado espacio a las herejías, algunas de ellas dañinas.

Y todo esto me vino a la mente producto de una noticia de Prensa Asociada en la que se informaba de una maniobra de un grupo denominado "Médicos por una Medicina Responsable", partidarios del vegetarianismo, en contra del recién fallecido Dr. Atkins, partidario de una dieta basada en lo fundamental en el consumo de carnes y quesos.

El Dr. Atkins fue un cardiólogo que, basado en los experimentos de ciertos investigadores, creó una dieta hereje para bajar de peso, contraria al sistema de creencias de sus colegas.

Una dieta que consiste en comer carne sin límite, y que limita el consumo de carbohidratos, era una herejía horrorosa y absurda en la época en la que el Dr. Atkins la publicó.

A pesar de que ya se han hecho estudios que desmienten algunos de los ataques que se le hacían, muchos doctores se sienten golpeados en sus partes más sensibles por la herejía cárnica.

El doctor Atkins murió producto de un golpe que se dio en una caída provocada por un suelo resbaladizo, y aparte de que el alcalde de New York lo tildó de gordo y se burló tanto de la comida que le ofrecieron en la casa del doctor, como que puso en duda que hubiera muerto de un resbalón, un doctor de Nebraska, que luego se descubrió que no tenía derecho a hacerlo por no ser un médico en ejercicio, solicitó y obtuvo el reporte del forense, se lo entregó al Comité de Médicos Vegetarianos, quienes a su vez se lo entregaron al "Wall Street Journal".

La intención era desprestigiar la dieta del doctor Atkins planteando que cuando éste murió tenía sobrepeso y dañado su corazón. El mismo Atkins un año antes de su deceso, había planteado estar recuperándose de un paro cardíaco vinculado a una infección del corazón que sufría "desde hacía algunos años" y que ésta "de ninguna manera estaba relacionada" con su dieta.

Stuart Trager, presidente del "Atkins Physicians Council" en Nueva York, le dijo al WSJ que el peso de Atkins estaba relacionado con la hinchazón asociada con su enfermedad y al tiempo que pasó en coma tras su lesión en la cabeza y que Atkins estuvo mucho más delgado durante la mayor parte de su vida.

Asistí hace unos años a una conferencia del doctor y lo vi personalmente y puedo asegurar que no estaba grueso y representaba tener menos años de los que tenía.

Debo advertir que no soy imparcial en esta disputa. No sólo he practicado la dieta de Atkins, sino que por mi ejemplo y por persuasión he inducido a otros a seguirla. La dieta funciona y se baja todo el peso que se desea, no se pasa hambre mientras se realiza, desaparecen los gases y la acidez, y, por si fuera poco, ¡mejora la hipertensión, los triglecéridos y el colesterol!

Creo que la base teórica que señala a los carbohidratos y los azúcares como responsables de la obesidad es coherente con la información que se tiene.

El problema de esta dieta, y prácticamente de todas, es el evitar la recaída después de bajar de peso, por lo que bajar de peso es tan sólo un primer paso que debe ser seguido de inmediato por un cambio sustancial de hábitos alimenticios y de vida.

En la actualidad difiero de Atkins en lo que respecta a la leche y sus derivados, que en la actualidad no consumo. He reducido las comidas a una sola diaria, aparte de un batido de leche de soya con semillas de lino molidas. Pero vigilo los carbohidratos y los azúcares, y no me preocupan ni la carne ni los huevos. Le he añadido a estas medidas un día de ayuno semanal.

No creo en el vegetarianismo, ni en el inducido por razones espirituales, ni en el inducido por "razones" de que comer cualquier carne, de cualquier manera es dañino. No creo que el sistema disgestivo del ser humano sea el apropiado para un animal vegetariano. Es más, no considero que el vegetarianismo sea saludable por la carencia de elementos necesarios al ser humano.

Pienso que si esos médicos tuvieran un átomo de vergüenza debieran establecer en sus testamentos la entrega de sus cuerpos para estudiar los efectos de su doctrina en sí mismos y no usar el descrédito del oponente como medio de imponerla. Es decir, deben investigar y tratar de probar; y no recurrir a tácticas denigrantes.

El "New York Post" en su edición del 11 de Febrero del presente, agrega un precioso detalle ideológico, porque relaciona al grupo "Médicos por una Medicina Responsable" con un grupo radical llamado "Personas para el Tratamiento Ético de los Animales".

Pero esta lucha de un hereje dietético con médicos conservadores que se alían con herejes pro animales, es tan sólo un ejemplo no muy grave, entre muchos más importantes que han ocurrido siguiendo líneas parecidas desde el comienzo de nuestra especie. Los seres humanos no son más que la herejía del reino animal.

Herejes y conservadores: he aquí el verdadero motor de la historia; motor que obtiene su energía de las explosiones incontrolables de la imaginación.


(Nota:
El escrito anterior fue creado el 20 de diciembre de 2004, el 17 de julio de 2008 leí en el Nuevo Herald un reportaje de Mike Stobbe de la AP en el que decía: "Parece que la dieta Atkins estaba en lo correcto después de todo: dietas bajas en carbohidratos y del tipo mediterráneas ayudaron a que las personas perdieran más libras que con la dieta tradicional baja en grasas, según uno de los estudios más amplios y prolongados para comparar ambos regímenes para bajar de peso. Pero hay una sorpresa mayor: la dieta baja en carbohidratos mejoró el colesterol más que las demás. Algunos críticos habían previsto lo contrario".)


Regresar a la sección "Actualidad"

Documentos relacionados:
La evolución del hombre como culminación biológica
Visión exterior del proceso de humanización
Creencia, sociedad, desarrollo y verdad