ARNOLDO ÁGUILA
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    La evolución orgánica

    Y aquí debemos analizar el proceso de la evolución.

    Según la teoría más aceptada entre los científicos, la vida en nuestro planeta no existió siempre, sino que hace más de 2,300 millones de años apareció en una especie de caldo (ahora se habla de lodo) rico en combinaciones químicas asociadas con el carbono el primer ente vivo y de ahí todos los demás.[1] La vida se desarrolló por primera vez en el mar, desde organismos unicelulares hasta los más complejos, las plantas iniciales. Estas plantas proveyeron de oxígeno a nuestro planeta. Después surgieron los animales y posteriormente la vida conquistó la tierra y el aire.

    Según otros científicos, el origen de la vida es extraterrestre; es decir, viajó por esporas de microorgasnismos, o pudo venir de cometas o meteoritos. Elementos que apoyan esta teoría son, por ejemplo, la presencia de molibdeno en procesos vitales, siendo ese mineral muy escaso en nuestro planeta, y según Fred Hoyle, también la probabilidad de que se genere una proteína al azar en el tiempo de vida de la Tierra es muy pequeña.

    Según Darwin[2] los cambios ventajosos debidos al azar se hacían fijos por la selección natural que se producía en la lucha por la existencia con la supervivencia de los más aptos. El planteamiento absoluto de Darwin fue que
todos los cambios se hicieron fijos por la selección natural, que todos los cambios se obtuvieron mediante sucesivos cambios imperceptibles y que todos los cambios se produjeron al azar la primera vez.

    Dentro del clasicismo darwiniano Schwoerbel[3] dice: "¿Es posible que la evolución esté basada en tantos fenómenos accidentales? Entonces, la asombrosa adaptación de los pingüinos a su medio ambiente, la perfecta configuración del topo como auténtica 'excavadora viviente', o el arte del vuelo de las golondrinas, ¿se deben únicamente al azar? Por supuesto que no; hay que tener en cuenta que el azar no representa ni siquiera la mitad de la historia. Podemos estar seguros de que las mutaciones por sí solas producirían un tremendo caos de formas vivientes. Las mutaciones, los entrecruzamientos, las recombinaciones y la deriva genética se limitan a suministrar materiales -es decir, la materia prima- produciendo una serie de variaciones genéticas sin orden ni propósito, movidos por el azar. Pero ni una sola de las innumerables formas que los seres vivos construyen a partir de este material puede pasar a formar parte del proceso de evolución sin ser previamente controlada: la selección natural examina, prueba, filtra y rechaza. Incansablemente somete a todas las formas, antiguas y nuevas, a un continuo 'examen de aptitud', calificándolas según el baremo impuesto por el medio ambiente. A largo plazo, la selección natural no deja nada, absolutamente nada al azar. El azar se limita a presentar una amplia oferta; la selección natural se encarga de establecer las prioridades y de ordenar y organizar todo ese proceso que denominamos 'evolución'."

    El profesor Motoo Kimura dice que los cambios que no son ni ventajosos ni desfavorables pueden hacerse fijos por la herencia. Por otra parte, ¿por qué hay especies que no han evolucionado en absoluto como las abejas que se mantienen estables desde el Terciario, o la planta Gingko biloba con una hoja distinta a la de cualquier árbol moderno, o las bacterias que se mantienen idénticas desde hace mas de tres mil quinientos millones de años, casi desde el comienzo de la vida misma? Es más, ¿por qué de algunas especies no surgieron especies más complejas? ¿Por qué algunas especies que dieron lugar a especies superiores no desaparecieron? ¿Por qué si el mayor avance de los peces fue la adquisición de mandíbulas óseas continúan sin ellas las lampreas?

    Además, los cambios que se inician en un sentido a veces se exceden llevando a la especie a un callejón sin salida como en el caso de los cornamentos de los alces o la curvatura desmedida de la ostra
Gryphaea, curvatura que partió desde los diez grados hasta unos 540, límite que ya amenazaba su existencia, sin observarse ganancia alguna en el proceso. Es como si las fuerzas genéticas disparadas en una dirección de cambio fueran incapaces de detener el proceso. Obsérvese que este proceso no puede ser achacado ni a las fuerzas de conservación, ni a las fuerzas organizadoras.

    Lamarq, nombre que es casi una ofensa en los círculos científicos actuales, planteó que la función creaba el órgano y que la falta de uso establecía su atrofiamiento y de esta manera se enunciaba como el comportamiento podía hacerse fijo por la herencia. Era lo que se llamaba la herencia de las cualidades adquiridas y aunque no está probado un mecanismo que funcione de esta forma, se han realizado algunos experimentos que indican la posibilidad de tal tipo de herencia. Por ejemplo, en 1962 Alan Durrant, indujo cambios en la planta de lino cultivándola con distintos tipos de fertilizantes. Algunas plantas se hicieron más grandes y de mayor peso, y otras, mas pequeñas. Lo sorprendente es que esas tendencias se mantuvieron durante varias generaciones.

