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Y MIENTRAS TANTO, DE TU GUITARRA EL LLANTO
La llamada objetividad es la permutación imaginaria del punto de referencia del “yo” hacia una tercera posición para simular que estamos viendo al objeto observado y a nuestro “yo” al mismo tiempo, con el objetivo de eliminar impurezas aportadas por la subjetividad. Este viaje a la tercera posición no deja de ser un ejercicio violento de la imaginación muy engañoso, porque brinda la falsa seguridad de un juicio incontrovertible y exacto, cuando no es en el fondo mas que una argucia para encubrir el hecho de que siempre se es juez y parte en cualquier aseveración que hagamos.
En ese viaje también se pretende dejar atrás las emociones que ocultas tiñen las frases que siguen el orden de la censura social vigente buscando ser santificadas como verdaderas por el entorno mayoritario. Pero las emociones humanas constituyen el substrato básico de todo lo que se piensa, pues de entrada la emoción mística tiene que estar presente para al menos creer algo de lo que uno dice. Aparte de que, tal como lo demuestra el genoma humano, la diferencia que tenemos con los animales es ridículamente pequeña, y a juicio de la Filosofía Concreta que sostengo, se limita a la imaginación y a cuatro emociones típicamente humanas y que son: la mística, que es la fundamental; la narcisista, creer y amarse así mismo, fundamento del arte; la de poder o conquistadora, que busca los retos para vencerlos; y la de potencia, sustento de la risa, la sonrisa, el humor. Es imposible además desprenderse de las emociones animales, el miedo, la ira (miedo exteriorizado), y el amor, que mezclado con la mística da origen a, quizás la emoción mas importante para la supervivencia de la especie, la generalización del espíritu maternal


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