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    El ser humano es un animal tribal que cree

    a) La Naturaleza Humana vs. La Esencia Humana


     La expresión "Naturaleza Humana" es altamente contradictoria.

     ¿Por qué?

     Porque cuando se habla de "naturaleza humana" parece que se implica, aparte de la especificidad de nuestra especie, la parte animal, como mamífero tribal, que forma también parte de nuestra naturaleza, de nuestro modo de ser, y porque si el término se usa refiriéndose a lo estrictamente humano, a lo que en propiedad es la "Esencia Humana" de nuestra especie, se está cayendo en un absurdo, porque la esencia humana se carateriza sobre todo por ser "antinatural". El camino de la humanización de la especie humana es un camino que parte de lo natural, de lo animal, hacia lo cada vez más artificial, más humano. Obsérvese como desde el principio come distinto, se modifica a sí mismo alterándose el cráneo, introduciéndose objetos en distintas partes del cuerpo, se viste, etc., hasta llegar a nuestras civilizaciones, verdaderas cimas de la artificialidad.

     Es decir, nuestra esencia está en contradicción con nuestra naturaleza, pues a pesar de toda nuestra artificialidad somos todavía animales tribales.

     Compartimos con los animales más del 95 % de nuestros genes, y comemos, excretamos, fornicamos, procreamos, crecemos y morimos, como animales que somos, aunque expresemos de un modo distinto cada una de esas actividades mediante nuestra imaginación materializada o socializada .

     Y es que el ser humano lucha por humanizar la parte animal que posee, lucha por diferenciarse de ellos.

     Y que esa diferenciación es producto, en primer término, de la labor de la imaginación se demuestra en la individualidad de los pueblos, porque esa humanización es diferente en cada uno de ellos en la actualidad e históricamente.

     Somos animales humanos, por lo que debido a la campana de distribución estadística, hay un porcentaje dado de seres humanos que son sencillamente animales con ropas, animales que parecen humanos por el ligero barniz que los cubre, hay el término medio, y hay otro también pequeño, donde la humanidad es mucho más notoria. ¿Qué porcentaje de humanos clasifica como animales de rebaño, simples miembros de tribu y cuál como verdaderos individuos humanos?

     b) Un experimento aterrador


     El aspecto tribal de nuestra naturaleza, en su aspecto más terrible, fue puesta al desnudo por un psicólogo social norteamericano, Stanley Milgram, quien fue intrigado por las respuestas de Adolf Eichmann cuando era juzgado por crímenes contra la humanidad cometidos por el régimen nazi. La pregunta que se formuló fue hasta que punto era cierto que Eichmann y sus cómplices simplemente "seguían órdenes" y decidió realizar unos estudios sobre la "Obediencia a la Autoridad".

     Milgran se preguntó si cualquiera de nosotros podíamos llegar a la tortura y al asesinato cumpliendo órdenes. Por lo que se le ocurrió realizar experimentos para comprobarlo.

     En New Haven, Connecticut, En respuesta a una anuncio en un periódico se fueron presentando candidatos para participar en un estudio sobre la memoria y el aprendizaje. No se les dijo que en realidad la investigación se refería a la obediencia, porque obviamente eso viciaría los resultados. [1]

     En el laboratorio de la Universidad de Yale lo recibía un experimentador de aspecto severo en bata blanca y alguien que aparenta ser otro sujeto más de la investigación, agradable y amistoso. El experimentador les explica a ambos que uno de ellos actuará como "maestro" y el otro como "alumno". Se efectúa un sorteo amañado que le otorga el papel de "maestro" al que ha respondido al anuncio del periódico y el de "alumno" al actor que ha sido contratado para actuar como tal, pero que a los ojos del "maestro" es un coparticipante del experimento, como él mismo.

     La tarea del "maestro" consistía en leer pares de palabras al "alumno" y luego éste debería ser capaz de recordar la segunda palabra del par después de que el maestro le dijese la primera. Si fallaba, el maestro tendría que darle una descarga eléctrica como una forma de reforzar el aprendizaje.