    El hecho de que la necesidad influya en la herencia explicaría muchas cosas inexplicables. Wolsky, en
El mecanismo de la Evolución, señala que los órganos fotosensibles parecen haber aparecido en los puntos del cuerpo en los que la luz caía con más fuerza. Y las callosidades del avestruz aparecieron donde la presión del cuerpo era mayor. Las leyes del azar debieran dar más errores que aciertos, pero como dice Gordon Rattray Taylor "Uno puede ver que, cuando un avestruz se tumba sobre un suelo áspero, o cuando el pie humano sufre una presión repetida al estar en contacto con el suelo, en las células de la piel se producen cambios que afectan al núcleo de la célula, y dan origen a una multiplicación de las células de la piel y a un endurecimiento de ella. Aunque podamos verlo, el mecanismo por el que se produce no lo conocemos. Como no conocemos tampoco, con algún detalle, por qué los músculos se desarrollan cuando se usan con frecuencia, o por qué las glándulas sudoríparas se hacen más numerosas cuando nos trasladamos a un clima cálido. Sin embargo, tiene que ser un mecanismo genético y, por tanto, no es intrínsecamente imposible que los cambios que ocurran en él puedan ser transferidos de las células del cuerpo (en este caso las de la piel) al plasma germinal."[4]

    Concordamos con el autor anterior cuando dice que es necesario considerar la posibilidad de que una fuerza o proceso directivo facilite el trabajo de la selección natural. La vida trabaja por definición con el principio de la finalidad. Pensar que las mutaciones al azar y producidas, por ejemplo, por radiaciones, que es una acción de las partículas elementales o radiaciones, son la única fuente de la evolución orgánica es contrario al hecho cierto de la existencia indudable en los seres vivos del principio de finalidad.

    Recuérdese que hasta los mismos átomos poseen una vida limitada producto de la radioactividad que le es intrínseca. Recuérdese que la tendencia expansionista de la estructura genética favorece la sucesiva complejización de las estructuras metabólicas y de información para la conquista de nuevos medios. Y recuérdese
que la Vida es una sola, compuesta por millares de especies, quizás un hiperorganismo donde las bacterias, virus, y demás, cooperen con las especies superiores cumpliendo con sus principios internos. A los que les pueda parecer remota está cooperación totalizadora de la vida les citaré lo siguiente de "El pensamiento no humano": "Todo el mundo conoce a la hormiga rojiza de los bosques, cuyas cúpulas de ramitas albergan a considerables poblaciones: a veces mas de un millón de habitantes bajo algunas de tales cúpulas y varios millones por hectárea. Un naturalista belga, el padre Raignier, estudió un gran número de tales nidos, y, con gran sorpresa, se percató de una extraordinaria anomalía. En efecto, en todos los casos conocidos, las hormigas de dos colonias distintas, aunque pertenezcan a la misma especie, se consideran como enemigas. Si enfrentamos a los habitantes de dos hormigueros de un mismo bosque éstos se atacan con furor. Sin embargo, el padre Raignier descubrió un día en un bosque a un conjunto de varias decenas de nidos cuyos habitantes vivían en perfecta armonía. Este conjunto de nidos confederados comprendía una decena de kilómetros de caminos y explotaba una treintena de hectáreas de bosque...Dichas confederaciones de superorganismos nos hacen soñar. Pues, con un poco de imaginación, podemos pensar que su rareza es el indicio de una evolución."

    Pero no tan sólo eso, la estructura genética propias de las hormigas, termes y abejas es capaz de generar fuerzas genéticas de alteración de individuos de acuerdo a las necesidades del momento. Si este tipo de estructura genética es capaz de recibir información y reaccionar de acuerdo con ella para fabricar otra reina, fabricar soldados u otros especialistas, hacer que grupos enteros de sus miembros retrocedan o aceleren su desarrollo biólogico para suplir las necesidades de la sociedad, ¿por qué otras estructuras no pueden reaccionar a situaciones presentes alterando las generaciones venideras, la herencia genética?[5] El punto de vista absoluto sobre el azar y la selección natural coloca a los seres vivos como objetos inermes, incapaces de actuar en una dirección dada, y en los cuales está ausente todo impulso interno. La vida es sinónimo de finalidad.

     Miguel García Casas en su "Teoría de la Vida Embarazada" llega aún más lejos, pues plantea que toda la vida en la Tierra es un organismo único "Un gran organismo existente en la Tierra, manifiesta un ciclo biológico de carácter reproductor. Tras un proceso de maduración, el organismo genera de forma simultánea estructuras biológicas, grandes estirpes, que pueden llegar a originar especies tecnológicas capaces de construir artefactos con los que llevar la vida a otros lugares. Fuera de la Tierra, la vida podría sobrevivir más allá de los momentos en que el Sol aniquile la vida terrestre en su larga agonía estelar. Los ciclos reproductores de este organismo impiden la estabilización del sistema; debido a ello, tras su fracaso, los grandes grupos que en otro tiempo dominaron la Tierra terminan desapareciendo de la faz de la Tierra y las esperanzas de reproducirse durante otro intento posterior siguen existiendo".[6]


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