     Los tres hombres se dirigen a una sala adyacente donde hay un aparato muy similar a una silla eléctrica. El "alumno" ("student" en el diagrama) se sienta en ella y el Experimentador ("Experimenter" en el diagrama, que representa la figura de autoridad) lo ata con correas.




     En la máquina hay 30 conmutadores marcados con etiquetas para aumentar las descargas con incrementos de 15 voltios hasta llegar a 450. Cada conmutador tiene también una nota clasificatoria que va desde "ligero choque" hasta "peligro: choque severo". Los dos conmutadores finales se clasifican "XXX". El "maestro" debe incrementar el voltaje cada vez que el "alumno" falla una palabra en la lista.

     A través de un intercomunicador el maestro lee las palabras y puede escuchar las respuestas del alumno. Los errores iniciales son castigados con descargas leves, pero cuando el nivel de descarga alcanza cierto nivel comienzan las quejas.

     Los que fungen de maestros se comienzan a poner nerviosos, algunos preguntan quién es el responsable si se producen daños al "alumno", pero cuando el "experimentador" asume la responsabilidad continúan. Mientras tanto, el "alumno" va incrementando su respuesta a medida que se "incrementan" el nivel de los choques, desde gritos, aullidos, gritos de agonía negándose a continuar, hasta que sólo produce estertores y ya no responde a las preguntas.

     Milgram comentó que había observado como un hombre de negocios aplomado, confiado y sonriente, se convertía en 20 minutos como "maestro" en este experimento, en un manojo de nervios, con tics y tartamudeante. En un momento dado, ese "maestro" presionó su puño contra la frente y murmuró "Oh, Dios. Paremos esto" y sin embargo, continuó obedeciendo cada palabra del "experimentador" hasta el final.

     Los resultados fueron sorprendentes, pues el 65% de todos los "maestros" castigaron a los "alumnos" hasta los 450 voltios y ningún sujeto se negó a continuar antes de los 300 voltios, que era cuando el "alumno" dejaba de contestar a las preguntas.

     c) Somos animales tribales: Jerarquía y Rebeldía


     La humanización es más bien un proceso individualista, contrapuesto a nuestra tendencia a agruparnos con la consecuente sumisión a la autoridad, von nuestra tendencia a imitar, a mentir, a simular, como herencia de lo tribal. Lo que existe bueno socialmente, es la socialización de lo que es bueno individualmente. Desde luego que no se debe confundir la individualidad sana con su enfermedad, el egoísmo, pues esta enfermedad nace de una limitación de la imaginación, de la incapacidad de ponerse en el lugar del otro: el egoísmo que conquista para sí nada más, que compite feroz, es animal y la individualidad que comparte y se solidariza, es humanidad.

     En la fase inicial de la humanización se necesitó una unidad extrema en el colectivo en orden de su sobrevivencia, unidad cementada alrededor de un conjunto de creencias santificadas al rango de conocimiento. La tribu es un ente con verdadera fuerza física y social y la agrupación de tribus, la ciudad-estado, la nación, lo son aún más. Esa fuerza que brinda el colectivo extremadamente unido es la que le ha permitido a civilizaciones con pocos recursos técnicos erigir obras monumentales como las pirámides egipcias, las mayas y las aztecas.

     Este proceso de tribalización nos hizo prehumanos a costa de disminuir la fortaleza e independencia individual y de ese modo, para el individuo humano la selección dejó de ser natural para convertirse en una selección social. Los hechos genéticos que facilitaron la aparición de nuestra humanidad hablan por sí solos: el desplazamiento de la laringe hacia abajo permitió la emisión de sonidos, pero debilitó al individuo porque el hombre es el único animal que no puede respirar cuando traga; se disminuyó la diferencia de peso entre el hombre y la mujer, porque ya la conquista de la pareja no se basaba en la fuerza física, sino en razones sociales; la mujer dejó de mostrar los signos de celo, disminuyendo la eficacia procreativa del apareamiento, pero disminuyendo también los conflictos dentro de la tribu; el cerebro adquirió mayor tamaño y complejidad para afrontar la convivencia en tribus de aproximadamente 150 miembros en comparación con los cerebros de los monos que viven en comunidades de 50 a 80.

     El individuo humano prácticamente perece si vive solo, aislado de la comunidad física o de los objetos materiales que la representan, casas, armas, o privado de la información atesorada por la especie. Es decir, nuestra naturaleza es tribal, somos seres humanos porque primero formamos miembros de dicho conjunto, pero, a pesar de ello, no todo lo que representa el carácter gregario del hombre es bueno, sino que lo gregario forma como un polo de la animalidad, animalidad necesaria, pero a la que se opone nuestra esencia.

     Los sujetos del experimento eran personas normales, no eran sádicos, incluso se mostraban perturbados durante el desarrollo de la sesión de tortura, pero el remanente tribal del ser humano fue suficientes para que la mayoría obedeciera lo que en apariencias era sencillamente inhumano.

     Debe entenderse que la sumisión a la autoridad es una de las propiedades del ser humano como participante de un grupo, como lo es la imitación, la sugestión, la autosugestión, e incluso, la rebeldía. Así como el Jefe representa la Tribu, la animalidad, la sumisión al grupo, la estabilidad; el Rebelde representa la individualidad, el cambio o avance, y también, desde luego, el cisma, la desintegración del grupo. Si sólo existiera la obediencia al jefe, sin haber sumisión al grupo nunca habría motines ni revueltas.

     Tan importante es el 65% de los que obedecieron como el 35% de los que se negaron. El estudio que se llamó "Obediencia a la Autoridad" puede llamarse también "Rebeldía a la autoridad", o "Expresión de la Individualidad".

     En este esperimento el "Experimentador" es autoridad porque tiene uniforme, bata blanca en este caso, porque se está respondiendo a un anuncio de una Universidad, por el local, porque se vive en una sociedad, en un grupo que acepta esas autoridades.

     Para que haya jefe tiene que existir grupo y mentalidad de grupo. En los grupos sencillos el jefe es tal mientras el grupo lo reconozca como tal. Sólo cuando las sociedades alcanzan una complejidad dada el jefe puede mantenerse por la fuerza, pero sólo mientras que el grupo pretoriano que ejerce la fuerza contra los demás lo reconozca como jefe.

     Este experimento demuestra la docilidad extrema tribal que persiste en forma mayoritaria en los seres humanos, y que se manifiesta claramente en la historia, en los regímenes donde la fuerza cúspica, de integración es tal, que anula por completo las fuerzas desintegradoras, la individualidad, sean tribus primitivas, regímenes fascistas, comunistas, o muchedumbres en circos romanos.

     Las consecuencias del experimento de Milgram, que ha sido repetido por él y por otros investigadores en otros países con resultados similares, resalta la importancia de no perder nuestra individualidad, pérdida debida a nuestra enorme sensibilidad a la sugestión, a la obediencia, a la sumisión al grupo, pérdida que podemos sufrir en cualquier momento: cada vez que asistimos a una reunión, en un mitin callejero, en un régimen totalitario, en una revolución, en el ejército.

    Así somos como masa, como tribu; ésta es nuestra parte animal y lo que nos diferencia de ellos es tan sólo que creemos y lo que creemos tiene su origen en el individuo, en la imaginación, fuente de todas las creencias y de todos los conocimientos. Formemos parte del 35% que se niega a ser borregos.

    El hombre es un animal tribal. Y su diferencia con los otros animales que andan en manadas, es simplemente que los animales saben, y el hombre, cree.
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[1] Stanley Milgram. En New Haven, Connecticut. Universidad de Yale http://www.new-life.net/milgram.htm Mayo 2005 www.archive.org


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